El Gáldar celebra el ascenso en su foto final de temporada
Una imagen para la historia tras una campaña inolvidable
Galdar Cf
Galdar Cf

Hay fotografías que guardan mucho más que una imagen. Guardan el esfuerzo de toda una temporada, los sacrificios, las alegrías, los momentos difíciles y, sobre todo, la recompensa a un sueño compartido. La fotografía de final de temporada del Gáldar será, sin duda, una de ellas.

Con ella ponemos el broche de oro a una campaña que ya forma parte de la historia del club. Una temporada en la que un grupo de jugadores, entrenadores y personas comprometidas con este proyecto ha demostrado que, con trabajo, humildad y compañerismo, los objetivos pueden hacerse realidad.

El ascenso no ha sido fruto de la casualidad. Ha sido el premio al esfuerzo diario, a la constancia en los entrenamientos, al compromiso de cada integrante del equipo y a la confianza de todos los que, de una u otra forma, han caminado a nuestro lado.

Por eso, este no es solo un momento para celebrar. Es, sobre todo, un momento para dar las gracias.

En primer lugar, a nuestros jugadores, auténticos protagonistas de esta gesta deportiva. Gracias por vuestra entrega, compromiso, compañerismo y por defender nuestros colores con orgullo en cada entrenamiento y en cada partido.

Nuestro reconocimiento al cuerpo técnico, formado por Pepe Valencia, Manolo Moreno y Lucas Ramos, cuyo trabajo, dedicación y capacidad de liderazgo han sido fundamentales para alcanzar este merecido ascenso.

Una mención muy especial merecen nuestros patrocinadores y empresas colaboradoras, cuyo apoyo y confianza han sido fundamentales para que el equipo pudiera competir y crecer en las mejores condiciones. Gracias a su compromiso con nuestro proyecto deportivo, hoy también pueden sentirse parte de este ascenso.

También queremos destacar el papel de nuestros aficionados y simpatizantes, por acompañarnos en cada jornada, por animar sin descanso y por creer siempre en este equipo. En los buenos momentos y también en los más complicados, vuestra presencia nos hizo más fuertes.

Nuestro cariño también para las familias, que han compartido los sacrificios de la temporada y han sido un apoyo constante e imprescindible para jugadores y cuerpo técnico.

Asimismo, queremos expresar nuestro agradecimiento al Excmo. Ayuntamiento de Gáldar y, de manera especial, al Concejal de Deportes, Ancor Bolaños Delgado, así como a todo el personal de la Concejalía de Actividad Física, Deporte y Salud, por su cercanía, disponibilidad y constante colaboración con nuestro club durante toda la temporada.

Mención especial al personal de mantenimiento de las instalaciones deportivas, por su cercanía, colaboración y disposición para resolver cada necesidad que ha surgido durante la temporada. Su trabajo, muchas veces silencioso, ha sido un apoyo imprescindible para el equipo

Por último queremos agradecer a los medios digitales locales que han seguido de cerca nuestra trayectoria durante toda la temporada, informando de nuestros encuentros y dando visibilidad a la actividad del club. Nuestro reconocimiento a InfonorteDigital, galdaraldia y NorteGranCanaria, por acompañarnos en este camino y contribuir a que nuestro deporte llegue cada semana a la afición.

Este ascenso pertenece a todos. A quienes saltaron al campo, a quienes dirigieron desde el banquillo, a quienes animaron desde la grada, a quienes colaboraron desde la sombra y a quienes creyeron en este proyecto desde el primer día.

Hoy celebramos un ascenso. Mañana volveremos al trabajo con la misma humildad, la misma ilusión y el mismo compromiso que nos han traído hasta aquí.

Porque los éxitos se disfrutan… pero también se recuerdan.

Y esta fotografía será, para siempre, el recuerdo de una temporada que el Gáldar y toda su afición nunca olvidarán.

Gracias de corazón a todos por formar parte de esta historia. Este ascenso también es de ustedes.

 

 

