Drag Ganadoras (1)
Drag Ganadoras (1)
Drag Shíky se convierte en Drag Queen del Carnaval de Gáldar 2026

Con la fantasía “Travesura realizada” inspirada en Harry Potter, Shíky se impuso a las otras nueve aspirantes en una gala llena de ritmo y con La Quinta absolutamente abarrotada

Drag Shíky es desde hoy el Drag Queen del Carnaval de Gáldar 2026. Con la fantasía “Travesura realizada” inspirada en el universo de Harry Potter, Shíky se imponía a las otras nueve aspirantes en una gala donde todas demostraron un enorme nivel con mucho ritmo, trasgresión y sorprendentes propuestas ante un Recinto Cultural La Quinta en el que no cabía ni un alma.

Con un diseño de David Batista, el propio Drag Shíky, junto a Josep López y Sergio León y en representación del Cabildo de Gran Canaria, Shíky ponía sobre el escenario una espectacular coreografía con giros de 360 grados en el aire, arriesgadas piruetas y un rico vestuario cuajado de detalles, poniendo al público en pie a ritmo de música tecno.

Drag Eyzet se convertía en la 1ª Dama Drag con la fantasía “¡Chacha! tantas flechas de amor y yo soltera maricón”. Drag Vitorchi se hacía con la banda de 2ª Dama Drag con la fantasía “¡Cuidado, que estoy en celo!” Título de 3ª Dama Drag para Drag Owen y su fantasía “No le cuentes cuentos a quien no sabe de historias”. Drag Halia se proclamaba 4ª Dama Drag con la fantasía “La guardiana del pétalo sagrado”. Entregaba los galardones sobre el escenario el alcalde en funciones y concejal de Cultura y Fiestas del Ayuntamiento de Gáldar Julio Mateo Castillo.

La gala más transgresora del carnaval pirata no decepcionó a nadie. Presentada por Luján Argüelles y Exhuberancia Carey, ambas demostraron una carismática complicidad y divertidas improvisaciones, como la de pedir ayuda al propio alcalde en funciones para que Exhuberancia subiera las escaleras al escenario. La cita arrancaba con una espectacular obertura con sirenas, monstruos marinos que tragaban fuego y criaturas impresionantes. Baile, ritmo y leyendas piratas para dar paso a la Gala Drag Queen del Carnaval de Gáldar 2026.

Encargadas de mostrar todo lo que ocurría detrás del escenario entre bambalinas y plataformas, las drags galdenses Drag Kiowa y Drag Vulcano derrotaron simpatía haciendo reír a los asistentes con su irreverencia.

El broche musical de la gala corría a cargo de Las Ketchup, que pusieron a toda La Quinta en pie con sus éxitos “Krapuleo”, “Un de vez en cuando” y “Kusha las payas”, terminando con el tema más esperado, su inolvidable “Aserejé” con el que La Quinta terminó de explotar en fiesta.

La gala contaba además con las actuaciones de Alba Pérez con el tema “Estamos de Carnaval”, la batucada Samba Isleña, la comparsa Aragüimé, los Drags Vulcano y Kiowa y por supuesto la despedida por todo lo alto del drag saliente, Charly Drag.

Una vez terminada la gala drag, el público de La Quinta disfrutaba de uno de los platos fuertes del Carnaval de Gáldar, el concierto de Efecto Pasillo. La banda llegaba a Gáldar dentro de su gira “Oro y Diamantes Tour” y encandilaba a todos con éxitos como “Pan y Mantequilla”, “No importa que llueva” o “Cuando me siento bien”, además de algunas de sus nuevas canciones, como la que da nombre a su gira.

Cerraba la noche el Mogollón con el grupo Acuarela.

Aún quedan mucho carnaval pirata por delante, el viernes 13 de febrero llega otra de las citas musicales más esperadas, La Original Sonora Dinamita de Lucho Argán y Xiu García, en el Recinto Cultural La Quinta a las 21:00h con entradas disponibles en https://www.tureservaonline.es/es/events/galdar-carnaval-2026-la-original-banda-sonora-dinamita.

La Gran Cabalgata del Carnaval de Gáldar 2026 recorrerá las calles el sábado 14 de febrero desde el Paseo de los Guanartemes a partir de las 17:00h, calentando motores para el Gran Mogollón de la Cabalgata a partir de las 21:00h en La Quinta con un cartel de lujo: Edwin Rivera, Tonny Tun Tun, Fuego y DJ Blin Blin.

El Entierro de la Sardina despedirá el Carnaval de Gáldar 2026 el sábado 21 de febrero a partir de las 21:00h.

