El balonmano canario honra la memoria de Pascual Vicente Morales en una jornada cargada de emoción, respeto y deportividad
I Torneo Memorial Pascual Vicente Morales
I Torneo Memorial Pascual Vicente Morales

El Pabellón vivió una jornada de esas que van mucho más allá del resultado. El I Torneo Memorial Pascual Vicente Morales, organizado por el Club Deportivo Asigna GABAFE Gáldar Balonmano, reunió a equipos de Gran Canaria, Tenerife y Fuerteventura en torno a una misma idea: recordar, convivir y demostrar que el balonmano sigue siendo, por encima de todo, un deporte de valores.

La cita contó con la participación del Club Deportivo Ciudad de Puerto, Club Balonmano Tacoronte, Club Balonmano La Perdoma, Club Balonmano Moya Tilover y el Club Deportivo Asigna GABAFE Gáldar Balonmano Femenino. Todos ellos contribuyeron a dar forma a una jornada marcada por el respeto entre clubes, la sana competición y el ambiente familiar que caracteriza al balonmano base y territorial en Canarias.

También merece una mención especial el colectivo arbitral, cuya labor fue clave para que los encuentros se desarrollaran con normalidad, seguridad y rigor. Su presencia, cercana y profesional, ayudó a que el torneo mantuviera en todo momento el espíritu deportivo que se pretendía transmitir.

Un homenaje con nombre propio

Uno de los momentos más emotivos del Memorial llegó durante el acto central de homenaje a Pascual Vicente Morales. En él estuvo presente D. Ancor Bolaños Delgado, concejal del Ayuntamiento de Gáldar, quien acompañó al club en la entrega de la placa conmemorativa a los hijos, nietos, compañeros de equipo y amigos de Pascual.

Sus palabras aportaron solemnidad y cercanía a un acto que no solo miraba al pasado con gratitud, sino también al presente de un club que sigue construyendo comunidad a través del deporte. La presencia de la Concejalía de Deportes del Ayuntamiento de Gáldar fue igualmente fundamental para el desarrollo de un Memorial que nace con vocación de continuidad y con una fuerte carga sentimental.

La grada también jugó su partido. Familias, amistades, colaboradores y aficionados llenaron el pabellón de apoyo, ánimo y emoción. Porque un torneo de estas características no se sostiene únicamente con partidos: se levanta con el trabajo silencioso de muchas personas que aportan tiempo, compromiso y cariño para que todo salga adelante.

El susto de la jornada y una lección de deportividad

La única nota amarga llegó en el último encuentro, con el accidente fortuito sufrido por la jugadora Eva Dolores Jiménez García. El susto fue importante, pero desde el club se transmite tranquilidad: Eva fue atendida de inmediato y la lesión no reviste la gravedad que inicialmente se temía. Quienes la conocen saben que volverá pronto a la pista, con esa fuerza competitiva que la define.

En medio de ese momento complicado, el Club Balonmano Moya Tilover protagonizó uno de los gestos más bonitos del torneo al ceder la copa de primer clasificado a Eva. Un detalle que habla muy bien del club, de sus valores y de la calidad humana de quienes forman parte de él. Fue, sin duda, una acción que honró la memoria de Pascual Vicente Morales y dio verdadero sentido al Memorial.

Un torneo que deja huella

El Club Deportivo Asigna GABAFE Gáldar Balonmano quiere expresar su agradecimiento a todas las personas que hicieron posible esta primera edición: jugadoras, cuerpo técnico, directiva, familias, clubes participantes, árbitros, instituciones y público asistente.

El I Torneo Memorial Pascual Vicente Morales fue una muestra clara de unión entre clubes canarios, de convivencia deportiva y de amor por el balonmano. Una jornada donde el marcador quedó en segundo plano y donde lo realmente importante fue mantener vivo el recuerdo de una persona ligada al deporte, al club y a su gente.

Porque hay nombres que no se borran con el paso del tiempo. Hay historias que siguen presentes en cada pase, en cada parada, en cada gol y en cada abrazo dentro de una pista.

Siempre con nosotros, Pascual.

El balonmano se juega con el corazón.

