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Valleseco clausura su temporada de senderismo con una travesía entre barrancos, nacientes y patrimonio del norte grancanario
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El próximo sábado 20 de junio los senderos que unen Moya, la Presa del Calabozo y Santa María de Guía

El Ayuntamiento agradece la colaboración del Club Engáliate en una temporada marcada por el descubrimiento del patrimonio natural y cultural de Gran Canaria

La Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Valleseco, dirigida por la concejala Elsa Montero Sánchez, pondrá el broche final a la temporada de senderismo por Gran Canaria 2025-2026 con la organización de una nueva actividad que invita a descubrir algunos de los rincones más emblemáticos y sorprendentes del norte de la isla. La ruta, denominada “Moya – Presa del Calabozo – Guía”, se celebrará el próximo sábado 20 de junio y supondrá el cierre de un exitoso calendario de salidas por diferentes espacios naturales de Gran Canaria.

El recorrido comenzará en el casco histórico de Moya, donde los participantes tendrán la oportunidad de disfrutar del entorno de la plaza que rodea la iglesia parroquial, uno de los espacios más representativos del municipio. Desde allí, el grupo descenderá por la carretera en dirección a Cabo Verde hasta enlazar con un sendero que serpentea por la montaña y conduce al fondo del Barranco de Moya.

A lo largo del trayecto, los senderistas atravesarán un entorno de gran valor natural, caracterizado por la presencia de varios nacientes que vierten sus aguas sobre el camino, así como por la abundancia de brezos y pinares que acompañan buena parte del recorrido. Tras cruzar el cauce del barranco, la ruta afrontará un ascenso que permitirá alcanzar la zona de Casa Aguilar y continuar posteriormente hacia el Barranco del Calabozo.

El itinerario continuará cruzando este enclave por la parte baja de la presa para ascender posteriormente hasta los pagos de La Dehesa y San Juan. El recorrido permitirá además descubrir el entorno de la antigua ermita del patrón, actualmente abandonada, antes de afrontar el último tramo que conducirá a la ciudad de Santa María de Guía, donde los participantes compartirán un refrigerio para celebrar el final de la temporada y brindar por las nuevas aventuras que llegarán en la próxima edición del programa.

Según los datos técnicos del recorrido, la travesía cuenta con una distancia aproximada de 10 kilómetros, una duración estimada de 3 horas y 20 minutos, un desnivel positivo de 374 metros y un descenso acumulado de 638 metros. La ruta presenta un nivel bajo según el sistema MIDE, por lo que se recomienda acudir con equipamiento adecuado para la práctica del senderismo, agua suficiente y el material básico recomendado para actividades en el medio natural.

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Redacción NorteGranCanaria

José Luis Guerra de Armas: una vida entera caminando al lado de su gente

El sacerdote natural de Arucas se despide este domingo de la parroquia de San Francisco de Asís, en Vegueta, después de 26 años como párroco y 62 años de sacerdocio. A sus 86 años cierra una etapa marcada por la cercanía, la palabra y el acompañamiento a varias generaciones de feligreses. Sesenta y dos años al servicio de una Iglesia que también aprendió a caminar con él Hay despedidas que no parecen despedidas. Quizá porque, después de tantos años, una persona deja de ocupar solamente un lugar y pasa a formar parte de la memoria, de las conversaciones y de la vida cotidiana de una comunidad. Este domingo, 4 de octubre, la parroquia de San Francisco de Asís, en Vegueta, se reúne alrededor de su altar para despedir a quien durante los últimos 26 años ha sido mucho más que su párroco. José Luis Guerra de Armas, natural de Arucas y a sus 86 años, pone punto y seguido a una larga etapa pastoral después de 62 años de sacerdocio en la Diócesis de Canarias. No es una despedida cualquiera. Coincide con la celebración de los 800 años de la muerte de san Francisco de Asís, una fecha especialmente significativa para una comunidad que ha tenido en José Luis una presencia constante durante más de un cuarto de siglo. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1964 por el obispo Antonio Pildain. Desde entonces, su vida ha estado estrechamente vinculada a la Iglesia grancanaria, donde ha desempeñado diferentes responsabilidades y ha ejercido también como periodista, después de licenciarse en Periodismo por la Universidad de Navarra. Pero probablemente ninguna de esas responsabilidades explica por sí sola el vínculo que ha construido con los feligreses de San Francisco de Asís. Porque a José Luis se le recordará, sobre todo, por su manera de estar. Por las conversaciones, por las homilías, por la palabra pronunciada en el momento oportuno, por la cercanía con la que ha acompañado a tantas personas en momentos felices y también en los más difíciles. Por esa capacidad de convertir la parroquia en un lugar donde uno sabía que podía entrar y sentirse acogido. Durante 26 años, generaciones de feligreses han visto en él al sacerdote que celebraba la Eucaristía, bautizaba a sus hijos, acompañaba a sus familias, despedía a sus seres queridos y compartía con ellos las alegrías y preocupaciones de la vida. Ahora es la comunidad la que quiere acompañarlo a él. José Luis se marcha de la parroquia, pero no parece dispuesto a jubilarse de la vida. Quienes lo conocen saben que el descanso absoluto no parece estar entre sus planes. Él mismo lo resume con una frase que tiene mucho de su personalidad: «Prefiero morir de infarto que de aburrimiento». Quizá también por eso recuerda con especial intensidad aquellos años de juventud que cambiaron su manera de mirar el mundo. París, 1968. Un joven sacerdote que se encuentra con una sociedad en transformación y que descubre nuevas preguntas, nuevas inquietudes y, sobre todo, una nueva manera de sentirse persona. Son sentimientos que ayudan a entender al hombre que hay detrás del sacerdote. Un hombre atento a su tiempo, inquieto, con curiosidad por el mundo y con una mirada que nunca ha querido quedarse al margen de lo que sucedía a su alrededor. Ahora, después de 62 años de sacerdocio, llega el momento de bajar un poco el ritmo. No necesariamente el de dejar de servir. José Luis ha expresado su deseo de continuar colaborando con la Iglesia grancanaria. Porque hay vocaciones que no terminan cuando cambia una responsabilidad. Simplemente encuentran otra manera de seguir estando. Este domingo, mientras la comunidad de San Francisco de Asís celebra a su santo y recuerda ocho siglos de su ausencia, habrá también espacio para agradecer la presencia de un sacerdote que durante 26 años hizo de aquella parroquia una parte esencial de su vida. Los feligreses quieren darle las gracias por su paciencia, por sus palabras, por cada Eucaristía y, sobre todo, por haber caminado junto a ellos durante tantos años. Quizá esa sea la mejor manera de resumir una trayectoria sacerdotal tan larga: no en los cargos desempeñados ni en los años contabilizados, sino en las personas que pueden decir que, en algún momento de sus vidas, José Luis Guerra estuvo allí. Y eso es algo que una despedida no puede borrar. Sesenta y dos años después de aquel 15 de agosto de 1964, el sacerdote de Arucas cierra una etapa. Se lleva consigo muchas historias y deja otras tantas en la memoria de quienes hoy le dicen adiós. La comunidad de San Francisco de Asís le despide con gratitud, pero también con una certeza: quien ha acompañado durante tantos años la vida de los demás nunca se marcha del todo. Que el camino que comienza ahora le regale tiempo, salud, nuevas conversaciones y, sobre todo, mucha «paz y bien».