Los ganadores de la décima edición de Entre Cortijos reciben sus trofeos y un exquisito Queso de Guía

El Centro Turístico La Bodega, en el casco histórico de Guía,  fue el escenario escogido para la entrega de premios a  los ganadores de la décima edición de la carrera Entre Cortijos celebrada el pasado fin de semana en Montaña Alta con cuyo triunfo se alzaron  el grancanario  Alejandro Mayor y la belga Dominique Van Mechechegelen en la prueba reina de 26 kilómetros; y Eloin Flynn y Estela Guerra en la modalidad de 15 kilómetros.

Con la participación de cerca 800 corredores y un cartel de favoritos que incluía los mejores atletas de toda Canarias, esta prueba  estrenaba,  además, su carácter nacional tras su su inclusión este año en el calendario oficial de la Real Federación Española de Atletismo. El primer teniente de alcalde y concejal de Deportes, Alfredo Gonçalves, y la concejala del Sector Primario, Tere Bolaños, fueron los encargados de hacer entrega de los trofeos, un premio al que se sumó, también, un exquisito Queso de Guía, elaborado en el Cortijo de Pavón.

El éxito y la excelencia a todos los niveles de esta carrera en su décimo aniversario “es de todos”, subrayó Gonçalves, “de los corredores, por supuesto, pero también de los voluntarios que arriman el hombro para que todo salga bien ese día, de las instituciones que nos apoyan como el Instituto Insular de Deportes,  de la empresa Arista, organizadora de la prueba, y de aquellas otras empresas que han colaborado también,  logrando entre todos que este año la carrera haya brillado a pesar de las circunstancias en que nos encontramos”, en referencia a la crisis sanitaria.

El responsable municipal de Deportes dedicó, además, unas palabras de especial “recuerdo y agradecimiento a aquellas  personas que hace diez años tuvieron esta idea extraordinaria, la creación de una carrera que discurriese por los cortijos y paisajes vinculados al Queso de Guía,  una iniciativa que en este 2021 se ha consolidado en el calendario nacional de las carreras de montaña”, resaltó.

Compartir
Más Noticias

Suscribete a nuestro newsletter

Julio Marino
Articulos
NGC

1º de Mayo: Cuando la historia interpela al presente

El Día Internacional de los Trabajadores no es una efeméride más. Es una fecha que, cada año, nos obliga a detenernos y mirar de frente una verdad incómoda: la historia del trabajo es la historia de un conflicto permanente entre quienes producen la riqueza y quienes la administran, la reparten o la acumulan. Esa tensión, lejos de ser un vestigio del pasado industrial, sigue definiendo buena parte de las dinámicas laborales del siglo XXI. Para entender la fuerza simbólica del 1º de Mayo hay que volver a Chicago, 1886. A una ciudad que hervía de fábricas, inmigración y desigualdad. A un movimiento obrero que, harto de jornadas de hasta 14 horas, decidió exigir algo tan básico como la jornada de ocho. La huelga, la represión, la revuelta de Haymarket y la ejecución de varios sindicalistas marcaron un punto de inflexión. Aquellos hechos no solo alumbraron una fecha: alumbraron una conciencia; la conciencia de que la dignidad laboral no se concede, se conquista. Más de un siglo después, el 1º de Mayo sigue siendo un espejo. Lo que refleja hoy es un paisaje laboral profundamente transformado, pero atravesado por tensiones que resultan inquietantemente familiares. La sombra de la precariedad La economía global ha cambiado de forma radical. La digitalización, la automatización, la transición ecológica y la reorganización de las cadenas de valor han reconfigurado el empleo; sin embargo, estos cambios no han venido acompañados, en todos los casos, de una mejora equivalente en las condiciones de vida de quienes trabajan. La precariedad se ha extendido como una sombra persistente: contratos temporales, jornadas parciales involuntarias, salarios que no acompañan el coste de la vida e incertidumbre permanente. La brecha salarial, especialmente para mujeres y jóvenes, sigue siendo una herida abierta. Además, la fragmentación del mercado —con trabajadores de plataformas, falsos autónomos y empleos intermitentes— ha debilitado la capacidad de negociación de amplios sectores. La paradoja es evidente: nunca se ha producido tanta riqueza, y nunca ha sido tan evidente que esa riqueza no se distribuye de forma equitativa. El desafío tecnológico: ¿Progreso para quién? La digitalización es uno de los grandes vectores de cambio. Puede mejorar la productividad y reducir tareas repetitivas, pero también puede convertirse en un instrumento de control e intensificación si no se regula adecuadamente. El teletrabajo, por ejemplo, ha demostrado su potencial para conciliar, pero también ha difuminado fronteras y extendido jornadas. Por su parte, la inteligencia artificial puede aumentar la eficiencia, pero también desplazar empleos o precarizarlos si no se acompaña de formación y protección. El 1º de Mayo obliga a plantear una pregunta esencial: ¿Progreso en qué condiciones? La tecnología no es neutral; su impacto depende de decisiones políticas, empresariales y sociales. Una llamada a la acción Desde una perspectiva institucional, este día recuerda que el Estado no puede limitarse a observar. Debe actuar y garantizar que el progreso económico se traduzca en progreso social. El diálogo social —entre gobiernos, sindicatos y empresas— no es un trámite, es una herramienta imprescindible para evitar que los cambios generen exclusión. Pero el 1º de Mayo también tiene una dimensión combativa que no debe diluirse. No es aceptable que la precariedad se normalice, ni que la juventud viva con menos expectativas que generaciones anteriores. No es aceptable que la tecnología se utilice para intensificar ritmos en lugar de mejorar la vida. Esta fecha no es nostalgia; es una advertencia. Una llamada a no dar por sentado lo que costó generaciones conquistar. Una invitación a construir un futuro donde el trabajo no sea un factor de vulnerabilidad, sino un pilar de dignidad. Porque la historia lo demuestra: cuando los trabajadores avanzan, avanza toda la sociedad. Y cuando retroceden, retrocedemos todos. ¡Qué cosas!