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El Encuentro ‘Vamos Pa’l Pino’ reúne el próximo sábado a 300 senderistas en Teror
Encuentro Senderistas
Encuentro Senderistas
El encuentro de Senderistas se consolida por tercer año consecutivo con una alta participación en las tres rutas programadas desde Gáldar, Moya y Valleseco, con meta en la Villa de Teror.
El 3º Encuentro de Senderismo “Vamos Pa’l Pino” reunirá el próximo sábado 6 de junio a 300 senderistas que recorrerán en tres rutas de diferente dificultad (desde Gáldar, Moya y VAlleseco) el camino hasta Teror. El evento volverá a convertir a la Villa Mariana en punto de encuentro de senderistas procedentes de distintos municipios e islas, consolidando una propuesta que une actividad física, convivencia, cultura, tradición y tecnología.
El alcalde de Teror, José Agustín Arencibia, junto a la la concejala de Turismo, Laura Quintana, presentaron el programa del evento en un acto que reunió a representantes a entidades colaboradoras vinculadas a un proyecto que sigue creciendo en torno a los caminos tradicionales hacia la Virgen del Pino. «Queremos que ‘Vamos Pa’l Pino’ se convierta  en un referente durante todo el año, no solo en las Fiestas del Pino, y que Teror sea punto de encuentro de senderistas con rutas desde los 21 municipios, incluso desde otras islas como es la novedosa Ruta de las Patronas que este año se pondrá en marcha», explicó el primer edil.
El encuentro cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Teror, Turismo de Gran Canaria, Aguas de Teror, SPAR Gran Canaria y la Federación Canaria de Montañismo, junto a otras entidades colaboradoras que hacen posible el desarrollo de una jornada segura, organizada y vinculada al territorio.
PLAZAS COMPLETAS Y CON SENDERISTAS DE OTRAS ISLAS
En esta tercera edición, “Vamos Pa’l Pino” ha completado sus plazas desde la apertura de las inscripciones, confirmando el interés creciente por un evento ya consolidado dentro del calendario senderista de Canarias. La participación refleja, además, el valor social y saludable de la iniciativa: la edad media de los/as inscritos se sitúa en 56 años y el 56,1% son mujeres, mostrando una participación diversa, equilibrada e inclusiva.
El encuentro fomenta la actividad física accesible, el contacto con el medio natural, la convivencia y la socialización, reforzando el vínculo entre deporte, naturaleza y comunidad. La presencia de participantes procedentes de varias islas confirma también su alcance interinsular y su capacidad para actuar como punto de encuentro del senderismo en Canarias.
ALTO NÚMERO DE SENDERISTAS FEDERADOS
Los senderistas recorrerán tres rutas con destino final en Teror: Las Troyanas, Fontanales y Pinos de Gáldar. La Federación Canaria de Montañismo tendrá un papel fundamental en el desarrollo del encuentro, garantizando la seguridad de las rutas mediante la aportación de guías especializados y valor técnico. Su labor resulta clave tanto en el acompañamiento de los grupos como en la elaboración de informes técnicos que permiten valorar el estado de conservación de los caminos elegidos y asegurar que las rutas se desarrollen con las máximas garantías.
Asimismo, destaca el alto número de participantes federados, con alrededor de 200 personas federadas sobre el total de 300 inscritos/as, lo que refuerza la importancia del marco federativo en la organización de actividades de senderismo seguras, responsables y bien planificadas.
UN PROYECTO VIVO LOS 365 DÍAS DEL AÑO
“Vamos Pa’l Pino” se consolida como un proyecto permanente de senderismo cultural, activo durante todo el año a través de su web y de la App oficial.
La aplicación incorpora en esta edición tres nuevas rutas, reforzando su papel como herramienta para descubrir los caminos hacia Teror de forma autónoma, segura y conectada con el patrimonio natural y cultural de Gran Canaria. A través de la App, los usuarios pueden seguir los recorridos, acceder a información de interés y disfrutar de contenidos vinculados a la historia, la tradición y los puntos destacados de cada camino.
Esta fusión entre patrimonio, tecnología y senderismo ha convertido a “Vamos Pa’l Pino” en una iniciativa singular dentro del turismo activo y cultural de la isla, manteniendo vivos los caminos históricos que durante generaciones han guiado a los peregrinos hacia Teror.
