Foto Caballitos De Fuego GÁldar 22072026 (2)
Foto Caballitos De Fuego GÁldar 22072026 (2)
Los Caballitos de Fuego vuelven a danzar en Gáldar
  • El tradicional pasacalle ha recorrido el casco histórico a la luz de los farolillos
  • El Volcán Anunciador ha regresado a la cima de la Montaña de Gáldar para anunciar los días grandes de las Fiestas Mayores de Santiago 2026

La ciudad de Gáldar ha vuelto a revivir una de las citas más esperadas del programa de Fiestas Mayores de Santiago que organiza la concejalía de Cultura y Fiestas que dirige Julio Mateo Castillo. Se trata de la Danza y Zambra de los gigantes y Caballitos de Fuego de las Fiestas Mayores de Santiago de Gáldar, una tradición que se remonta al siglo XIX y que Gáldar recuperó en el año 2015.

Cientos de personas salieron a la calle como manda la tradición, completamente vestidos de blanco y portando sus caballitos, elaborados de manera artesanal y siguiendo las directrices de la época, un armazón de cartón de color blanco a imagen y semejanza del caballo de Santiago y adornado con multitud de papelillos de colores a modo de las crestas del animal. Todos ellos preparados para una noche mágica llena de diversión. Los asistentes iban guiados además por los típicos farolillos confeccionados también de forma artesanal.

Desde que hace once años se recuperó esta fiesta en Gáldar, una de las más antiguas que se conservan en el archipiélago, los vecinos la han incorporado como propia, convirtiéndola no sólo en una de las más multitudinarias del municipio, sino también una de las más participativas, ya que en cada casa las familias se reúnen para elaborar cada año sus caballitos y poder salir a compartir un momento de emoción y fiesta.

Este año, además, el Ayuntamiento ha organizado una serie de talleres para aprender a elaborar los caballitos durante cuatro jornadas con éxito de participación, demostrando que esta fiesta sigue consolidándose y permanece más viva que nunca.

Mayores y pequeños, familias enteras partían desde la Plaza de San Sebastián en dirección a la calle Capitán Quesada para luego rodear la plaza de Santiago y situarse ante el frontis del Templo Santuario de Gáldar. Una alegre y colorida comitiva aplaudida por numerosos curiosos y visitantes y acompañada por los papagüevos y por las bandas Guiniguada, Guayedra, Agaete y Archipiélago.

Música, colorido y mucha emoción a la luz de los farolillos convertían las calles de Gáldar en una auténtica fiesta y uno de los momentos más importantes de las 544ª Fiestas Mayores de Santiago de Gáldar. Ya ante el frontis de la iglesia se procedía a la tradicional quema de la silueta de un gran caballo en mitad de todo un espectáculo musical. A las 23:00h llegaba entonces otro gran acontecimiento, el Volcán Anunciador de las Fiestas de Santiago, el fuego que anuncia la llegada de los días grandes. Este año además con una importante novedad, ya que el espectáculo de luz y fuegos artificiales volvía de nuevo a la cima de la Montaña de Gáldar tras cuatro años sin hacerlo.

Los fuegos artificiales iluminaban así el cielo de Gáldar desde el pico de la Montaña, en una de las imágenes más emblemáticas de las fiestas, visible desde gran parte del municipio y anunciando por todo lo alto que Gáldar ya vive su semana cumbre.

La jornada concluía con música desde el escenario de la Plaza de Santiago con la presentación del espectáculo “Cambio de Piel. Tributo a Marc Anthony”.

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Antonio Cerpa Y Rodrigo Trujillo
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El Camellero y el Desierto

