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Nueva Canarias en Teror tacha de irrespetuoso al PP -PSOE con los difuntos del municipio, que tienen que velar a sus muertos con un refrigerador encima del ataúd

Es deplorable que los vecinos y vecinas tengan que velar a sus difuntos en la capilla con un refrigerador encima del ataúd de la persona fallecida. Un familiar afirma: “Siento indignación y frustración, ante la falta de respeto y de escrúpulos de los que nos gobiernan, cuando veo que tenemos que velar a nuestro ser querido con un refrigerador encima del ataúd en la capilla”. Al parecer están inservibles las salas de refrigeración de los difuntos.

Nueva Canarias en Teror tacha de falta de respeto y de sensibilidad a los gobernantes tanto del PP que es el que tiene las competencias en cementerio, como del PSOE que consiente tal desfachatez.  Irrespetuoso, e insensibles tachan a los gobernantes que no muestran ni la más sensibilidad a las familias que pasan por momentos muy dolorosos en su vida, ante la pérdida de un ser querido.  Lejos de arreglar este desperfecto que altera el acompañamiento, lo antes posible y especialmente en los días de difuntos, la concejala del PP de cementerios y la concejala del PSOE de parques y jardines alardean en estos días de haber decorado los jardines para el día de todos los santos difuntos, cuando lo principal está defectuoso, esto es, las salas de refrigeración que mantienen a los difuntos.

Impávidos vieron varios vecinos y vecinas la semana pasada al asistir al duelo de uno de sus vecinos, la solución que ofrecía el ayuntamiento para velar al difunto fallecido, porque las salas refrigeradas no funcionaban y mandaban al finado a la capilla con una máquina de refrigeración encima de su ataúd. Lo más desconsolador es que para el día de todos los difuntos el ayuntamiento presuma en su página web de los jardines del cementerio cuando no tiene donde velar a los difuntos.

Más propio de Halloween, si no fuera porque no es una broma macabra. El finado tiene que ser acompañado en la pequeña capilla, con un refrigerador encima del ataúd, ante la mirada atónita de todos los vecinos que acompañan a los familiares en el sentimiento de la pérdida. Lejos de dar una solución inmediata reparando las salas de refrigeración, el ayuntamiento farda en la página web oficial de lo bonitos que van a quedar sus jardines, después de que NC en Teror les hubiese afeado que el césped artificial del campo de futbol no era para colocarlo en el cementerio municipal sino para tirarlo, por el desgaste que ya sufría.

 Nueva Canarias en Teror se pregunta si eso de poner un refrigerador encima del ataúd, reúne condiciones sobre todo con las medidas y protocolos COVID, que aumentan los controles de los cadáveres y el velatorio de los mismos.

Nueva Canarias en Teror, tacha de falta de respeto con los difuntos y sus familiares, de unos gobernantes que no saben tomar decisiones, con una concejala del Partido popular inexperta que no sabe resolver y que tendría que dimitir porque a estas alturas de las circunstancias no vale con la buena intención y con las disculpas permanentes a la que nos tiene acostumbrados, sin aportar soluciones.

En palabras de la dirigente nacionalista y  portavoz de Nueva Canarias de Teror, “ Teror no merece estos gobernantes que demuestran cada día lo ausentes que están de los problemas ciudadanos, de estar Nueva Canarias en Teror ya hubiésemos tenido un velatorio nuevo que reuniera las condiciones que el pueblo merece y en lugar de gastar cerca de 180.000 euros en unos aparcamientos que parecen un scalextric , ese dinero hubiese dado para tener un velatorio en condiciones, digno de lo que merecen nuestros vecinos, concluye Isabel Guerra.  

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Redacción NorteGranCanaria

EL problema sobre la Vivienda en España “Cuando la política llega tarde a la realidad”

