Tomás Pérez arranca el compromiso económico de la Consejería de Agricultura del Gobierno de Canarias para hacer frente a la plaga del hongo mildiu que está afectando al sector tomatero

El alcalde de La Aldea de San Nicolás, Tomás Pérez, ha arrancado este lunes el compromiso económico de la Consejería de Agricultura, Ganadería y Pesca del Gobierno de Canarias para ayudar a los productores del sector tomatero afectado por el hongo mildiu.

En este sentido, Pérez ha señalado, durante la visita institucional realizada al municipio por el viceconsejero de  Agricultura, Ganadería y Pesca del Gobierno de Canarias Álvaro de la Bárcena, que actualmente en La Aldea de San Nicolás hay afectadas “más de 20 hectáreas de tomateros por este hongo, un 20% de la producción total del municipio, cifrada en aproximadamente 100 hectáreas”. De ellas, “once hectáreas están casi arrancadas, y es casi imposible que se pueda mantener la zafra”.

“Esto supone pérdidas económicas importantes para la producción del tomate en el municipio, a la vez que genera pérdidas de puestos de trabajo”, ha advertido el regidor municipal, quien ha recordado que “este problema se produjo hace dos años, y también necesitó la intervención del Ejecutivo regional”.

Por ello, ha agradecido al viceconsejero, a los técnicos y a la consejera de Agricultura, Ganadería y Pesca del Gobierno de Canarias, Alicia Vanoostende, su “preocupación por la situación del sector tomatero en el municipio y por las ayudas que se van a poner en marcha desde su área”.

“El sector del tomate es un sector estratégico para el municipio, con valor etnográfico, económico y social”, ha indicado Pérez. Y ha añadido que además “es uno de los sectores económicos más importantes de La Aldea de San Nicolás, ya que no hay ningún otro sector que genere tanto empleo ahora mismo en el municipio”.

Por su parte, el viceconsejero de Agricultura, Ganadería y Pesca del Gobierno de Canarias, Álvaro de la Bárcena, ha señalado que “en esta ocasión las ayudas se agilizarán, y se trabajará para que se abonen dentro de la misma campaña de la zafra”.

“En la anterior ocasión, teniendo en cuenta que era una ayuda sin precedente, se hizo en tiempo récord”, ya que “esta catástrofe agraria no estaba reflejada por Agroseguro, y por lo tanto, hubo que elaborar una ayuda de forma directa para los afectados por el hongo mildiu”.

“La afección que ha tenido La Aldea de San Nicolás y parte de Gran Canaria con este hongo ha sido un verdadero varapalo”, puesto que “hay que tener en cuenta que tras superar el efecto Brexit, la Covid y todos los problemas que ha habido con el tomate, esta fruta estaba recuperando su cuota en el mercado europeo”, ha indicado el viceconsejero.

Por ello, de la Bárcena ha incidido en que “desde el Gobierno de Canarias pondrán sobre la mesa las medidas oportunas para que los productores de La Aldea de San Nicolás puedan superar este obstáculo”. Asimismo, se ha comprometido a “recortar los plazos todo lo posible”.

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EE.UU.: El país que camina con un fusil en la mano y un espejo roto en el bolsillo

