La Atalaya abre sus puertas al barro, la memoria y la pintura en la XXXIII Traída del Barro
El Centro Locero de La Atalaya, en el barrio satauteño de Santa Brígida, volverá a convertirse este lunes 6 de julio en un punto de encuentro para la tradición, el arte y la memoria colectiva con motivo de la XXXIII Traída del Barro, una cita que reivindica uno de los oficios más antiguos y simbólicos de Gran Canaria: la locería.
La jornada reunirá varias actividades que entrelazan el gesto artesanal, el homenaje a quienes mantuvieron vivo el oficio y la mirada artística contemporánea. A las 17:00 horas, el Centro Locero acogerá la apertura del taller “Juega con barro”, dirigido por Domingo Díaz Barrios, “El Taranta”, una propuesta pensada para acercar la materia prima al público desde la experiencia directa, desde las manos, el tacto y la curiosidad.
Una hora más tarde, a las 18:00 horas, se celebrará un homenaje floral a los loceros en la Casa Alfar de Panchito, un gesto sencillo pero cargado de sentido. Porque hablar de La Atalaya es hablar de barro, de hornos, de manos curtidas y de una memoria que no se conserva en vitrinas, sino en el pulso de quienes siguen nombrando y defendiendo este legado.
El acto central llegará a las 19:00 horas con la inauguración de una muestra de cerámica a cargo de ALUD y una exposición pictórica del artista Felipe Juan. Será una exposición íntima, de pequeño formato, pero nacida desde un lugar muy concreto: el afecto. Una muestra “pequeña, pero con mucho amor”, como bien resume su propio espíritu.
La propuesta pictórica de Felipe Juan dialoga con el universo de la locería desde una mirada sensible y luminosa. En el cartel anunciador se aprecian referencias al paisaje, al fuego, al sol, a la música y a las formas del barro, elementos que remiten no solo a una técnica artesanal, sino también a una manera de estar en el mundo. El barro aparece aquí como materia de creación, pero también como raíz, como territorio y como memoria.
La presencia de la Parranda de San Antonio pondrá música a una jornada que concluirá con un enyesque, en ese ambiente cercano que caracteriza a las celebraciones populares cuando todavía conservan su esencia: compartir, conversar y reconocerse en lo común.
Esta participación surge, además, tras la reciente presentación del libro con Coca de Armas, dentro de un proyecto dedicado a Santa Brígida, encuentro que propició la invitación de Chago y el acercamiento a las instalaciones del Centro Locero. Un agradecimiento especial se dirige también a Esteban Rodríguez García, por su mediación, y a Gustavo y Domingo, por la acogida brindada en aquella primera visita.
La XXXIII Traída del Barro no es solo una programación cultural. Es una declaración de continuidad. Es el recordatorio de que el barro de La Atalaya no pertenece únicamente al pasado, sino que sigue vivo cada vez que alguien lo toca, lo moldea, lo pinta, lo canta o lo comparte.