Gala Drag Queen Gáldar 2026

Concierto Efecto Pasillo

Grupo Acuarela

 

Compartir
Más Noticias

Suscribete a nuestro newsletter

1778276763142
Articulos
NGC

Almaraz: la batalla que el Gobierno no quiere mirar de frente

Un cierre entre la política, la economía y el destino de una comarca entera En el corazón del Campo Arañuelo, donde la niebla matinal se funde con el vapor blanco de las torres de refrigeración, la central nuclear de Almaraz sigue latiendo con la fuerza de siempre, como si el tiempo no corriera en su contra. Pero lo hace. Su desmantelamiento previsto, grabado a fuego en el calendario del apagón nuclear español, ha desatado un vendaval que va mucho más allá de una simple desconexión eléctrica: es el vivo reflejo de las costuras rotas entre la política de despacho, la economía real y el abandono del territorio. Mientras Moncloa insiste en que estamos ante una transición “ordenada y responsable”, desde las instituciones europeas hasta los ingenieros y los propios vecinos se preguntan si esto obedece a criterios técnicos objetivos o si, por el contrario, nos encontramos ante un empeño puramente ideológico con un coste social incalculable. El severo tirón de orejas de Bruselas Desde mi punto de vista, este empeño por clausurar Almaraz apesta a esa política de postureo que tanto gusta a nuestro actual «gobierno social-comunista», empeñado en presumir de un ecologismo de salón que choca frontalmente con el sentido común. Y no lo digo yo; lo advierte la propia Bruselas. Que la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo se pronuncie con semejante contundencia sobre una infraestructura nacional es un hecho insólito. En su informe, los eurodiputados no se andaron con rodeos: señalaron directamente que el cierre parece responder a motivaciones políticas y dogmáticas —impulsadas sobre todo por los socios comunistas de Podemos— antes que a razones técnicas o de seguridad. El rapapolvo europeo se sostiene sobre tres pilares demoledores: Falta de rigor: España no ha presentado una evaluación de impacto integral que justifique prescindir de la central. Incoherencia comunitaria: La decisión contradice la propia taxonomía verde de la Unión Europea, que reconoce a la energía nuclear como una tecnología clave de transición. Déficit democrático: El Ejecutivo de Pedro Sánchez, haciendo gala de su habitual soberbia, ha obviado un diálogo transparente y suficiente con las administraciones regionales y locales afectadas. En Bruselas, que de tontos no tienen un pelo, tienen claro que esto es política pura y dura. Y lo más sangrante es que ocurre en un momento donde el resto de Europa, escarmentada por las recientes crisis energéticas, se aferra a la nuclear para blindar su mix energético. Pero claro, la facción de la «izquierda eco-pija» que se sienta en el Consejo de Ministros grita mucho aunque razone poco. Sospecho, de hecho, que en el ala socialista del Gobierno más de uno se echa las manos a la cabeza en privado, pero no se atreven a rechistar a sus socios de coalición. Los temen más que a Mohamed VI con las famosas grabaciones secretas obtenidas del móvil de Sánchez a través de Pegasus. ¿Es rentable cerrar Almaraz? La guerra de los despachos Si la política polariza, la economía tampoco pacifica el debate. Los informes vuelan de un lado a otro como armas arrojadizas. Por un lado, el estudio elaborado por la URJC y la UPC para Greenpeace defiende que el apagón es «económicamente racional», asegurando que el 96,4% de la producción de Almaraz podría sustituirse con renovables en los primeros compases, evitando retrasar inversiones limpias. Presentan el cierre como una supuesta oportunidad de oro. Por el otro, chocamos con la cruda realidad técnica. El Consejo General de Ingenieros Industriales y otros organismos de prestigio —gente seria, no profetas de pancarta— recuerdan que la nuclear es una fuente barata, estable y libre de emisiones de CO₂. Advierten que apagar Almaraz nos obligará a quemar más gas, disparando tanto la factura como la contaminación. Para rematar, un demoledor informe de la consultora PwC avisa de lo de siempre: la factura de esta fiesta no la pagarán las eléctricas; recaerá, euro a euro, sobre los hombros de los consumidores. Al final, la pregunta del millón no es si Almaraz es rentable, sino qué modelo energético queremos financiar y a costa de quién. El drama humano: la vida más allá del Excel Como humanista convencido, a mí lo que realmente me quita el sueño es el factor humano. Detrás de los gráficos de barras y las tablas de Excel hay vidas de carne y hueso. Almaraz sostiene, de forma directa e indirecta, más de 4.000 puestos de trabajo. Familias enteras que solo piden ganarse el pan con dignidad y mantener un nivel de vida que ya quisieran para sí esos soñadores «eco-jetas» de camiseta del Che Guevara, que tanto adoran el comunismo caribeño pero que no se van a vivir bajo la bota de la dictadura cubana ni locos; prefieren disfrutar de las bondades del «terrible capitalismo degradador». A toda esa comparsa habría que explicarles que cerrar la central dinamitará un tejido empresarial del que depende una comarca entera, cuya renta per cápita es un 12% superior a la media extremeña gracias a la planta. En los bares de Navalmoral de la Mata, en los comercios de Almaraz, la pregunta es desgarradora: «¿Y ahora qué?» ¿Irán los líderes de la izquierda progre a pagar la universidad de sus hijos o a llenarles la nevera? Los alcaldes de la zona no quieren palabras bonitas ni las típicas promesas de Pedro Sánchez que luego acaban en un «cambio de opinión». Exigen un plan de reindustrialización real. Temen, con toda la razón del mundo, que la comarca se convierta en otro erial de prejubilaciones y olvido, calcando las nefastas gestiones que ya sufrimos con el fin del carbón. En cometer semejantes pifias, este Ejecutivo es verdaderamente doctor. Hablando con amigos de la zona, la sentencia común es unánime: «Julio, esto no es una decisión energética, es una condena social». Una transición sin rumbo Prescindir de Almaraz ahora, cuando aporta cerca del 7% de la electricidad nacional, es jugar a la ruleta rusa con el suministro del país. Sin embargo, en el Consejo de Ministros prefieren mirar hacia otro lado. Mientras no se pongan de acuerdo