Los añorados ochenta del milenio pasado, esos mismos que los más veteranos del lugar recordamos con una visión distorsionada, cargándonos de imágenes y anécdotas que nuestras mentes empiezan a dibujar con trazos cada vez más idealizados e irreales, haciendo propio aquello de «cualquier tiempo pasado fue mejor», también contaban con desiertos culturales donde las oportunidades de manifestarse creativamente se antojaban más crudas que hoy en día. Ahora, las nuevas tecnologías y las redes sociales muestran oasis donde muchos —quizás más de los llamados— tienen la oportunidad de mostrar su talento y creatividad, o la falta de ambos. Aquellos duros desiertos de soledad y falta de oportunidades se intentaban paliar con mucho ingenio y pocos medios. Proliferaron los fanzines de todo tipo: algunos básicos, rayando el panfleto artesanal de fotocopias de instituto, y otros con una calidad que podía pasar por una publicación profesional. Eran los años de la Movida madrileña, que marcó muchas de las pautas de estas publicaciones artesanales. En nuestro archipiélago, «La Hormiga de Pan», en Tenerife, se dispuso a cruzar ese desierto árido que se plantaba delante de las inquietudes artísticas de los amantes del cómic; pero fue un auténtico Camello, en Gran Canaria, quien cruzó la playa de Las Canteras, las dunas de Maspalomas y cualquier arenal que se interpusiese en la creatividad de los jóvenes talentos de la isla. Había nacido «Un fanzín llamado Camello», fruto de la inquietud de algunos talluditos amantes del cómic. Destacaba como cabeza visible, siempre en un discreto segundo plano, Rodrigo Trujillo Rivero, amante del cómic clásico, profundo conocedor del medio y en contacto con muchos profesionales de la época. Gracias a él, en las páginas de Camello los aficionados del lugar tuvieron la oportunidad de codearse con profesionales de la talla de Alberto Manrique de Lara, Perera, Comas Quesada, Azpiri, Espallardo, Das Pastoras, Juan Giménez… Algunos de aquellos aficionados tomaron este fanzín como un banco de pruebas donde adquirir rodaje y experiencia artística que, de una manera u otra, les sirviera para su futuro deambular en el medio. Cabe recordar al madrileño Ramón Armas, que empezó su carrera en el número 7 con una estupenda portada y cuatro páginas a color, y luego continuó con una prolífica carrera en el cómic erótico; a Antonio Cerpa, sí, el que les habla, que publicó en el número 1 la primera adaptación al cómic de los famosos cuentos de Pepe Monagas, obra literaria original del escritor Pancho Guerra, que seguiría publicándose en la prensa local y años más tarde en volúmenes recopilatorios; o a Pipo Hernández, amante de la ciencia ficción reconvertido en artista multifacético, y a su hermano Alberto Hernández, que nunca tuvo la oportunidad de publicar en Camello por ser muy jovencito, pero que terminaría convirtiéndose en una de las firmas más sólidas del panorama profesional. Javier Núñez supuso el impulso de la parte moderna de la publicación. Relataba que el nombre del fanzín se le ocurrió mientras echaba profundas caladas a su marca de cigarrillos preferida, Camel, y que nada tenía que ver con otro tipo de camellos dedicados a actividades delictivas. Rodrigo Trujillo puso la coletilla definitiva con aquello de «Un fanzín llamado…», haciendo un guiño a la famosa película Un hombre llamado Caballo, estrenada a principios de la década de los setenta. Y es como he dicho: Rodrigo era un amante de los clásicos. Fueron entrañables años de camaradería artística entre jóvenes cargados de ilusión; recuerdos empañados de nostalgia, a golpes de refresco, en aquellas reuniones de la desaparecida cafetería Triana, hablando de cómics, enseñando páginas y dibujos. Hasta que, un mal día, agotado por la sobrecarga de la vida, por el peso del papel impreso o, peor aún, por el amargo sabor de la tinta china, nuestro camello, con trece fatídicos números en sus corcovas, dejó de caminar y ante nosotros se abrió nuevamente la sequedad del desierto infinito. Han pasado más de cuarenta años. Rodrigo Trujillo continuó durante ese tiempo con su callada labor de estudio, recuperación y publicación artesanal de obras clásicas del cómic, una labor impagable solo valorada por quienes saben apreciar las verdaderas joyas y el trabajo bien hecho. 0En los últimos años mi relación con él era puntual y, hace poco me enteré por su hijo que, en Noviembre del pasado año 2025, Rodrigo había partido con su camello hacia las dunas preñadas de estrellas. Sentí nuevamente la tristeza del desierto profundo. Se fue como siempre vivió: caminando de puntillas y descalzo para no hacer ruido. Él, que tanto sabía de zapatos y tantos vendió a lo largo de su vida; el amante del dibujo que, sin saber trazar una línea, tantos buenos consejos sabía dar en este campo; el amigo socarrón que contaba historias como nadie y del que tanto aprendíamos todos; el hombre culto que nunca presumió de su sabiduría y que tanto nos enseñó; el jinete, el camellero sin cuya guía aquel fanzín nunca hubiese sido lo que fue. Ahora estará en algún oasis a la espera de nuevas aventuras, compartiendo anécdotas con personajes de historietas y dibujantes que partieron antes que él, hablando de acuarelas con Alberto Manrique o con Comas Quesada, o de viñetas con el gran Azpiri. Suele ocurrir. «El púgil enmascarado», como le gustaba firmar sus artículos por su amor al boxeo, disciplina de la que fue entrenador, gustaba de preparar a todos en la sombra mientras reservaba para sí el eterno anonimato. Lo fue también en su labor cultural. Llegó a tener dos librerías especializadas en cómic en Las Palmas: Cuto y Nemo, clásicos siempre, como él mismo. Rodrigo Trujillo, entregado a sus aficiones culturales y a sus amigos, quienes no deberíamos olvidar nunca a aquellos que, por humildad, escogieron el anonimato y tanto bien hicieron amaestrando camellos que nos llevaron a oasis de esperanza. Va por tu recuerdo, Rodrigo.