La salud del futuro comienza mucho antes de la enfermedad
Nutrición moderna, prevención y hábitos de vida: una nueva mirada sobre nuestra responsabilidad en el cuidado de la salud.
Durante décadas, hemos asociado el cuidado de la salud principalmente con la atención a la enfermedad. Acudimos al médico cuando aparecen los síntomas, buscamos respuestas cuando algo deja de funcionar y, con demasiada frecuencia, comenzamos a prestar atención a nuestros hábitos cuando nuestro organismo ya nos está enviando señales de alerta.
Pero ¿qué ocurriría si dedicáramos más tiempo y recursos a comprender cómo preservar nuestra salud antes de que aparezcan los problemas?
Esta reflexión adquirió para mí un significado especial el pasado 6 de octubre, durante la Jornada de Nutrición Moderna celebrada en la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM), en el emblemático Templo del Monasterio de Los Jerónimos.
El encuentro, protagonizado por el doctor Guillermo Rodríguez Navarrete, conocido internacionalmente como Nutrillermo, reunió a estudiantes, profesores y personas interesadas en comprender cómo el conocimiento científico puede trasladarse a nuestra vida cotidiana.
Después de más de 25 años vinculada profesionalmente al sector sanitario, aquella jornada me permitió reafirmar una convicción que ha ido creciendo con la experiencia: la prevención no puede limitarse a recomendar hábitos saludables; necesitamos aprender a incorporarlos a nuestra vida.
El gran desafío: transformar el conocimiento en acción
Durante su intervención, el doctor Rodríguez Navarrete pronunció una frase que resume buena parte de este desafío:
«El conocimiento no significa nada si no lo aplicas».
Una afirmación aparentemente sencilla, pero con profundas implicaciones.
Vivimos rodeados de recomendaciones sobre alimentación, ejercicio físico, descanso y bienestar. Sin embargo, conocerlas no garantiza que consigamos llevarlas a la práctica.
Saber que debemos dormir mejor no significa conseguir un descanso reparador. Comprender la importancia de una alimentación saludable tampoco implica que nuestras decisiones alimentarias sean siempre las más adecuadas.
Entre el conocimiento y la acción intervienen nuestras costumbres, emociones, circunstancias personales y el entorno en el que vivimos.
Por eso, uno de los grandes retos de la educación para la salud no consiste únicamente en transmitir información, sino en ayudar a convertirla en decisiones conscientes y comportamientos sostenibles.
Habitología: ¿quién nos enseña a construir hábitos saludables?
Uno de los conceptos más sugerentes de la conferencia fue el de habitología, utilizado por Rodríguez Navarrete para plantear la necesidad de prestar mayor atención a la gestión de nuestros hábitos y del entorno.
La expresión invita a reflexionar sobre una cuestión fundamental: formamos profesionales especializados en diagnosticar y tratar enfermedades, pero ¿estamos dedicando suficientes recursos a enseñar cómo construir y mantener comportamientos saludables?
La modificación de hábitos es un campo ampliamente estudiado por la psicología y las ciencias del comportamiento. Sabemos que nuestras decisiones no dependen exclusivamente de la voluntad.
Influyen también los estímulos que recibimos, las rutinas que repetimos, la disponibilidad de determinadas opciones y las circunstancias que condicionan nuestra vida.
Por eso, recomendar ejercicio físico, una alimentación adecuada o un descanso suficiente es importante, pero no siempre resulta suficiente.
Necesitamos comprender qué facilita esos cambios, qué obstáculos los dificultan y cómo conseguir que permanezcan en el tiempo.
No basta con saber qué es saludable. El verdadero desafío consiste en conseguir que lo saludable se convierta en habitual.
Nuestro entorno también participa en nuestra salud
Otro de los aspectos abordados durante la jornada fue la influencia que nuestro entorno ejerce sobre los procesos fisiológicos y nuestras decisiones cotidianas.
El consumo frecuente de productos ultraprocesados, la elevada disponibilidad de alimentos con azúcares añadidos, el sedentarismo o la exposición nocturna a la luz artificial forman parte de una realidad que merece nuestra atención.
La nutrición no puede comprenderse completamente de manera aislada.
