La Aldea de San Nicolás celebra el XXXVIII Festival Folclórico “El Charco” como un encuentro entre tradición, memoria e intercambio cultural
La Aldea de San Nicolás celebró el pasado viernes el XXXVIII Festival Folclórico ‘El Charco’, una de las citas de las Fiestas de San Nicolás de Tolentino 2026 que volvió a reunir a vecinos y vecinas en la Plaza del Proyecto de Desarrollo Comunitario en torno a la música, el baile, el folclore y las tradiciones.
El festival, organizado entre el Área de Patrimonio Histórico y la Fundación Canaria Proyecto Comunitario de La Aldea, ofreció una noche dedicada a la conservación y difusión de las expresiones culturales tradicionales, poniendo de manifiesto el compromiso del municipio con la protección de un patrimonio inmaterial que forma parte de su identidad.
Esta edición tuvo además un carácter especialmente significativo con la participación de la Asociación Cultural e Deportiva Xiada, procedente de A Pobra do Caramiñal (Galicia). La agrupación gallega visitó nuevamente La Aldea de San Nicolás para devolver la visita realizada por colectivos aldeanos durante este verano a tierras gallegas, reforzando así los vínculos culturales establecidos entre ambos territorios a través de la música y las tradiciones populares.
Junto a la agrupación gallega, el público pudo disfrutar de las actuaciones de Los Sancochos y la Parranda La Aldea, que llenaron el escenario de música, baile y folclore, contribuyendo a crear una velada en la que las tradiciones canarias compartieron protagonismo con otras manifestaciones de la cultura popular.
El encuentro contó también con Antonio Betancor como presentador, una persona estrechamente vinculada a la historia y al proyecto cultural de La Aldea de San Nicolás, quien se encargó de conducir la velada.
“Celebrar 38 ediciones del Festival Folclórico ‘El Charco’ demuestra que nuestras tradiciones siguen teniendo un espacio fundamental en la vida cultural de La Aldea”, ha señalado la concejala de Patrimonio Histórico, Ingrid Navarro, quien ha destacado que “el folclore es memoria, identidad y transmisión y encuentros como este nos permiten que esos conocimientos y expresiones culturales continúen pasando de una generación a otra”.
La edil ha puesto también en valor la participación de la Asociación Cultural e Deportiva Xiada, subrayando que “el intercambio cultural nos permite compartir nuestras tradiciones y, al mismo tiempo, conocer otras formas de entender y vivir el folclore, creando vínculos que van mucho más allá de una actuación” y ha agradecido “el compromiso de Los Sancochos, la Parranda La Aldea, la Fundación Canaria Proyecto Comunitario, Antonio Betancor y todas las personas que han trabajado para hacer posible una nueva edición de este festival”.
Desde el Ayuntamiento de La Aldea de San Nicolás trasladamos igualmente nuestro agradecimiento a todas las agrupaciones participantes, artistas, organización, colaboradores y público asistente, cuyo respaldo contribuye a mantener vivo un festival que forma parte de la historia cultural y festiva de nuestro municipio.