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Redacción NorteGranCanaria

José Luis Guerra de Armas: una vida entera caminando al lado de su gente

El sacerdote natural de Arucas se despide este domingo de la parroquia de San Francisco de Asís, en Vegueta, después de 26 años como párroco y 62 años de sacerdocio. A sus 86 años cierra una etapa marcada por la cercanía, la palabra y el acompañamiento a varias generaciones de feligreses. Sesenta y dos años al servicio de una Iglesia que también aprendió a caminar con él Hay despedidas que no parecen despedidas. Quizá porque, después de tantos años, una persona deja de ocupar solamente un lugar y pasa a formar parte de la memoria, de las conversaciones y de la vida cotidiana de una comunidad. Este domingo, 4 de octubre, la parroquia de San Francisco de Asís, en Vegueta, se reúne alrededor de su altar para despedir a quien durante los últimos 26 años ha sido mucho más que su párroco. José Luis Guerra de Armas, natural de Arucas y a sus 86 años, pone punto y seguido a una larga etapa pastoral después de 62 años de sacerdocio en la Diócesis de Canarias. No es una despedida cualquiera. Coincide con la celebración de los 800 años de la muerte de san Francisco de Asís, una fecha especialmente significativa para una comunidad que ha tenido en José Luis una presencia constante durante más de un cuarto de siglo. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1964 por el obispo Antonio Pildain. Desde entonces, su vida ha estado estrechamente vinculada a la Iglesia grancanaria, donde ha desempeñado diferentes responsabilidades y ha ejercido también como periodista, después de licenciarse en Periodismo por la Universidad de Navarra. Pero probablemente ninguna de esas responsabilidades explica por sí sola el vínculo que ha construido con los feligreses de San Francisco de Asís. Porque a José Luis se le recordará, sobre todo, por su manera de estar. Por las conversaciones, por las homilías, por la palabra pronunciada en el momento oportuno, por la cercanía con la que ha acompañado a tantas personas en momentos felices y también en los más difíciles. Por esa capacidad de convertir la parroquia en un lugar donde uno sabía que podía entrar y sentirse acogido. Durante 26 años, generaciones de feligreses han visto en él al sacerdote que celebraba la Eucaristía, bautizaba a sus hijos, acompañaba a sus familias, despedía a sus seres queridos y compartía con ellos las alegrías y preocupaciones de la vida. Ahora es la comunidad la que quiere acompañarlo a él. José Luis se marcha de la parroquia, pero no parece dispuesto a jubilarse de la vida. Quienes lo conocen saben que el descanso absoluto no parece estar entre sus planes. Él mismo lo resume con una frase que tiene mucho de su personalidad: «Prefiero morir de infarto que de aburrimiento». Quizá también por eso recuerda con especial intensidad aquellos años de juventud que cambiaron su manera de mirar el mundo. París, 1968. Un joven sacerdote que se encuentra con una sociedad en transformación y que descubre nuevas preguntas, nuevas inquietudes y, sobre todo, una nueva manera de sentirse persona. Son sentimientos que ayudan a entender al hombre que hay detrás del sacerdote. Un hombre atento a su tiempo, inquieto, con curiosidad por el mundo y con una mirada que nunca ha querido quedarse al margen de lo que sucedía a su alrededor. Ahora, después de 62 años de sacerdocio, llega el momento de bajar un poco el ritmo. No necesariamente el de dejar de servir. José Luis ha expresado su deseo de continuar colaborando con la Iglesia grancanaria. Porque hay vocaciones que no terminan cuando cambia una responsabilidad. Simplemente encuentran otra manera de seguir estando. Este domingo, mientras la comunidad de San Francisco de Asís celebra a su santo y recuerda ocho siglos de su ausencia, habrá también espacio para agradecer la presencia de un sacerdote que durante 26 años hizo de aquella parroquia una parte esencial de su vida. Los feligreses quieren darle las gracias por su paciencia, por sus palabras, por cada Eucaristía y, sobre todo, por haber caminado junto a ellos durante tantos años. Quizá esa sea la mejor manera de resumir una trayectoria sacerdotal tan larga: no en los cargos desempeñados ni en los años contabilizados, sino en las personas que pueden decir que, en algún momento de sus vidas, José Luis Guerra estuvo allí. Y eso es algo que una despedida no puede borrar. Sesenta y dos años después de aquel 15 de agosto de 1964, el sacerdote de Arucas cierra una etapa. Se lleva consigo muchas historias y deja otras tantas en la memoria de quienes hoy le dicen adiós. La comunidad de San Francisco de Asís le despide con gratitud, pero también con una certeza: quien ha acompañado durante tantos años la vida de los demás nunca se marcha del todo. Que el camino que comienza ahora le regale tiempo, salud, nuevas conversaciones y, sobre todo, mucha «paz y bien».