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El BNR-NC logra una mayoría absoluta histórica en Gáldar con 19 concejales y la oportunidad de gobernar en Agaete

El Bloque Nacionalista Rural-Nueva Canarias (BNR-NC) ha logrado un resultado histórico en las elecciones municipales de este domingo 28 de mayo. El partido liderado por Teodoro Sosa Monzón ha mejorado su ya histórica mayoría absoluta y alcanza los 19 concejales de los 21 del Pleno municipal, lo que supera los 17 del actual mandato.

Además, Nueva Canarias, con Teodoro Sosa como número dos en el Cabildo de Gran Canaria, ha logrado la Presidencia del Cabildo de Gran Canaria con ocho consejeros. Y en la primera experiencia en Agaete el BNR ha logrado cuatro concejales del Pleno municipal con 1.245 votos (34,63%) por los seis concejales del PP y los tres del PSOE, lo que da al bloque liderado por Jesús González la posibilidad de sumar con el PSOE para lograr la Alcaldía.

Teodoro Sosa celebró en la noche de ayer los resultados junto a miles de simpatizantes en la sede del partido. “No hemos hecho 15 días de campaña, han sido 16 largos años de trabajo que han sido recompensados por el pueblo de Gáldar”, aseguró. “Jamás hubiera pensado llegar a esta cifra. Hace cuatro años me escucharon decir que disfrutáramos con la cifra de 17 concejales. Pero hoy, lejos de ir para atrás, hemos ido hacia adelante”, añadió el actual alcalde.

El BNR-NC recibió el apoyo del 78,84% por ciento del electorado y 11.245 votos, por los 10.292 de hace cuatro años. Mientras, el PSOE logró 996 votos (6,98%) y UxGC sumó 862 (6,04%). El candidato del BNR-NC tendió la mano a los concejales del PSOE y UxGC que completan el Pleno municipal. “Les felicito, saben que siempre hemos tendido la mano por el bien de Gáldar”, añadió.

De esta manera, el BNR-NC mantiene la tendencia ascendente desde su fundación. En las primeras elecciones, allá por 1999, el BNR logró tres concejales por los cinco del año 2003. En el año 2007, ya en coalición con Nueva Canarias, ascendió hasta los siete concejales y Teodoro Sosa se convirtió por primera vez en alcalde de Gáldar, condición que no ha dejado desde entonces gracias a los resultados obtenidos en las sucesivas elecciones.

Tras gobernar cuatro años en coalición, en el 2011 volvió a mejorar el número de concejales y llegó a nueve, convirtiéndose en el partido más votado en el municipio por primera vez. En el 2015 logró su primera mayoría absoluta con doce concejales, por los 17 del actual mandato, que concluirá el sábado 10 de junio con la toma de posesión de la nueva corporación municipal en el Teatro Consistorial.

Éxito en Agaete y el Cabildo

La noche electoral dejó otras dos grandes noticias para el BNR, que tras poco más de un mes desde su formación en Agaete ha logrado acabar con la mayoría absoluta del PP y tener la posibilidad de gobernar con el PSOE. El BNR sumó cuatro concejales del Pleno municipal con 1.245 votos (34,63%), quedando a solo 19 votos del quinto, que hubiera arrebatado al PP, que alcanzó seis concejales (42,16% y 1.516 votos) y tres el PSOE (21,47% y 772 votos).

“Hace un mes montamos el partido en Agaete y hemos logrado la posibilidad de cambiar el municipio”, celebró Teodoro Sosa. “Quiero que el BNR por primera vez en la historia tenga dos alcalces”, añadió en la sede del partido.

Por último, en el Cabildo de Gran Canaria Teodoro Sosa tendrá la oportunidad de mantenerse en el gobierno con Nueva Canarias en coalición con el PSOE toda vez que ambos partidos han logrado ocho consejeros cada uno, lo que les da la mayoría absoluta y con Antonio Morales de nuevo como presidente al sumar más votos que los socialistas.

