Los árboles y plantas liberan compuestos naturales que, junto a otros factores del entorno, pueden influir en la relajación y en la actividad de las defensas del organismo.
Las moléculas que liberan los árboles y su relación con el bienestar y el sistema inmune
Hay algo que muchas personas notan cuando caminan por un pinar: respiran mejor, se relajan y salen con una sensación de calma difícil de explicar.
No es solo una impresión. Parte de ese efecto tiene que ver con unas sustancias naturales que liberan los árboles, conocidas como fitoncidas.
¿Qué son las fitoncidas?
Las fitoncidas son compuestos que emiten los árboles, especialmente en bosques como los pinares. Su función principal es protegerse frente a bacterias, insectos o enfermedades.
Es decir, los árboles no las liberan para nosotros, pero nosotros también las respiramos cuando caminamos por estos entornos.
¿Qué ocurre en nuestro organismo?
Cuando pasamos tiempo en el bosque, no solo estamos respirando aire más limpio. También estamos en contacto con estas moléculas.
Algunos estudios han observado que este tipo de exposición puede influir en nuestro sistema inmune, en concreto en la actividad de las llamadas células NK (Natural Killer).
Estas células forman parte de nuestras defensas y ayudan al organismo a detectar y eliminar células dañadas o potencialmente peligrosas.
El contacto con entornos naturales, junto con otros factores como la reducción del estrés, parece favorecer su actividad.
No es un efecto inmediato ni una solución por sí sola, pero sí una pieza más dentro de un conjunto que contribuye al bienestar general.
Más allá de las moléculas.
Sería un error pensar que todo depende de las fitoncidas.
El bienestar que sentimos en la montaña es una suma de factores: el silencio, el ritmo al caminar, la desconexión de pantallas, el aire limpio, el paisaje.
Las fitoncidas forman parte de ese conjunto, pero no lo explican todo.
Caminar en el pinar, una forma sencilla de cuidarse.
En lugares como la cumbre de Gran Canaria, donde el pino canario es protagonista, este tipo de experiencia es fácil de encontrar.
Caminar sin prisa entre árboles, respirar profundo y dedicar un rato a estar en ese entorno puede convertirse en una forma muy simple de bajar el ritmo y sentirse mejor.
Sin necesidad de grandes explicaciones.
Porque a veces, lo que el cuerpo necesita no es más información, sino más contacto con lo natural.
