El Torneo La Fiesta 2026 acerca la tradición de la bola canaria en La Aldea de San Nicolás
La Aldea de San Nicolás acogió el pasado sábado una nueva edición del Torneo La Fiesta La Aldea, una competición de bola canaria organizada por el Club Deportivo Engalíate y patrocinada por la Concejalía de Cultura que dirige Víctor Juan Hernández, que este año contó con 16 tripletas.
En la fase de repesca, la victoria correspondió a la tripleta formada por Ciudad de Arucas, que se impuso en la final a Los Auténticos. En la clasificación general, el tercer puesto fue para las tripletas formadas por Óscar, Mokthar y Fidel y Pepe, Jesús y Vicente, mientras que la gran final enfrentó a Érica, Yerobe y Nico contra Jonás, Einza y Manolo, en un encuentro muy igualado que terminó con la victoria de la primera tripleta.
“Es una satisfacción comprobar cómo se siguen incorporando actividades deportivas que forman parte de nuestra cultura y de nuestras tradiciones, como es el caso de la bola canaria”, ha señalado el concejal de Deportes, Miguel Ulises Afonso, quien ha destacado “el ambiente vivido durante toda la jornada y la participación de las 16 tripletas, que demuestra que existe afición y ganas de mantener vivo este deporte tradicional”.
Por su parte, el concejal de Cultura, Víctor Juan Hernández, ha puesto en valor “la estrecha relación que existe entre deporte, cultura y tradición en nuestro municipio”, destacando que “apoyar iniciativas como este torneo supone contribuir a que la bola canaria continúe formando parte de nuestra identidad, al tiempo que generamos espacios de encuentro y convivencia entre vecinos y visitantes”.
Desde el Ayuntamiento de La Aldea de San Nicolás felicitamos a todas las personas participantes y, especialmente, a las tripletas vencedoras, y agradecemos al CD Engáliate su organización y su compromiso con la promoción de la bola canaria y con la dinamización de las actividades deportivas y culturales de nuestro municipio.

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Redacción NorteGranCanaria

Negros nubarrones se ciernen sobre La Niña III

Si el anterior incendio puso de manifiesto el deterioro continuado de la seguridad pública al permitir el Ayuntamiento que pernoctaran en el interior de la carabela La Niña III indigentes y drogadictos, este segundo incendio debería de abrir los ojos a los que aún quieren confiar en la capacidad municipal para conservar esta singular pieza histórica. Tropezar voluntariamente dos veces en la misma piedra, da sobrados motivos para maliciarse que lo que realmente desea el Ayuntamiento es que desaparezca La Niña III en algún olvidado vertedero y así eliminar el recuerdo y el homenaje debido a la memoria histórica del hecho singular en la historia de la humanidad que fue el Descubrimiento de América por España. El ala política ultrasiniestra quedará así muy complacida. No se trata de otro “accidente” ni mucho menos de algo puramente incidental e imprevisible. Ha habido reiteradas advertencias de mucha gente, entre ellos yo mismo en artículos e intervenciones en radio, sobre las consecuencias destructivas que para nuestro patrimonio implica la negligencia culpable de las autoridades municipales al permitir y tolerar que la carabela fuera usada como dormitorio de marginados. Anunciaron a bombo y platillo que habían encargado un estudio técnico sobre la viabilidad económica de la recuperación, pero transcurrido el plazo que ellos mismos se dieron, no hay noticias de las conclusiones. Precisamente por este detalle, me temo lo peor y se acrecientan mis sospechas de que tal vez haya personajes que no lamenten que la causa, el abandono, haya producido este efecto, el incendio. Soy consciente de que hablar de Cristóbal Colón, el Descubrimiento de América por España y de La Niña III diseñada por el capitán Carlos Etayo, en los entornos municipales y cabildicios no es algo que les guste en demasía. Por eso, cuando se conoció la decisión de encargar un estudio para su restauración tras el primer incendio (por cierto, ya desde antes tenía serios problemas de integridad física por falta de mantenimiento), expuse varias reservas: No acababa de entender el porqué se encargó a un “arquitecto naval” el estudio de viabilidad de la restauración. En realidad no se estaba hablando de reparar un barco para que volviera a navegar, cosa que por razones obvias no se planteaba, sino de restaurar un monumento dañado por el fuego y el abandono. Ese estudio podría realizarlo cualquier experto en restauración de elementos de madera expuestos a la intemperie, como por ejemplo los grandes balcones canarios que vemos en nuestra isla. Si se decidía restaurar la carabela, no era necesario que el trabajo lo ejecutaran carpinteros de ribera, ni tampoco utilizar maderas especiales y por ende muy caras, pues no se esperaba que La Niña III volviera a navegar, sino que fuera un monumento estático singular. Lo que hace especial y única a esa carabela es el hecho de que ese barco viajó a América en el año 1992 tras la estela de Colón al mando del capitán Etayo. Por todo esto, espero y deseo que se tome una rápida y razonada decisión sobre el futuro de esta joya de la arqueología naval y que el ya cercano 12 de Octubre, podamos alegrarnos de que la pieza museística siga entre nosotros con una nueva andadura adscrita al Museo Elder de las Ciencias, que pudiera habilitar una sala especial para la enseñanza de la navegación medieval, los instrumentos de navegación y la cartografía náutica, al igual que hay una sala dedicada a la navegación aérea… paradójicamente somos isleños, rodeados del grandioso Océano Atlántico, pero muchos prefieren mirar los riscos en lugar del diáfano horizonte.