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Redacción NorteGranCanaria

IA sí o IA no

“Porqué no se le pueden poner puertas al campo” Durante semanas, el debate sobre la “inteligencia artificial” ha vuelto a encender tertulias, columnas y sobremesas. Hay quien la ve como una amenaza existencial, un monstruo digital capaz de devorar empleos, identidades y hasta la propia condición humana. Otros, en cambio, la consideran un avance inevitable, una herramienta poderosa que, bien usada, puede multiplicar nuestras capacidades. Yo, que he pasado media vida en la mar y la otra media escribiendo sobre ella, no puedo evitar recordar que este debate no es nuevo. Cambian los nombres, cambian los artefactos, pero el miedo al progreso es siempre el mismo. Recuerden que en 1633 casi mandan a la hoguera al astrónomo   Galileo Galilei, por afirmar que la Tierra giraba alrededor del Sol. Y el pobre hombre, para salvar de morir chamuscado tuvo que retractarse de su teoría heliocéntrica ante el Tribunal de la Santa Inquisición, aunque diciendo…. “Y sin embargo se mueve”, y como en aquel tiempo “los sabios de la iglesia” se parecían mucho a los actuales alumnos de la LOGSE socialista, no supieron interpretar sus palabras y gracias a ello, le perdonaron la vida.    “Cuando la mar también temió a la tecnología” Quienes hoy se escandalizan con las IA se parecen mucho a aquellos que, en mis primeros años de navegación, protestaban por la llegada de la “navegación por satélite”. Decían que se perdería el romanticismo, y que los oficiales se volverían torpes; que la mar castigaría a quienes confiaran en “máquinas que no sienten el viento”. Y, sin embargo, el tiempo puso cada cosa en su sitio. La navegación satelital no solo no destruyó la profesión, sino que “la hizo más segura, más precisa y más humana”, porque liberó al marino de tareas repetitivas y le permitió concentrarse en lo esencial; esto es, gobernar el barco y cuidar de su gente. Lo mismo ocurrió con las “calculadoras astronómicas”, con “las curvas de las llamadas, tablas americanas de estabilidad portátiles”, o con los primeros “ordenadores de a bordo”. Cada avance fue recibido con recelo, y cada avance terminó siendo imprescindible. Hoy, dudo que exista un solo barco en el mundo sin GPS, y también dudo que, muchos oficiales sepan usar un sextante como lo hacíamos nosotros. Pero eso no es decadencia: “es evolución”. “La IA como nueva herramienta de navegación humana” La inteligencia artificial es, en esencia, “una herramienta”. No es un oráculo, no es un demonio, no es un sustituto de la inteligencia humana. Es un instrumento que amplifica nuestras capacidades, igual que lo hizo el radar, el GPS o las cartas electrónicas facilita el trabajo. Acelera cálculos complejos. Democratiza el acceso al conocimiento y además permiten que un ciudadano normal, un estudiante o un profesional tenga a mano un asistente capaz de sintetizar información, explicar conceptos y ayudar a pensar. La IA no piensa por nosotros, solo “nos obliga a pensar mejor”.    “La ciencia sin conciencia: el riesgo real” Ahora bien, sería irresponsable ignorar los riesgos. La historia nos recuerda que, “la ciencia sin conciencia es la ruina del espíritu”, como decía Rabelais. El uranio, por ejemplo, prometía energía limpia y terminó también en Hiroshima. La química prometía fertilidad y terminó en gases de guerra. La informática prometía libertad y terminó en vigilancia masiva. La IA no es diferente. Puede ser usada para manipular, para desinformar, para automatizar injusticias, para amplificar desigualdades. Pero ese riesgo “no es argumento para frenar el progreso”, sino para gobernarlo con ética, regulación y responsabilidad. La solución nunca ha sido prohibir la herramienta, “sino educar al artesano” (pensamiento mesiánico)   “No se le pueden poner puertas al campo” La inteligencia artificial ha llegado, y no se va a marchar. Podemos discutir cómo regularla, cómo integrarla, cómo evitar abusos. Pero pretender detenerla es tan absurdo como prohibir el GPS en los barcos o volver a las tablas logarítmicas por decreto. La humanidad siempre ha avanzado cuando ha abrazado el conocimiento, no cuando lo ha temido. Y si algo he aprendido en la mar es que “el progreso es como la marea”, puedes ignorarlo, puedes protestar, puedes incluso intentar frenarlo… pero al final, ni se para ni espera, y sube y baja igual.   “El horizonte verdadero” Porque al final —y esto lo sabe cualquiera que haya hecho guardias largas en el puente de un barco, “el horizonte nunca es el que parece”. El aparente es solo una línea engañosa, dibujada por la luz y la distancia. El verdadero está más allá; donde la mar se junta con la voluntad, donde el futuro se abre como una derrota limpia y donde cada avance, por polémico que sea, termina siendo parte de la travesía humana. La inteligencia artificial es exactamente eso; “un horizonte verdadero”. No el que algunos ven con miedo, ni el que otros deforman con alarmismos, sino el que se revela cuando uno se atreve a mirar más lejos, más hondo y con menos prejuicios. Quien navega sabe que el barco que teme avanzar se queda a merced del oleaje. Quien se atreve, en cambio, descubre que el mar siempre recompensa al que confía en su rumbo. Por eso defiendo la IA a capa y espada, porque es viento nuevo en las velas, porque es carta actualizada en un mundo que cambia, porque es faro en noches de incertidumbre, y porque negar su avance sería renunciar al horizonte verdadero que nos corresponde como especie. La mar enseña que “solo avanza quien se atreve”. La historia confirma que “solo progresa quien no teme aprender”, y la IA, como toda marea que llega para quedarse, nos invita a seguir navegando hacia adelante, sin miedo, sin supersticiones y con la serenidad de quien sabe que el futuro no se detiene… “Se conquista”. La IA no es un enemigo; por el contrario, es un nuevo instrumento de navegación para la vida moderna. Si la usamos con conciencia, será una aliada formidable. Si la usamos sin ética, será un peligro. Pero renunciar a ella sería como navegar de noche