Teror se solidariza con La Palma

El Ayuntamiento de Teror coordina con la FECAM y la Mancomunidad del Norte de Gran Canaria y de Municipios no Costeros el envio de ayudas.

El Ayuntamiento de Teror ha transmitido a los municipios afectados por la erupción volcánica de La Palma su total apoyo y solidaridad ante la dramática situación que está viviendo su población. Al mismo tiempo el Consistorio terorense se ha sumado a la declaración institucional de apoyo a la isla de La Palma, tanto por parte de la Federación Canaria de Municipios (FECAM), como de las mancomunidades del Norte de Gran Canaria y de Municipios No Costeros de Canarias, para coordinar de manera institucional las ayudas a la población a través del Cabildo de La Palma y de los ayuntamientos de El Paso, Llanos de Aridane y, previsiblemente Tazacorte.

El alcalde de Teror, Sergio Nuez, invita a la población a sumarse a la campaña de donaciones a través de cuentas bancarias que los municipios afectados y el Cabildo de la isla han puesto en marcha, ya que por cuestiones de operatividad y logística, la aportación económica es la mejor forma de colaborar con esta catástrofe y con las personas que se han visto perjudicadas.

Desde la Federación Canaria de Municipios (FECAM) se están preparando las instrucciones de las necesidades reales e inmediatas a corto y medio plazo solicitadas por los ayuntamientos palmeros para que desde los distintos ayuntamientos de Canarias, en el que se incluye Teror, se adopten los acuerdos oportunos para mostrar la solidaridad del pueblo con la isla de La Palma y con las personas evacuadas de sus hogares, especialmente aquellas que han perdido sus viviendas y sus cultivos bajo los efectos de la lava.

Por otra parte, la empresa municipal Aguas de Teror ya ha enviado a La Palma un camión repleto de agua para abastecer a las personas afectadas por el volcán. “Un gesto con el que queremos mostrar todo nuestro apoyo y cariño a la población palmera, y al que se sumarán otras acciones de solidaridad”, explicó Sergio Nuez.

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Agaete, el café que no se rindió a la adversidad, cumple 200 años

El Valle de Agaete, en el noroeste de Gran Canaria, atesora una de las historias agrícolas más singulares de Europa: el único cultivo de café del continente y una tradición cafetera que mantiene su esencia desde hace más de dos siglos. Esta tradición se mantiene viva y en plena forma a pesar de los siglos, gracias a unas 50 familias de la zona que ya han llegado a su cuarta generación de agricultores/as y que han sabido ser embajadores/as de la tradición que heredaron de sus antepasados/as. El café llegó a Canarias a finales del siglo XVIII, en un contexto de intercambio agrícola global. Sin embargo, fue durante el siglo XIX cuando encontró en Agaete el lugar idóneo para desarrollarse. Mientras en otras zonas los intentos de cultivo no prosperaron, en este valle las condiciones naturales y el trabajo constante de los agricultores/as permitieron que este producto echara raíces de forma definitiva. De acuerdo con los registros históricos, fue el rey Carlos III quien quiso introducir especies exóticas en Canarias, lo que podría haber llevado el cultivo de América y Asia al Jardín de Aclimatación de La Orotava, en Tenerife, y de ahí a diferentes puntos del archipiélago. Desde sus inicios, el cultivo del café en Agaete estuvo ligado a pequeñas propiedades familiares. Estas fincas combinaban distintos cultivos, integrando el café como parte de un sistema agrícola diversificado. A lo largo del tiempo, este modelo permitió a las familias adaptarse a los cambios económicos sin abandonar completamente la caficultura. La historia del café en Agaete también es una historia de resistencia. Durante el siglo XX, la agricultura en Canarias sufrió transformaciones profundas, con el auge de otros sectores económicos que llevaron al abandono de muchos cultivos tradicionales. Aunque la gran mayoría de los reductos cafeteros apostaron por cultivos más productivos, como el plátano o el tomate según la zona, en Agaete varias familias decidieron resistir. El tesón de este pequeño grupo de agaetenses logró mantener viva esta tradición del café, preservando técnicas, conocimientos y formas de trabajo heredadas. Ya a finales del siglo XIX, el café de Agaete empezó a hacerse notar, siendo incluso presentado en la Exposición Universal de París (1889) donde obtuvo una medalla de bronce. Según la tradición oral, en el pasado la producción fue mucho mayor, con cifras que alcanzaron la tonelada. Hoy el cultivo se reduce a pequeñas parcelas de cultivo, que fueron heredadas de sus padres y abuelos/as y que se mantuvieron como un reducto principalmente para consumo familiar, lo que le ha permitido llegar a la actualidad. Recogiendo las cerezas a mano y una a una, secándolas al sol en las azoteas particulares y con un procesado artesanal que mantiene la tradición, durante siglos el café fue un “secreto” que solo se podía consumir en el Valle y encontrar en pequeñas tiendas locales. Hoy es un producto codiciado y altamente reconocido mundialmente, por su pequeña producción y por su alta calidad. No se exportaba ni se distribuía ampliamente: quien quería probarlo tenía que desplazarse al valle y comprarlo directamente al productor o en pequeños comercios locales. Incluso en los años 60, era considerado un producto especial que solo se servía en ocasiones concretas en lugares selectos, como el histórico Hotel Santa Catalina en Las Palmas de Gran Canaria, el balneario Los Berrazales o el antiguo hotel Guayarmina, lugar de encuentro de grandes celebridades y autoridades de la época.  En ese contexto, el papel de las mujeres fue crucial, aunque durante mucho tiempo invisibilizado en los relatos históricos. El café, desde generaciones pasadas, ha sido un trabajo y un saber con nombre de mujer, encargadas de la recolección y el procesado del café, además de como guardianas de la tradición cafetera. El café cultivado es principalmente arábica, variedad Typica, una de las más antiguas del mundo y hoy poco común en grandes producciones. En Agaete, se cultiva a una altitud inusual para el café, entre 150 y 400 metros, cuando en otros países suele producirse entre 600 y 1.300 metros o más, con condiciones que lo hacen único, como la temperatura entre 17 °C y 23 °C, un sistema de sombra y policultivo, junto a plataneras, naranjos, mangos o aguacates y principalmente en seco. La iniciativa, enmarcada dentro de la marca ‘Café de Mujer’ y el Proyecto Paraguas apoyado por AIDER Gran Canaria (7119 LEADER del Plan Estratégico de la Política Agraria Común), reivindica además el papel protagonista y crucial de las mujeres en el sector, a la vez que potencia el conocimiento y la difusión de las peculiaridades del café del Valle dentro y fuera del archipiélago.