PRIMERO HABLEMOS EN CASA, LUEGO EN LA CALLE por Isaac Manuel Hernández Álvarez

ESCENARIOS CONTROLABLES EN POLÍTICA MUNICIPAL.

Si son muchas las organizaciones políticas que descuidan su comunicación política externa, todavía son más las que se olvidan por completo de lo importante que es comunicar internamente.

Son innumerables las ocasiones en que un miembro de un equipo o entidad política, ante la información de un periodista sobre un asunto del propio partido, reacciona con cara de asombro al no saber nada de lo que le están comentando: se ha enterado por la prensa del asunto antes que por sus propios compañeros o medios de comunicación internos.

¿Te suena esta situación de algo? Apuesto a que si.

El asesor político, los gabinetes y equipos de comunicación se han centrado mucho más en trabajar en como informar de la gestión municipal o de las actividades del partido político correspondiente, que de establecer procedimientos y una metodología de trabajo en cuanto a medios y canales de comunicación tanto tradicionales como tecnológicos.

Otras veces, nos encontramos otra de las problemáticas frecuentes en el día a día: varios integrantes de una formación política, al acudir a un programa de radio y hablar sobre un tema, dan versiones diferentes; cada una ha bebido de una fuente distinta.

¿Lo has escuchado alguna vez verdad? Seguro que también.

EL PELIGRO DEL CIBERMENSAJE POLÍTICO.

La tecnopolítica, haciendo uso de las herramientas tecnológicas, también ha dado grandes alegrías y disgustos a los políticos, sobretodo en campaña política.

Un mensaje escrito en un grupo de Telegram o WhatsApp se puede interpretar de una u otra manera, información «confidencial» —que de confidencial no tiene absolutamente nada—. Lo que sí es muy probable, como patrón que se repite a menudo, es que cuando falla la comunicación interna, la externa está haciendo aguas.

COMO TRABAJAR LA COMUNICACIÓN POLÍTICA INTERNA.

La comunicación interna puede trabajarse en tres direcciones:

  • Comunicación descendente, donde los mensajes fluyen en cascada desde la dirección o mandos políticos hacia los integrantes de este.
  • Comunicación ascendente, aquella donde son los propios integrantes del partido quienes informan a sus superiores proponiendo mejoras para el partido, llevando sugerencias desde lo que perciben del ciudadano.
  • Comunicación horizontal, donde emisor y receptor del mensaje están a la misma altura, participan por igual; los integrantes del canal están al mismo nivel jerárquico.

En estos tres escenarios, cualquier marca política tiene que tener dentro de su organización un manual de comunicación interna, compuesto por los procedimientos o protocolos de actuación a la hora de informar de cualquier tema concerniente o de interés para la agrupación política. Si somos capaces de redactar y trabajar un programa electoral ¿por qué no trabajamos también en un libro de instrucciones de como comunicar más eficientemente en política?

Uno de los frentes donde se evidencia más la inexistencia de una comunicación interna firme y ordenada es en las situaciones de gestión de crisis de un momento puntual de un partido político. Es en estos momentos cuando se nota la falta de metodología a la hora de aplicar un protocolo de actuación ante estas situaciones.

Personas de un partido publicando en sus portales de redes sociales lo que le han dicho de manera coloquial, contradicciones, incluso compañeros que se aventuran a comentar lo primero que se le ha venido a la cabeza y sin autorización o consenso por parte del resto de la organización.

QUÉ HACE UN POLÍTICO DIFERENTE, COMUNICAR MEJOR.

El partido político tiene que empaparse de una cultura orientada al cooperativismo informativo, sumado a la facilidad y acceso a la información. Informar desde dentro hacia afuera, tener al equipo de ventas y prescriptor del candidato informado y preparado al 100 % sobre los asuntos políticos correspondientes.

Si crees como político que el ciudadano de a pie no se da cuenta de los problemas de comunicación interna, lamento decirte que estás equivocado.

Comunicar es contar las cosas, ser prudente con lo que se comunica y ser participativo en todo aquello que se quiere transmitir a la ciudadanía. Primero hablamos en casa de nuestro argumento político, luego, cuando lo tengamos claro, ya podemos salir a contárselo a la gente.

Improvisar solo está al alcance de muy pocos, muy pocos.

Isaac Manuel Hernández Álvarez

Asesor Político

www.isaachernandez.es

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La Fiscalía Entre El Fuego Político Y La Ley
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La Fiscalía entre el fuego político y la ley “cuando el Estado deja de disimular”