Suscribete a nuestro newsletter

Articulos
Redacción NorteGranCanaria

IA sí o IA no

“Porqué no se le pueden poner puertas al campo” Durante semanas, el debate sobre la “inteligencia artificial” ha vuelto a encender tertulias, columnas y sobremesas. Hay quien la ve como una amenaza existencial, un monstruo digital capaz de devorar empleos, identidades y hasta la propia condición humana. Otros, en cambio, la consideran un avance inevitable, una herramienta poderosa que, bien usada, puede multiplicar nuestras capacidades. Yo, que he pasado media vida en la mar y la otra media escribiendo sobre ella, no puedo evitar recordar que este debate no es nuevo. Cambian los nombres, cambian los artefactos, pero el miedo al progreso es siempre el mismo. Recuerden que en 1633 casi mandan a la hoguera al astrónomo   Galileo Galilei, por afirmar que la Tierra giraba alrededor del Sol. Y el pobre hombre, para salvar de morir chamuscado tuvo que retractarse de su teoría heliocéntrica ante el Tribunal de la Santa Inquisición, aunque diciendo…. “Y sin embargo se mueve”, y como en aquel tiempo “los sabios de la iglesia” se parecían mucho a los actuales alumnos de la LOGSE socialista, no supieron interpretar sus palabras y gracias a ello, le perdonaron la vida.    “Cuando la mar también temió a la tecnología” Quienes hoy se escandalizan con las IA se parecen mucho a aquellos que, en mis primeros años de navegación, protestaban por la llegada de la “navegación por satélite”. Decían que se perdería el romanticismo, y que los oficiales se volverían torpes; que la mar castigaría a quienes confiaran en “máquinas que no sienten el viento”. Y, sin embargo, el tiempo puso cada cosa en su sitio. La navegación satelital no solo no destruyó la profesión, sino que “la hizo más segura, más precisa y más humana”, porque liberó al marino de tareas repetitivas y le permitió concentrarse en lo esencial; esto es, gobernar el barco y cuidar de su gente. Lo mismo ocurrió con las “calculadoras astronómicas”, con “las curvas de las llamadas, tablas americanas de estabilidad portátiles”, o con los primeros “ordenadores de a bordo”. Cada avance fue recibido con recelo, y cada avance terminó siendo imprescindible. Hoy, dudo que exista un solo barco en el mundo sin GPS, y también dudo que, muchos oficiales sepan usar un sextante como lo hacíamos nosotros. Pero eso no es decadencia: “es evolución”. “La IA como nueva herramienta de navegación humana” La inteligencia artificial es, en esencia, “una herramienta”. No es un oráculo, no es un demonio, no es un sustituto de la inteligencia humana. Es un instrumento que amplifica nuestras capacidades, igual que lo hizo el radar, el GPS o las cartas electrónicas facilita el trabajo. Acelera cálculos complejos. Democratiza el acceso al conocimiento y además permiten que un ciudadano normal, un estudiante o un profesional tenga a mano un asistente capaz de sintetizar información, explicar conceptos y ayudar a pensar. La IA no piensa por nosotros, solo “nos obliga a pensar mejor”.    “La ciencia sin conciencia: el riesgo real” Ahora bien, sería irresponsable ignorar los riesgos. La historia nos recuerda que, “la ciencia sin conciencia es la ruina del espíritu”, como decía Rabelais. El uranio, por ejemplo, prometía energía limpia y terminó también en Hiroshima. La química prometía fertilidad y terminó en gases de guerra. La informática prometía libertad y terminó en vigilancia masiva. La IA no es diferente. Puede ser usada para manipular, para desinformar, para automatizar injusticias, para amplificar desigualdades. Pero ese riesgo “no es argumento para frenar el progreso”, sino para gobernarlo con ética, regulación y responsabilidad. La solución nunca ha sido prohibir la herramienta, “sino educar al artesano” (pensamiento mesiánico)   “No se le pueden poner puertas al campo” La inteligencia artificial ha llegado, y no se va a marchar. Podemos discutir cómo regularla, cómo integrarla, cómo evitar abusos. Pero pretender detenerla es tan absurdo como prohibir el GPS en los barcos o volver a las tablas logarítmicas por decreto. La humanidad siempre ha avanzado cuando ha abrazado el conocimiento, no cuando lo ha temido. Y si algo he aprendido en la mar es que “el progreso es como la marea”, puedes ignorarlo, puedes protestar, puedes incluso intentar frenarlo… pero al final, ni se para ni espera, y sube y baja igual.   “El horizonte verdadero” Porque al final —y esto lo sabe cualquiera que haya hecho guardias largas en el puente de un barco, “el horizonte nunca es el que parece”. El aparente es solo una línea engañosa, dibujada por la luz y la distancia. El verdadero está más allá; donde la mar se junta con la voluntad, donde el futuro se abre como una derrota limpia y donde cada avance, por polémico que sea, termina siendo parte de la travesía humana. La inteligencia artificial es exactamente eso; “un horizonte verdadero”. No el que algunos ven con miedo, ni el que otros deforman con alarmismos, sino el que se revela cuando uno se atreve a mirar más lejos, más hondo y con menos prejuicios. Quien navega sabe que el barco que teme avanzar se queda a merced del oleaje. Quien se atreve, en cambio, descubre que el mar siempre recompensa al que confía en su rumbo. Por eso defiendo la IA a capa y espada, porque es viento nuevo en las velas, porque es carta actualizada en un mundo que cambia, porque es faro en noches de incertidumbre, y porque negar su avance sería renunciar al horizonte verdadero que nos corresponde como especie. La mar enseña que “solo avanza quien se atreve”. La historia confirma que “solo progresa quien no teme aprender”, y la IA, como toda marea que llega para quedarse, nos invita a seguir navegando hacia adelante, sin miedo, sin supersticiones y con la serenidad de quien sabe que el futuro no se detiene… “Se conquista”. La IA no es un enemigo; por el contrario, es un nuevo instrumento de navegación para la vida moderna. Si la usamos con conciencia, será una aliada formidable. Si la usamos sin ética, será un peligro. Pero renunciar a ella sería como navegar de noche