Nuestro organismo funciona como un sistema integrado en el que interactúan la alimentación, el metabolismo, el descanso, la actividad física y múltiples factores ambientales.
Los ritmos circadianos, por ejemplo, participan en la regulación del sueño y de numerosos procesos fisiológicos. La exposición a la luz natural durante el día y la reducción de la luz intensa durante la noche contribuyen a favorecer su sincronización.
Del mismo modo, la calidad global de nuestra alimentación resulta más relevante que analizar un alimento o nutriente fuera de contexto.
La prevención requiere, por tanto, una mirada amplia.
Y también una consideración esencial: no todas las personas disponen de las mismas oportunidades para adoptar hábitos saludables. Las circunstancias económicas, laborales, familiares y sociales también condicionan nuestras decisiones.
Promover la salud significa ofrecer conocimiento, pero también favorecer entornos que permitan aplicarlo.
Los antojos y el poder de nuestras decisiones cotidianas
Durante la conferencia, Rodríguez Navarrete abordó también los mecanismos relacionados con los antojos alimentarios y la rapidez con la que determinados comportamientos pueden convertirse en automáticos.
Para ilustrarlo, presentó su denominada regla de los cinco segundos, una propuesta orientada a introducir una breve pausa antes de responder a un impulso alimentario.
Más allá de la duración exacta de esa pausa, la reflexión resulta interesante.
¿Cuántas veces comemos por hambre y cuántas por costumbre, aburrimiento, estrés o búsqueda de una gratificación inmediata?
Nuestro comportamiento alimentario está condicionado por complejos mecanismos biológicos, psicológicos y ambientales. No puede reducirse únicamente a una cuestión de fuerza de voluntad.
Sin embargo, reconocer nuestros patrones de conducta puede ayudarnos a comprender mejor qué desencadena determinadas decisiones.
Aprender a identificar esos momentos constituye una herramienta útil para desarrollar una relación más consciente con la alimentación.
La ciencia avanza, y nosotros debemos avanzar con ella
Uno de los mensajes que considero más importantes de la jornada fue la invitación del doctor Rodríguez Navarrete a mantener una actitud crítica ante la literatura científica y profundizar en el conocimiento de la fisiología y la bioquímica.
La nutrición es una disciplina en constante evolución.
Nuevas investigaciones amplían nuestra comprensión de los procesos metabólicos, las necesidades nutricionales y la relación entre alimentación y salud.
Pero también nos obligan a revisar conocimientos anteriores, cuestionar determinadas afirmaciones y reconocer las limitaciones de la evidencia disponible.
Por eso, la formación continua no debería entenderse únicamente como una oportunidad de adquirir nuevas competencias, sino como un compromiso con el rigor científico.
Actualizarse no significa seguir cada tendencia que aparece en las redes sociales.
Significa aprender a distinguir entre hipótesis prometedoras, resultados preliminares y recomendaciones sustentadas en evidencia sólida.
Y, sobre todo, mantener la humildad intelectual necesaria para reconocer que todavía existen numerosas preguntas sin respuesta.
Comunicar salud también es una responsabilidad
Este fue, probablemente, uno de los aspectos de la conferencia con los que más me identifiqué.
Rodríguez Navarrete insistió en la necesidad de aprender a comunicar el conocimiento científico para conseguir que las personas puedan comprenderlo y trasladarlo a su vida cotidiana.
Una reflexión que conecta directamente con mi trayectoria profesional.
Después de más de 25 años trabajando en el sector sanitario, he podido comprobar que disponer de información rigurosa no garantiza que esta llegue de manera comprensible a la población.
Podemos conocer extraordinarios avances científicos, disponer de nuevas tecnologías y desarrollar estrategias preventivas cada vez más precisas. Pero si no conseguimos explicar su utilidad de forma clara y responsable, una parte importante de ese conocimiento pierde su capacidad de generar cambios.
Comunicar salud no consiste en simplificar hasta desvirtuar la ciencia.
Consiste en hacerla accesible, contextualizar los resultados de la investigación y evitar mensajes que generen falsas expectativas.
También significa inspirar, despertar curiosidad y ofrecer herramientas prácticas que ayuden a las personas a tomar decisiones informadas.