La vergonzosa petición de absolución a “Begoña Gómez” por parte de la Fiscalía —rematada con el ya célebre, “sin delito no hay autor”, — ha desatado una tormenta que va mucho más allá del caso concreto. Esa frase, impecable en términos penales, se ha convertido en un símbolo de algo que preocupa a muchos ciudadanos; la sensación de que el Ministerio Fiscal ya no actúa como órgano del Estado, sino como mero “instrumento del poder político sanchista”. Porque una cosa es aplicar la Ley, y otra muy distinta es convertir a ésta en un parapeto político. Y cuando la Fiscalía parece escribir titulares para blindar al Gobierno, la sospecha deja de ser sospecha, por el contrario, se convierte en “alarma democrática”, y desde ya le digo a la “fiscal sanchista” que lo tienen crudo, pues en la lista tiene por de momento (hoy 11 de julio) a 126 imputados pertenecientes todos a “la casa de Ferraz”. ¿Se atreverá a actuar igual que lo está haciendo con Begoña Gómez, ejerciendo del mejor abogado defensor y encima pagado por todos los españoles? El otro titular lo confirma: “La Fiscalía acusa a Peinado de inventarse una confabulación para impedir la salida de España de Begoña Gómez.” ¿Inventarse? ¿Confabulación? ¿Desde cuándo la Fiscalía utiliza el lenguaje de un tertuliano para desacreditar a un juez instructor? ¿Desde cuándo el Ministerio Público abandona la sobriedad institucional para entrar en el terreno de la descalificación personal? Aquí es donde lo jurídico y lo político se cruzan peligrosamente y que parece a todas luces de que, a Pedro Sánchez, esto es algo que se la trae al pairo. “El marco legal; lo que la Constitución exige y lo que la práctica niega” El artículo 124 de la Constitución Española establece que el Ministerio Fiscal debe actuar conforme a los principios de “legalidad e imparcialidad”, promoviendo la acción de la justicia en defensa del interés público. Pero también establece que el “Fiscal general del Estado” será nombrado por el Gobierno. Y es precisamente en este artículo constitucional, donde Pedro Sánchez, ha encontrado “un filón de oro”, para explotar e imponer sus criterios, aunque a todas luces, esa dependencia jerárquica, unida a la estructura piramidal del Ministerio Fiscal, genere una tensión evidente entre la teoría constitucional y la práctica política. La frase “sin delito no hay autor” es jurídicamente correcta. Pero su utilización como mensaje político en un caso de enorme sensibilidad revela, una “alineación institucional”, que debería preocupar a cualquier demócrata. Más aún cuando la Fiscalía no se limita a exponer su posición jurídica, sino que acusa, nada menos que al juez instructor de “inventarse una confabulación”; un lenguaje impropio de un órgano que debe representar la neutralidad del Estado. “La Abogacía del Estado”, por su parte, debería defender los intereses del Estado, no los del Ejecutivo. Sin embargo, en los casos que afectan al Gobierno social comunista de Pedro Sánchez, su actuación parece cada vez más sincronizada con la del Ministerio Fiscal. (¿De quién depende la fiscalía?), y esa sincronización erosiona la separación entre Estado y Gobierno, una separación que es esencial para la salud democrática, pero que el mentado Pedro Sánchez, alumno aventajado de Zapatero y admirador del chavismo más puros y rancio, no quiere o no se ha enterado que, para una España europea y democrática, no cuela, ni con vaselina. “La deriva institucional: cuando el poder deja de disimular” Lo que inquieta no es solo este caso. “Es la trayectoria” en sí misma. Los nombres que se acumulan en la percepción pública —Pumpido, Tezanos, Lola, Ortíz, Peramato, etc, etc, — no son anécdotas aisladas, sino señales de una “degeneración institucional”, en toda regla, que tristemente avanza dio a día y sin pausa. La democracia no se rompe de golpe. Se desgasta. Se contamina. Se llena de gestos que, sumados, revelan una tendencia; la subordinación del Estado al Gobierno. Cuando la Fiscalía, como la actual, actúa como defensa jurídica del Ejecutivo, cuando la Abogacía del Estado actúa como el brazo técnico del sanchismo, cuando los titulares parecen redactados para proteger al poder, el sistema entero se inclina y termina derrumbándose como la torre de Babel. Y lo más peligroso es que el gobierno social comunista actual ya ni siquiera disimula. “La mar risada del Estado” Los marinos, viejos lobos de mar, como este maúro de Telde que suscribe, lo sabemos bien: “la mar risada es traicionera”. Parece calma, parece dócil, parece segura. Pero debajo se mueve una fuerza silenciosa que puede tumbar al barco más sólido. Y este buque que es el gobierno social comunista de Pedro Sánchez, ya solo lo sustenta, los ex etarras de Bildu, pues todavía les queda, que Marlaska les saque de la cárcel a unos cuantos criminales que les quedan pagando sus crímenes, y los “anti todo” comunistas de Sumar, que cuando se les acabe “el actual chollo” se van a tener que poner “a currar como todo cristo”, y a ver a dónde van a ir esa pandilla de fumados, caducos y trasnochados. Porque los otros dos partidos (vascos y catalanes), ya arriaron los botes salvavidas y se han alejado del barco, para que no los arrastre la corriente que a su alrededor se produce, cuando se éste se esté hundiendo sin remedio. España navega ahora en esa mar engañosa. La superficie parece tranquila: instituciones funcionando, comunicados solemnes, lenguaje jurídico impecable. Pero bajo esa superficie se mueve una corriente profunda, que es la erosión de la independencia institucional. La pregunta ya no es si este caso importa. La pregunta es si estamos dispuestos a aceptar que la Fiscalía sea “el ariete político del Gobierno”. Porque cuando eso ocurre, el Estado deja de ser Estado. Y la democracia deja de ser democracia para convertirse en una especie de “chavismo bananero” con piel de cordero manso. El barco aún flota. Pero el agua, compañero, “siempre termina entrando”. Y de un momento a otro escucharemos…. ¡Abandonen el barco! ¡Maricón el ultimo! Y no se preocupen por salvar el “joyero zapatero” o a los