Antonio Alí convierte en memoria la histórica visita de León XIV a Gran Canaria

Telde arropa la exposición del fotógrafo, colaborador voluntario de NorteGranCanaria.com, que reúne 24 imágenes de unas jornadas que ya forman parte de la historia reciente de Canarias

Hay fotografías que sirven para contar lo ocurrido y otras que, con el paso del tiempo, terminan convirtiéndose en memoria. Las imágenes de Antonio Alí sobre la histórica visita del papa León XIV a Gran Canaria pertenecen, sin duda, a ese segundo grupo.

Las Casas Consistoriales de Telde acogieron este martes la inauguración de El Papa en Gran Canaria. La mirada de Antonio Alí, una exposición formada por 24 fotografías seleccionadas entre los varios centenares que el fotógrafo realizó durante la estancia del pontífice en la isla los días 11 y 12 de junio.

El acto reunió a una amplia representación de la sociedad teldense. Autoridades municipales, representantes religiosos, colectivos vecinales, entidades sociales y personas vinculadas al mundo de la cultura quisieron acompañar a Antonio Alí en una jornada especialmente significativa para quien lleva años contando, cámara en mano, buena parte de lo que sucede a su alrededor.

Un colaborador que forma parte de NorteGranCanaria.com

Para quienes hacemos NorteGranCanaria.com, hablar de Antonio Alí tiene además un significado especial.

Antonio colabora de manera totalmente voluntaria con nuestro periódico digital, aportando fotografías y estando presente en acontecimientos que posteriormente podemos acercar a nuestros lectores.

Lo hace por voluntad propia, sin buscar protagonismo y con algo que valoramos especialmente en este medio: el deseo de colaborar y de contribuir a que la actualidad de Gran Canaria quede también documentada a través de imágenes.

Por eso hoy no podemos limitarnos únicamente a informar de su exposición.

También queremos reconocer públicamente esa colaboración desinteresada que mantiene con NorteGranCanaria.com y agradecerle las muchas ocasiones en las que nos permite utilizar su mirada para complementar nuestras informaciones.

Detrás de una buena fotografía hay tiempo, desplazamientos, paciencia y muchas horas que casi nunca se ven. Antonio las aporta voluntariamente, y creemos que es justo decirlo.

Telde arropa a Antonio Alí

La inauguración contó con la presencia del alcalde de Telde, Juan Antonio Peña; la vicealcaldesa, María González Calderín; el concejal de Cultura y Patrimonio, Juan Martel; el gerente de la empresa municipal Gestel, Jesús Suárez, y el párroco de la Basílica de San Juan Bautista, Antonio Juan López.

A ellos se sumaron representantes de distintos colectivos vecinales, sociales y culturales del municipio, que acompañaron al fotógrafo en la apertura de la que constituye su segunda exposición individual.

La encargada de presentar el acto fue Esther Rodríguez, quien recordó además la cercanía de dos celebraciones profundamente arraigadas en la sociedad grancanaria: las fiestas del Santo Cristo de Telde y de la Virgen del Pino.

Ambas imágenes estuvieron presentes en la multitudinaria eucaristía celebrada por León XIV en el Estadio de Gran Canaria, uno de los acontecimientos más importantes de aquella histórica visita.

Veinticuatro fotografías y muchos momentos detrás

La muestra no es simplemente una sucesión de imágenes del papa.

Antonio Alí ha seleccionado 24 fotografías con las que reconstruye distintos momentos de aquellas jornadas: los gestos del pontífice, la expectación de quienes esperaban su llegada, los encuentros, las miradas y el ambiente que envolvió una visita que Canarias difícilmente olvidará.

Ahí está precisamente uno de los valores de la exposición.

La fotografía periodística tiene la capacidad de detener durante una fracción de segundo algo que inmediatamente desaparece. Una expresión, una mirada o un gesto duran apenas unos instantes, pero una cámara puede conservarlos para siempre.

Y eso es lo que Antonio Alí hizo durante aquellos dos días.

Telde fue una de las puertas de aquella visita histórica

El 11 de junio, León XIV aterrizó en la Base Aérea de Gando, iniciando así su estancia en Gran Canaria.

