Un polémico penalti repetido en el tramo final deja la eliminatoria abierta para la vuelta en el Venancio Monzón
Galdar Cf 08062026
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El Gáldar regresó del Campo Municipal de Vecindario con un empate (1-1) que sabe agridulce en la ida de la final por el ascenso a Primera Regional. Los galdenses fueron superiores durante gran parte del encuentro y tuvieron ocasiones suficientes para haber obtenido una ventaja mayor de cara al choque definitivo, aunque el empuje local y una polémica decisión arbitral terminaron equilibrando el marcador.

Desde el pitido inicial, el conjunto galdense mostró sus intenciones con un juego vertical, intenso y una presión alta que incomodó constantemente al CD Cerruda. Abdou fue uno de los grandes protagonistas de la primera mitad, avisando nada más comenzar con un potente disparo que se marchó rozando el poste.

El dominio visitante continuó y, mediado el primer tiempo, una magnífica combinación entre Abdou y Heraclio dejó al delantero mano a mano con Ian, pero el guardameta local respondió con una intervención de mucho mérito para evitar el tanto. Poco después, Memi estuvo a punto de inaugurar el marcador con un remate que se estrelló en el travesaño.

El Cerruda también tuvo su oportunidad antes del descanso. Abdelrahman probó fortuna con un disparo que se encontró con el poste en la que fue la ocasión más clara de los locales en el primer tiempo. Con el empate sin goles se llegó al intermedio.

Tras la reanudación, el encuentro mantuvo el mismo guión. El Gáldar siguió llevando la iniciativa y encontró el premio a su insistencia. Un balón en largo fue prolongado por Raúl García y aprovechado por Abdou, que ganó la acción a su defensor para plantarse ante Ian. El atacante resolvió la jugada con una serie de amagos y una definición exquisita al palo largo, firmando un auténtico golazo imposible para el guardameta local

Con el 0-1, los galdenses continuaron buscando el segundo tanto, aunque sin concretar sus llegadas. Con el paso de los minutos, el Cerruda, alentado por su afición, dio un paso al frente en busca del empate. Las aproximaciones locales fueron bien neutralizadas por una sólida defensa visitante y por las acertadas intervenciones de Manu bajo palos.

El momento más controvertido de la tarde llegó en el minuto 84. Vicente cometió penalti sobre Cristian y Abdelrahman asumió la responsabilidad desde los once metros. Manu realizó una gran parada, pero el colegiado, a instancias de su asistente, ordenó repetir el lanzamiento al considerar que el portero se había adelantado. Una decisión muy protestada por los visitantes, ya que las imágenes muestran a Manu con un pie sobre la línea en el momento del golpeo. En la repetición, Abdelrahman no perdonó y estableció el definitivo 1-1.

En los últimos minutos, el Cerruda trató de aprovechar la inercia del empate para culminar la remontada, pero se encontró con una defensa galdense muy sólida que apenas concedió ocasiones claras.

Pese al sabor amargo que dejó la forma en la que llegó el gol local, el resultado sigue siendo favorable para los intereses del Gáldar. No en vano, el conjunto galdense logró salir invicto de un campo en el que el CD Cerruda solo había sufrido una derrota durante toda la temporada.

La eliminatoria queda completamente abierta y el ascenso a Primera Regional se decidirá el próximo viernes 12 de junio en el Estadio Venancio Monzón. Allí, ante su afición, el Gáldar tendrá la oportunidad de culminar una gran temporada y convertir el sueño del ascenso en una realidad