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Redacción NorteGranCanaria

IA sí o IA no

“Porqué no se le pueden poner puertas al campo” Durante semanas, el debate sobre la “inteligencia artificial” ha vuelto a encender tertulias, columnas y sobremesas. Hay quien la ve como una amenaza existencial, un monstruo digital capaz de devorar empleos, identidades y hasta la propia condición humana. Otros, en cambio, la consideran un avance inevitable, una herramienta poderosa que, bien usada, puede multiplicar nuestras capacidades. Yo, que he pasado media vida en la mar y la otra media escribiendo sobre ella, no puedo evitar recordar que este debate no es nuevo. Cambian los nombres, cambian los artefactos, pero el miedo al progreso es siempre el mismo. Recuerden que en 1633 casi mandan a la hoguera al astrónomo   Galileo Galilei, por afirmar que la Tierra giraba alrededor del Sol. Y el pobre hombre, para salvar de morir chamuscado tuvo que retractarse de su teoría heliocéntrica ante el Tribunal de la Santa Inquisición, aunque diciendo…. “Y sin embargo se mueve”, y como en aquel tiempo “los sabios de la iglesia” se parecían mucho a los actuales alumnos de la LOGSE socialista, no supieron interpretar sus palabras y gracias a ello, le perdonaron la vida.    “Cuando la mar también temió a la tecnología” Quienes hoy se escandalizan con las IA se parecen mucho a aquellos que, en mis primeros años de navegación, protestaban por la llegada de la “navegación por satélite”. Decían que se perdería el romanticismo, y que los oficiales se volverían torpes; que la mar castigaría a quienes confiaran en “máquinas que no sienten el viento”. Y, sin embargo, el tiempo puso cada cosa en su sitio. La navegación satelital no solo no destruyó la profesión, sino que “la hizo más segura, más precisa y más humana”, porque liberó al marino de tareas repetitivas y le permitió concentrarse en lo esencial; esto es, gobernar el barco y cuidar de su gente. Lo mismo ocurrió con las “calculadoras astronómicas”, con “las curvas de las llamadas, tablas americanas de estabilidad portátiles”, o con los primeros “ordenadores de a bordo”. Cada avance fue recibido con recelo, y cada avance terminó siendo imprescindible. Hoy, dudo que exista un solo barco en el mundo sin GPS, y también dudo que, muchos oficiales sepan usar un sextante como lo hacíamos nosotros. Pero eso no es decadencia: “es evolución”. “La IA como nueva herramienta de navegación humana” La inteligencia artificial es, en esencia, “una herramienta”. No es un oráculo, no es un demonio, no es un sustituto de la inteligencia humana. Es un instrumento que amplifica nuestras capacidades, igual que lo hizo el radar, el GPS o las cartas electrónicas facilita el trabajo. Acelera cálculos complejos. Democratiza el acceso al conocimiento y además permiten que un ciudadano normal, un estudiante o un profesional tenga a mano un asistente capaz de sintetizar información, explicar conceptos y ayudar a pensar. La IA no piensa por nosotros, solo “nos obliga a pensar mejor”.    “La ciencia sin conciencia: el riesgo real” Ahora bien, sería irresponsable ignorar los riesgos. La historia nos recuerda que, “la ciencia sin conciencia es la ruina del espíritu”, como decía Rabelais. El uranio, por ejemplo, prometía energía limpia y terminó también en Hiroshima. La química prometía fertilidad y terminó en gases de guerra. La informática prometía libertad y terminó en vigilancia masiva. La IA no es diferente. Puede ser usada para manipular, para desinformar, para automatizar injusticias, para amplificar desigualdades. Pero ese riesgo “no es argumento para frenar el progreso”, sino para gobernarlo con ética, regulación y responsabilidad. La solución nunca ha sido prohibir la herramienta, “sino educar al artesano” (pensamiento mesiánico)   “No se le pueden poner puertas al campo” La inteligencia artificial ha llegado, y no se va a marchar. Podemos discutir cómo regularla, cómo integrarla, cómo evitar abusos. Pero pretender detenerla es tan absurdo como prohibir el GPS en los barcos o volver a las tablas logarítmicas por decreto. La humanidad siempre ha avanzado cuando ha abrazado el conocimiento, no cuando lo ha temido. Y si algo he aprendido en la mar es que “el progreso es como la marea”, puedes ignorarlo, puedes protestar, puedes incluso intentar frenarlo… pero al final, ni se para ni espera, y sube y baja igual.   “El horizonte verdadero” Porque al final —y esto lo sabe cualquiera que haya hecho guardias largas en el puente de un barco, “el horizonte nunca es el que parece”. El aparente es solo una línea engañosa, dibujada por la luz y la distancia. El verdadero está más allá; donde la mar se junta con la voluntad, donde el futuro se abre como una derrota limpia y donde cada avance, por polémico que sea, termina siendo parte de la travesía humana. La inteligencia artificial es exactamente eso; “un horizonte verdadero”. No el que algunos ven con miedo, ni el que otros deforman con alarmismos, sino el que se revela cuando uno se atreve a mirar más lejos, más hondo y con menos prejuicios. Quien navega sabe que el barco que teme avanzar se queda a merced del oleaje. Quien se atreve, en cambio, descubre que el mar siempre recompensa al que confía en su rumbo. Por eso defiendo la IA a capa y espada, porque es viento nuevo en las velas, porque es carta actualizada en un mundo que cambia, porque es faro en noches de incertidumbre, y porque negar su avance sería renunciar al horizonte verdadero que nos corresponde como especie. La mar enseña que “solo avanza quien se atreve”. La historia confirma que “solo progresa quien no teme aprender”, y la IA, como toda marea que llega para quedarse, nos invita a seguir navegando hacia adelante, sin miedo, sin supersticiones y con la serenidad de quien sabe que el futuro no se detiene… “Se conquista”. La IA no es un enemigo; por el contrario, es un nuevo instrumento de navegación para la vida moderna. Si la usamos con conciencia, será una aliada formidable. Si la usamos sin ética, será un peligro. Pero renunciar a ella sería como navegar de noche