Una reflexión necesaria sobre la dualidad de una nación forjada entre el mito de la libertad y el peso de su propia sombra. Por desgracia, nos estamos acostumbrando —si no lo estamos ya del todo— a despertarnos cada día con un titular de periódico o un avance de telediario que nos escupe la violencia desatada en la sociedad estadounidense. Como viejo lobo de mar, con mucho salitre acumulado en los ojos y el orgullo de ser de Telde, estas noticias me han empujado a una reflexión que no pretende ser una verdad absoluta, sino la visión madura de quien ha visto mucho mundo y prefiere mirar más allá de la superficie. La sociedad de los Estados Unidos es un escenario de contrastes que marean. Es el lugar donde puede ocurrir un tiroteo masivo y, a la vez, donde nacen las iniciativas ciudadanas que más conmueven al planeta. Es la potencia que interviene militarmente en tierras lejanas mientras lidera esfuerzos humanitarios globales. Se divide internamente hasta el abismo, pero posee una capacidad casi mística para reinventarse. Quizá la clave para entenderlos esté en aceptar que es una nación que convive con su propia sombra: una oscuridad que no la define por completo, pero que es imposible de ignorar. Dos narrativas, un abismo Hoy, Estados Unidos parece fracturado en dos realidades irreconciliables. No hablamos solo de demócratas y republicanos; hablamos de dos visiones del mundo, dos identidades culturales y dos formas opuestas de entender qué significa ser estadounidense. Los medios y las redes sociales han convertido la discrepancia en enemistad. El adversario ya no es alguien con quien debatir, sino alguien a quien temer. Y el miedo, cuando echa raíces, siempre termina abriendo la puerta a la violencia. Comprender esa tensión constante entre la luz y la oscuridad es esencial para descifrar no solo los titulares sangrientos, sino la complejidad de un país que sigue manejando el timón del destino del mundo. Una historia escrita con pólvora Hay países que se construyen sobre mitos y otros que lo hacen sobre heridas. Estados Unidos pertenece a ambos. Se proclama como el “faro de la libertad”, pero su violencia interna brota desde los cimientos. La independencia de la nación no fue un pacto diplomático, sino una guerra que dejó 25.000 muertos, una cifra colosal para finales del siglo XVIII. Poco después, la «Conquista del Oeste» desplazó a más de 60 tribus indígenas, un proceso de exterminio que a menudo se nos vende como una epopeya romántica cuando fue ocupación a sangre y fuego. Luego, la Guerra Civil (1861-1865) con sus 600.000 fallecidos, dejó una herida racial, cultural y económica que todavía late bajo la piel del país. Desde entonces, la guerra parece haberse convertido en un hábito: Cuba, Filipinas, Vietnam, Corea, Irak, Afganistán… Para EE. UU., el conflicto no es un episodio, es una constante. El mito sagrado del arma Para un europeo, resulta incomprensible la vigencia de la Segunda Enmienda. Lo que nació en 1791 como una necesidad de milicias coloniales, hoy es un símbolo sagrado. Con más de 390 millones de armas en circulación —más que habitantes—, el objeto ha pasado a ser identidad. Tres de cada diez adultos poseen una, y la mayoría asegura que jamás renunciaría a ella. Es la frontera mental entre su concepto de «libertad» y la «opresión». El problema es que, cuando un mito se arma, la realidad suele quedar desarmada. Entre Martin Luther King y el supermercado Sería injusto decir que el estadounidense medio es violento. No olvidemos que este es también el país de Martin Luther King, de los movimientos por los derechos civiles y de las protestas pacíficas que han cambiado la conciencia del mundo. Es una nación capaz de lo mejor y de lo peor: de enviar un hombre a la Luna y, al mismo tiempo, permitir que un adolescente compre un rifle semiautomático en un supermercado. La violencia allí no es genética, es estructural. Es una herencia que se filtra en la política y en la vida cotidiana. Estados Unidos avanza con un fusil en la mano (su mito fundacional) y un espejo roto en el bolsillo (su imagen fragmentada). Reflexión final Quizá la pregunta no sea si Estados Unidos es un país violento, sino por qué no ha logrado romper el ciclo histórico que lo ata a ese destino. Todas las naciones tienen sombras, pero no todas permiten que esa sombra les marque el paso a pie juntillas. Ojalá Dios ilumine a esa gran nación y les ayude a corregir el rumbo, porque sus errores nos pasan factura a todos. Comprender lo que ocurre allí requiere mirar más allá del telediario y analizar las raíces de un país que, para bien o para mal, ha diseñado el mundo en que vivimos. Y para despedirme, como solemos decir por mi tierra: “De verdad que siento, compadre, el royo aquí jincado, pero es que este Julio González el de Telde, cuando coge la tablilla, pega el hombre a hablar y no hay quien lo pare”. ¡Qué cosas!