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Redacción NorteGranCanaria

IA sí o IA no

“Porqué no se le pueden poner puertas al campo” Durante semanas, el debate sobre la “inteligencia artificial” ha vuelto a encender tertulias, columnas y sobremesas. Hay quien la ve como una amenaza existencial, un monstruo digital capaz de devorar empleos, identidades y hasta la propia condición humana. Otros, en cambio, la consideran un avance inevitable, una herramienta poderosa que, bien usada, puede multiplicar nuestras capacidades. Yo, que he pasado media vida en la mar y la otra media escribiendo sobre ella, no puedo evitar recordar que este debate no es nuevo. Cambian los nombres, cambian los artefactos, pero el miedo al progreso es siempre el mismo. Recuerden que en 1633 casi mandan a la hoguera al astrónomo   Galileo Galilei, por afirmar que la Tierra giraba alrededor del Sol. Y el pobre hombre, para salvar de morir chamuscado tuvo que retractarse de su teoría heliocéntrica ante el Tribunal de la Santa Inquisición, aunque diciendo…. “Y sin embargo se mueve”, y como en aquel tiempo “los sabios de la iglesia” se parecían mucho a los actuales alumnos de la LOGSE socialista, no supieron interpretar sus palabras y gracias a ello, le perdonaron la vida.    “Cuando la mar también temió a la tecnología” Quienes hoy se escandalizan con las IA se parecen mucho a aquellos que, en mis primeros años de navegación, protestaban por la llegada de la “navegación por satélite”. Decían que se perdería el romanticismo, y que los oficiales se volverían torpes; que la mar castigaría a quienes confiaran en “máquinas que no sienten el viento”. Y, sin embargo, el tiempo puso cada cosa en su sitio. La navegación satelital no solo no destruyó la profesión, sino que “la hizo más segura, más precisa y más humana”, porque liberó al marino de tareas repetitivas y le permitió concentrarse en lo esencial; esto es, gobernar el barco y cuidar de su gente. Lo mismo ocurrió con las “calculadoras astronómicas”, con “las curvas de las llamadas, tablas americanas de estabilidad portátiles”, o con los primeros “ordenadores de a bordo”. Cada avance fue recibido con recelo, y cada avance terminó siendo imprescindible. Hoy, dudo que exista un solo barco en el mundo sin GPS, y también dudo que, muchos oficiales sepan usar un sextante como lo hacíamos nosotros. Pero eso no es decadencia: “es evolución”. “La IA como nueva herramienta de navegación humana” La inteligencia artificial es, en esencia, “una herramienta”. No es un oráculo, no es un demonio, no es un sustituto de la inteligencia humana. Es un instrumento que amplifica nuestras capacidades, igual que lo hizo el radar, el GPS o las cartas electrónicas facilita el trabajo. Acelera cálculos complejos. Democratiza el acceso al conocimiento y además permiten que un ciudadano normal, un estudiante o un profesional tenga a mano un asistente capaz de sintetizar información, explicar conceptos y ayudar a pensar. La IA no piensa por nosotros, solo “nos obliga a pensar mejor”.    “La ciencia sin conciencia: el riesgo real” Ahora bien, sería irresponsable ignorar los riesgos. La historia nos recuerda que, “la ciencia sin conciencia es la ruina del espíritu”, como decía Rabelais. El uranio, por ejemplo, prometía energía limpia y terminó también en Hiroshima. La química prometía fertilidad y terminó en gases de guerra. La informática prometía libertad y terminó en vigilancia masiva. La IA no es diferente. Puede ser usada para manipular, para desinformar, para automatizar injusticias, para amplificar desigualdades. Pero ese riesgo “no es argumento para frenar el progreso”, sino para gobernarlo con ética, regulación y responsabilidad. La solución nunca ha sido prohibir la herramienta, “sino educar al artesano” (pensamiento mesiánico)   “No se le pueden poner puertas al campo” La inteligencia artificial ha llegado, y no se va a marchar. Podemos discutir cómo regularla, cómo integrarla, cómo evitar abusos. Pero pretender detenerla es tan absurdo como prohibir el GPS en los barcos o volver a las tablas logarítmicas por decreto. La humanidad siempre ha avanzado cuando ha abrazado el conocimiento, no cuando lo ha temido. Y si algo he aprendido en la mar es que “el progreso es como la marea”, puedes ignorarlo, puedes protestar, puedes incluso intentar frenarlo… pero al final, ni se para ni espera, y sube y baja igual.   “El horizonte verdadero” Porque al final —y esto lo sabe cualquiera que haya hecho guardias largas en el puente de un barco, “el horizonte nunca es el que parece”. El aparente es solo una línea engañosa, dibujada por la luz y la distancia. El verdadero está más allá; donde la mar se junta con la voluntad, donde el futuro se abre como una derrota limpia y donde cada avance, por polémico que sea, termina siendo parte de la travesía humana. La inteligencia artificial es exactamente eso; “un horizonte verdadero”. No el que algunos ven con miedo, ni el que otros deforman con alarmismos, sino el que se revela cuando uno se atreve a mirar más lejos, más hondo y con menos prejuicios. Quien navega sabe que el barco que teme avanzar se queda a merced del oleaje. Quien se atreve, en cambio, descubre que el mar siempre recompensa al que confía en su rumbo. Por eso defiendo la IA a capa y espada, porque es viento nuevo en las velas, porque es carta actualizada en un mundo que cambia, porque es faro en noches de incertidumbre, y porque negar su avance sería renunciar al horizonte verdadero que nos corresponde como especie. La mar enseña que “solo avanza quien se atreve”. La historia confirma que “solo progresa quien no teme aprender”, y la IA, como toda marea que llega para quedarse, nos invita a seguir navegando hacia adelante, sin miedo, sin supersticiones y con la serenidad de quien sabe que el futuro no se detiene… “Se conquista”. La IA no es un enemigo; por el contrario, es un nuevo instrumento de navegación para la vida moderna. Si la usamos con conciencia, será una aliada formidable. Si la usamos sin ética, será un peligro. Pero renunciar a ella sería como navegar de noche