Durante aquella jornada, el pontífice participó en diferentes encuentros y actos, entre ellos su paso por la Catedral de Canarias y la multitudinaria celebración eucarística en el Estadio de Gran Canaria.

A la mañana siguiente, 12 de junio, continuó su viaje apostólico rumbo a Tenerife.

Fueron apenas unas horas, pero suficientes para dejar cientos de imágenes y momentos que permanecerán durante muchos años en la memoria colectiva de las islas.

Antonio Alí estuvo allí.

Observó, esperó y disparó su cámara en el momento preciso. Ahora una pequeña parte de todo aquel trabajo puede contemplarse públicamente en Telde.

Mucho más que una exposición fotográfica

Quizás ese sea el verdadero sentido de El Papa en Gran Canaria. La mirada de Antonio Alí.

No estamos únicamente ante fotografías de un acontecimiento institucional o religioso. Estamos ante el testimonio gráfico de algo que ocurrió delante de miles de personas y que, gracias al trabajo de fotógrafos como Antonio, podrá seguir siendo contemplado cuando hayan pasado muchos años.

Desde NorteGranCanaria.com nos alegramos especialmente de que su trabajo encuentre ahora este espacio y de que los ciudadanos puedan conocer una pequeña parte de las muchas imágenes que guarda su archivo.

Y lo hacemos también desde el agradecimiento personal hacia un colaborador que ofrece su trabajo voluntariamente a nuestro medio y que siempre está dispuesto a sumar cuando se le necesita.

Personas así también forman parte de la pequeña gran familia que hace posible cada día NorteGranCanaria.com.

La exposición puede visitarse hasta el 16 de septiembre

El Papa en Gran Canaria. La mirada de Antonio Alí está organizada por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Telde, a través de la empresa municipal Gestel.

La exposición permanecerá abierta en las Casas Consistoriales de Telde hasta el próximo 16 de septiembre, en horario de 9.00 a 14.00 horas.

Una oportunidad para volver durante unos minutos a aquellos históricos días de junio y contemplarlos desde un lugar privilegiado: el objetivo y la mirada de Antonio Alí.