Porque el conocimiento científico alcanza una dimensión especialmente valiosa cuando conseguimos que trascienda las aulas, los laboratorios y las publicaciones especializadas para convertirse en una herramienta al servicio de la sociedad.
Una promoción que dejó huella: cuando la pasión también forma parte del aprendizaje
Si hubo un momento de aquella jornada que me emocionó especialmente, fue escuchar las palabras del doctor José María Cayuela, decano de la Facultad de Farmacia y Nutrición de la UCAM, durante la ceremonia de entrega de diplomas.
El decano quiso transmitirnos la impresión que le había causado nuestra promoción.
No se refirió únicamente a nuestra formación académica, sino también a la implicación, el compromiso, la pasión y la emoción que habíamos transmitido durante la ceremonia.
Sus palabras me conmovieron profundamente.
Porque detrás de cada uno de los cerca de noventa alumnos que recibimos nuestra certificación había una historia personal, horas de estudio, esfuerzo y, sobre todo, una motivación compartida: seguir aprendiendo para comprender mejor la salud y contribuir, desde nuestros respectivos ámbitos, al bienestar de las personas.
Escuchar que esa actitud había impresionado a un representante de la institución universitaria fue, para mí, uno de los reconocimientos más significativos de aquel día.
Y me hizo reflexionar sobre algo que considero esencial.
La formación académica nos proporciona conocimientos y herramientas, pero la pasión por aprender, la curiosidad y el compromiso con aquello que hacemos son los que nos impulsan a seguir creciendo.
Los conocimientos nos preparan, pero son la pasión y el compromiso los que nos impulsan a transformar lo aprendido en algo valioso para los demás.
Recibir mi diploma de Nutrición Moderna, en el marco de la colaboración entre NutriAcademy y la UCAM, representó mucho más que la culminación de una etapa formativa.
Fue una oportunidad para reafirmar mi compromiso con la divulgación científica, la prevención y la promoción de hábitos saludables.
Y también una confirmación de que nunca es tarde para continuar aprendiendo, ampliar nuestra mirada y descubrir nuevas formas de contribuir a la sociedad.
La verdadera revolución: añadir salud a los años de vida
La medicina ha conseguido avances extraordinarios en el diagnóstico y tratamiento de numerosas enfermedades.
Cada descubrimiento que permite salvar vidas, mejorar los tratamientos o aliviar el sufrimiento representa un progreso que debemos valorar.
Pero el futuro de la salud no debería medirse únicamente por nuestra capacidad para tratar enfermedades.
También por nuestra capacidad para prevenir aquellas que pueden evitarse, reducir factores de riesgo modificables y favorecer que las personas disfruten de más años con autonomía, funcionalidad y bienestar.
En este contexto, la nutrición, la actividad física, el descanso y la educación para la salud constituyen pilares fundamentales.
No como soluciones milagrosas ni como sustitutos de la atención médica, sino como elementos complementarios de una visión más integral de la salud.
La jornada celebrada en la UCAM me recordó que el conocimiento científico necesita algo más que profesionales preparados.
Necesita personas comprometidas con su aplicación, comunicadores capaces de hacerlo comprensible y una sociedad dispuesta a conceder a la prevención el protagonismo que merece.
Porque quizá la verdadera revolución sanitaria no consista únicamente en descubrir nuevas formas de prolongar la vida, sino también en aprender a cuidar mejor el extraordinario organismo que nos permite vivirla.
La longevidad no consiste solamente en añadir años a la vida, sino en conseguir añadir más salud a esos años.
Y ese es, precisamente, el camino en el que deseo seguir aprendiendo, comunicando e inspirando.
María Elda Cabrera Riverol
Comunicadora y profesional del sector sanitario, con más de 25 años de experiencia.
Curso Superior Universitario en Nutrición Moderna — UCAM, 2026.
Fundadora de María Elda Wellness Revolution.
Si deseas profundizar en la Nutrición Moderna y conocer el programa formativo del Dr. Guillermo Rodríguez Navarrete, puedes consultar aquí: http://cnm.nutriacademy.com/certificacion?am_id=MariaEldaWellnessRevolution