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Redacción NorteGranCanaria

José Luis Guerra de Armas: una vida entera caminando al lado de su gente

El sacerdote natural de Arucas se despide este domingo de la parroquia de San Francisco de Asís, en Vegueta, después de 26 años como párroco y 62 años de sacerdocio. A sus 86 años cierra una etapa marcada por la cercanía, la palabra y el acompañamiento a varias generaciones de feligreses. Sesenta y dos años al servicio de una Iglesia que también aprendió a caminar con él Hay despedidas que no parecen despedidas. Quizá porque, después de tantos años, una persona deja de ocupar solamente un lugar y pasa a formar parte de la memoria, de las conversaciones y de la vida cotidiana de una comunidad. Este domingo, 4 de octubre, la parroquia de San Francisco de Asís, en Vegueta, se reúne alrededor de su altar para despedir a quien durante los últimos 26 años ha sido mucho más que su párroco. José Luis Guerra de Armas, natural de Arucas y a sus 86 años, pone punto y seguido a una larga etapa pastoral después de 62 años de sacerdocio en la Diócesis de Canarias. No es una despedida cualquiera. Coincide con la celebración de los 800 años de la muerte de san Francisco de Asís, una fecha especialmente significativa para una comunidad que ha tenido en José Luis una presencia constante durante más de un cuarto de siglo. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1964 por el obispo Antonio Pildain. Desde entonces, su vida ha estado estrechamente vinculada a la Iglesia grancanaria, donde ha desempeñado diferentes responsabilidades y ha ejercido también como periodista, después de licenciarse en Periodismo por la Universidad de Navarra. Pero probablemente ninguna de esas responsabilidades explica por sí sola el vínculo que ha construido con los feligreses de San Francisco de Asís. Porque a José Luis se le recordará, sobre todo, por su manera de estar. Por las conversaciones, por las homilías, por la palabra pronunciada en el momento oportuno, por la cercanía con la que ha acompañado a tantas personas en momentos felices y también en los más difíciles. Por esa capacidad de convertir la parroquia en un lugar donde uno sabía que podía entrar y sentirse acogido. Durante 26 años, generaciones de feligreses han visto en él al sacerdote que celebraba la Eucaristía, bautizaba a sus hijos, acompañaba a sus familias, despedía a sus seres queridos y compartía con ellos las alegrías y preocupaciones de la vida. Ahora es la comunidad la que quiere acompañarlo a él. José Luis se marcha de la parroquia, pero no parece dispuesto a jubilarse de la vida. Quienes lo conocen saben que el descanso absoluto no parece estar entre sus planes. Él mismo lo resume con una frase que tiene mucho de su personalidad: «Prefiero morir de infarto que de aburrimiento». Quizá también por eso recuerda con especial intensidad aquellos años de juventud que cambiaron su manera de mirar el mundo. París, 1968. Un joven sacerdote que se encuentra con una sociedad en transformación y que descubre nuevas preguntas, nuevas inquietudes y, sobre todo, una nueva manera de sentirse persona. Son sentimientos que ayudan a entender al hombre que hay detrás del sacerdote. Un hombre atento a su tiempo, inquieto, con curiosidad por el mundo y con una mirada que nunca ha querido quedarse al margen de lo que sucedía a su alrededor. Ahora, después de 62 años de sacerdocio, llega el momento de bajar un poco el ritmo. No necesariamente el de dejar de servir. José Luis ha expresado su deseo de continuar colaborando con la Iglesia grancanaria. Porque hay vocaciones que no terminan cuando cambia una responsabilidad. Simplemente encuentran otra manera de seguir estando. Este domingo, mientras la comunidad de San Francisco de Asís celebra a su santo y recuerda ocho siglos de su ausencia, habrá también espacio para agradecer la presencia de un sacerdote que durante 26 años hizo de aquella parroquia una parte esencial de su vida. Los feligreses quieren darle las gracias por su paciencia, por sus palabras, por cada Eucaristía y, sobre todo, por haber caminado junto a ellos durante tantos años. Quizá esa sea la mejor manera de resumir una trayectoria sacerdotal tan larga: no en los cargos desempeñados ni en los años contabilizados, sino en las personas que pueden decir que, en algún momento de sus vidas, José Luis Guerra estuvo allí. Y eso es algo que una despedida no puede borrar. Sesenta y dos años después de aquel 15 de agosto de 1964, el sacerdote de Arucas cierra una etapa. Se lleva consigo muchas historias y deja otras tantas en la memoria de quienes hoy le dicen adiós. La comunidad de San Francisco de Asís le despide con gratitud, pero también con una certeza: quien ha acompañado durante tantos años la vida de los demás nunca se marcha del todo. Que el camino que comienza ahora le regale tiempo, salud, nuevas conversaciones y, sobre todo, mucha «paz y bien».