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Redacción NorteGranCanaria

IA sí o IA no

“Porqué no se le pueden poner puertas al campo” Durante semanas, el debate sobre la “inteligencia artificial” ha vuelto a encender tertulias, columnas y sobremesas. Hay quien la ve como una amenaza existencial, un monstruo digital capaz de devorar empleos, identidades y hasta la propia condición humana. Otros, en cambio, la consideran un avance inevitable, una herramienta poderosa que, bien usada, puede multiplicar nuestras capacidades. Yo, que he pasado media vida en la mar y la otra media escribiendo sobre ella, no puedo evitar recordar que este debate no es nuevo. Cambian los nombres, cambian los artefactos, pero el miedo al progreso es siempre el mismo. Recuerden que en 1633 casi mandan a la hoguera al astrónomo   Galileo Galilei, por afirmar que la Tierra giraba alrededor del Sol. Y el pobre hombre, para salvar de morir chamuscado tuvo que retractarse de su teoría heliocéntrica ante el Tribunal de la Santa Inquisición, aunque diciendo…. “Y sin embargo se mueve”, y como en aquel tiempo “los sabios de la iglesia” se parecían mucho a los actuales alumnos de la LOGSE socialista, no supieron interpretar sus palabras y gracias a ello, le perdonaron la vida.    “Cuando la mar también temió a la tecnología” Quienes hoy se escandalizan con las IA se parecen mucho a aquellos que, en mis primeros años de navegación, protestaban por la llegada de la “navegación por satélite”. Decían que se perdería el romanticismo, y que los oficiales se volverían torpes; que la mar castigaría a quienes confiaran en “máquinas que no sienten el viento”. Y, sin embargo, el tiempo puso cada cosa en su sitio. La navegación satelital no solo no destruyó la profesión, sino que “la hizo más segura, más precisa y más humana”, porque liberó al marino de tareas repetitivas y le permitió concentrarse en lo esencial; esto es, gobernar el barco y cuidar de su gente. Lo mismo ocurrió con las “calculadoras astronómicas”, con “las curvas de las llamadas, tablas americanas de estabilidad portátiles”, o con los primeros “ordenadores de a bordo”. Cada avance fue recibido con recelo, y cada avance terminó siendo imprescindible. Hoy, dudo que exista un solo barco en el mundo sin GPS, y también dudo que, muchos oficiales sepan usar un sextante como lo hacíamos nosotros. Pero eso no es decadencia: “es evolución”. “La IA como nueva herramienta de navegación humana” La inteligencia artificial es, en esencia, “una herramienta”. No es un oráculo, no es un demonio, no es un sustituto de la inteligencia humana. Es un instrumento que amplifica nuestras capacidades, igual que lo hizo el radar, el GPS o las cartas electrónicas facilita el trabajo. Acelera cálculos complejos. Democratiza el acceso al conocimiento y además permiten que un ciudadano normal, un estudiante o un profesional tenga a mano un asistente capaz de sintetizar información, explicar conceptos y ayudar a pensar. La IA no piensa por nosotros, solo “nos obliga a pensar mejor”.    “La ciencia sin conciencia: el riesgo real” Ahora bien, sería irresponsable ignorar los riesgos. La historia nos recuerda que, “la ciencia sin conciencia es la ruina del espíritu”, como decía Rabelais. El uranio, por ejemplo, prometía energía limpia y terminó también en Hiroshima. La química prometía fertilidad y terminó en gases de guerra. La informática prometía libertad y terminó en vigilancia masiva. La IA no es diferente. Puede ser usada para manipular, para desinformar, para automatizar injusticias, para amplificar desigualdades. Pero ese riesgo “no es argumento para frenar el progreso”, sino para gobernarlo con ética, regulación y responsabilidad. La solución nunca ha sido prohibir la herramienta, “sino educar al artesano” (pensamiento mesiánico)   “No se le pueden poner puertas al campo” La inteligencia artificial ha llegado, y no se va a marchar. Podemos discutir cómo regularla, cómo integrarla, cómo evitar abusos. Pero pretender detenerla es tan absurdo como prohibir el GPS en los barcos o volver a las tablas logarítmicas por decreto. La humanidad siempre ha avanzado cuando ha abrazado el conocimiento, no cuando lo ha temido. Y si algo he aprendido en la mar es que “el progreso es como la marea”, puedes ignorarlo, puedes protestar, puedes incluso intentar frenarlo… pero al final, ni se para ni espera, y sube y baja igual.   “El horizonte verdadero” Porque al final —y esto lo sabe cualquiera que haya hecho guardias largas en el puente de un barco, “el horizonte nunca es el que parece”. El aparente es solo una línea engañosa, dibujada por la luz y la distancia. El verdadero está más allá; donde la mar se junta con la voluntad, donde el futuro se abre como una derrota limpia y donde cada avance, por polémico que sea, termina siendo parte de la travesía humana. La inteligencia artificial es exactamente eso; “un horizonte verdadero”. No el que algunos ven con miedo, ni el que otros deforman con alarmismos, sino el que se revela cuando uno se atreve a mirar más lejos, más hondo y con menos prejuicios. Quien navega sabe que el barco que teme avanzar se queda a merced del oleaje. Quien se atreve, en cambio, descubre que el mar siempre recompensa al que confía en su rumbo. Por eso defiendo la IA a capa y espada, porque es viento nuevo en las velas, porque es carta actualizada en un mundo que cambia, porque es faro en noches de incertidumbre, y porque negar su avance sería renunciar al horizonte verdadero que nos corresponde como especie. La mar enseña que “solo avanza quien se atreve”. La historia confirma que “solo progresa quien no teme aprender”, y la IA, como toda marea que llega para quedarse, nos invita a seguir navegando hacia adelante, sin miedo, sin supersticiones y con la serenidad de quien sabe que el futuro no se detiene… “Se conquista”. La IA no es un enemigo; por el contrario, es un nuevo instrumento de navegación para la vida moderna. Si la usamos con conciencia, será una aliada formidable. Si la usamos sin ética, será un peligro. Pero renunciar a ella sería como navegar de noche