¿Qué ocurrirá si el Congreso tumba hoy los llamados «Decretos Maricarmen»? La vivienda se ha convertido en uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. No hace falta acudir a complejas estadísticas para constatarlo. Basta con escuchar a los jóvenes que no pueden emanciparse, a las familias que destinan una parte creciente de sus ingresos al alquiler o a quienes viven con la incertidumbre permanente de perder el hogar donde han construido su vida. En este contexto llegan al Congreso los dos Decretos ley que han sido bautizados popularmente como «Decretos Maricarmen», en referencia al caso que ha servido para visibilizar una realidad que afecta a miles de personas y que ha vuelto a situar el problema de la vivienda en el centro del debate público. Sin embargo, la propia tramitación de estas medidas pone de manifiesto las profundas diferencias existentes en torno a cómo afrontar esta crisis. Aunque previsiblemente contarán con el respaldo de quienes sostienen al Gobierno social comunista de Pedro Sánchez, incluso dentro de la propia mayoría parlamentaria abundan las voces que consideran insuficiente su alcance. Para unos representan un avance necesario; para otros, apenas un parche temporal; y para sus detractores, generan dudas jurídicas, económicas y sociales que no deberían ser ignoradas. La cuestión que me planteo no es tanto quién tiene razón en este debate, sino qué ocurriría si e viernes (hoy), estos decretos no consiguieran superar la votación de convalidación en el Congreso. Desde un punto de vista estrictamente jurídico, la consecuencia sería clara. Como sucede con cualquier Decreto Ley rechazado por la Cámara, perdería su vigencia y dejaría de producir efectos. Las medidas extraordinarias que incorpora desaparecerían del ordenamiento, salvo aquellas situaciones ya consolidadas durante su período de aplicación. Pero las consecuencias irían mucho más allá de lo legal. En el plano político, el Gobierno social comunista de Pedro Sánchez, sufriría un importante revés parlamentario. No tanto por la pérdida de una votación concreta, algo relativamente habitual en una democracia, sino porque evidenciaría las dificultades para articular consensos incluso entre quienes coinciden en el diagnóstico general del problema. Resulta difícil convencer a la ciudadanía de la urgencia de una medida cuando quienes están llamados a impulsarla discrepan sobre su alcance apenas unos días antes de someterla al voto. Desde una perspectiva social, las interpretaciones serían inevitablemente diversas. Muchos ciudadanos percibirían el rechazo como una oportunidad perdida para reforzar la protección de personas especialmente vulnerables. Otros entenderían que se ha evitado la aprobación apresurada de unas medidas que consideran insuficientemente estudiadas o con posibles efectos indeseados sobre el mercado de la vivienda. Y precisamente ahí aparece una de las grandes contradicciones de este debate. Mientras los partidos intercambian reproches y defienden sus distintas recetas, la realidad sigue avanzando a mayor velocidad que la política. El acceso a una vivienda asequible continúa deteriorándose, los precios del alquiler permanecen en niveles difíciles de asumir para numerosos hogares y la oferta pública sigue siendo claramente insuficiente. Por eso tengo la impresión de que el verdadero debate no debería limitarse al éxito o fracaso parlamentario de estos decretos. Porque, aunque finalmente fueran aprobados, nadie parece sostener seriamente que resolverán por sí solos un problema estructural que lleva años acumulándose. Y si fueran rechazados, la crisis de la vivienda seguiría exactamente dónde está hoy. Lo preocupante no sería únicamente que las medidas fueran tumbadas por el Congreso. Lo verdaderamente inquietante sería constatar que, una vez más, los representantes públicos son capaces de coincidir en el diagnóstico de una emergencia social y, al mismo tiempo, incapaces de construir una respuesta sólida, duradera y ampliamente compartida. La sensación que percibe una parte creciente de la ciudadanía es que la política corre siempre varios pasos por detrás de la realidad. El problema de la vivienda no nació ayer ni apareció de repente por la repercusión mediática de un caso concreto. Lleva años agravándose mientras administraciones de distinto signo observaban cómo el acceso a una vivienda digna se transformaba progresivamente en una aspiración cada vez más difícil para miles de personas. Por eso, si los decretos salen adelante, el Gobierno tendrá la obligación de demostrar que no se trata únicamente de una reacción precipitada ante la presión social del momento. Y si son rechazados, toda la responsabilidad no podrá recaer exclusivamente sobre quienes voten en contra. También deberá recaer sobre quienes no fueron capaces de negociar, convencer o construir los consensos necesarios para sacar adelante unas medidas que calificaban de urgentes. Porque cuando una cuestión afecta a uno de los pilares fundamentales de la estabilidad personal y familiar, el fracaso nunca es exclusivamente parlamentario. Es también político. Y quizás ahí resida la principal crítica que puede formularse sobre todo este episodio. Una vez más, el ciudadano contempla cómo las instituciones discuten procedimientos, estrategias y cálculos partidistas mientras miles de personas siguen esperando respuestas efectivas. La vivienda no necesita más eslóganes, ni más gestos de cara a la galería, ni soluciones concebidas únicamente para superar una votación. Necesita políticas serias, previsibles, sostenidas en el tiempo y capaces de sobrevivir a los cambios de gobierno. Mi opinión, tan personal como sincera, de viejo lobo de mar y además mauro de Telde, , es que el verdadero examen no se celebrará hoy viernes en el Congreso. El verdadero examen llegará dentro de unos años, cuando los ciudadanos puedan comprobar si las decisiones adoptadas sirvieron realmente para facilitar el acceso a una vivienda digna o si todo quedó reducido a otro episodio más de confrontación política. Si entonces el problema sigue siendo el mismo, poco importará quién ganó aquella votación. Porque cuando la política llega tarde a la realidad, los vencedores parlamentarios suelen multiplicarse, pero los ciudadanos terminan perdiendo siempre. La cosa está tan fea, que usando una típica expresión canaria le digo al gobierno de Pedro Sánchez… Quiera Dios que acierten con este nuevo novio, poque si no… Aunque, por otra parte, y se lo digo así con la boca llena…, para el tiempo que les queda en este patio… ¡Qué corra la zapatilla! Y como