La red de puntos de recarga de vehículos eléctricos de Gran Canaria incorpora 12 módulos municipales de Gáldar


El Cabildo de Gran Canaria, a través del Consejo Insular de Energía, ha firmado un convenio de colaboración con el Ayuntamiento de Gáldar para integrar las estaciones de recarga de vehículos eléctricos del municipio en la Red Insular de Recarga de Vehículos Eléctricos (RIRVVEE) de Gran Canaria. De esta manera se amplía la capilaridad de la red insular, que ya cuenta con puntos de recarga en todos los municipios de Gran Canaria, lo que facilita la implementación en la isla de un modelo energético alternativo para alcanzar la máxima soberanía energética mediante el empleo de energías renovables.

El coordinador técnico de Desarrollo Económico, Soberanía Energética, Clima y Conocimiento del Cabildo de Gran Canaria, Raúl García Brink, resaltó que “me gustaría destacar la buena sintonía y cooperación con el Ayuntamiento de Gáldar porque sabemos lo complicado que es para los ayuntamientos gestionar y mantener sus puntos de recarga. Nuestro deseo es que esta iniciativa siga calando en otros municipios”.

El alcalde de Gáldar, Teodoro Sosa Monzón, señaló que “entendíamos que no podíamos estar gestionando los puntos de recarga por separado y de ahí la importancia de que a partir de ahora sea una diligencia insular para que llegue a todos los puntos de la isla a través de la aplicación móvil del Cabildo”. Las doce estaciones de recarga que se adhieren a la red insular están localizadas en la Avenida Alcalde Antonio Rosas (Sardina), en el aparcamiento Las Guayarminas y en el aparcamiento La Quinta.

Ampliación continua de la red insular

El Cabildo completa la instalación de puntos de recarga en todos los municipios de la Isla. Con estos doce en Gáldar, la cifra se elevaría a 43 instalaciones distribuidas por toda la geografía de Gran Canaria, lo que facilita a los usuarios la obtención de la energía necesaria para continuar cualquier trayecto con total tranquilidad. Además, la App Movilidad Eléctrica GC y la web www.movilidadelectricagrancanaria.com permiten consultar en tiempo real la ubicación, el estado de los cargadores, reservarlos, iniciar la carga y hasta pagar las tasas correspondientes para facilitar el uso de este recurso en pro de una isla más verde.

Las energías limpias se incorporan al Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada

Este viernes también se ha presentado ante los medios de comunicación el avance en el proyecto de la Cueva Pintada. El Cabildo de Gran Canaria y el Ayuntamiento de Gáldar colaboran para la instalación de una planta fotovoltaica de 700 kilovatios en la cubierta del espacio arqueológico, con un presupuesto de más de dos millones de euros que incorporará “las energías limpias en este recurso de Patrimonio Histórico, combinando la parte medioambiental con la recuperación estética del techo de la Cueva Pintada”, explicó el alcalde.

Por su parte, Raúl García Brink resaltó que “estamos muy satisfechos con este proyecto, la primera planta fotovoltaica con criterios estéticos de Gran Canaria que incorporará algunos de los motivos presentes en el friso de la cueva”. Además, la energía sobrante de esta instalación se utilizará para generar una comunidad energética con los vecinos del casco urbano de Gáldar.

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Redacción NorteGranCanaria

Venezuela y… ¿Qué hay de lo mío?

Venezuela y… ¿Qué hay de lo mío? “Escribo este articulo con mi pluma mojada en salitre, mi amor por Venezuela; segunda patria, y el faro del corazón encendido”.   Por: Julio César González Padrón Hay países que no navegan, sobreviven. Países que avanzan como cascos agujereados, remendados con promesas rotas, empujados por un pueblo que ya no rema por esperanza, sino por pura supervivencia. Venezuela, mi Venezuela del alma, es uno de ellos. Un barco que lleva años atrapado en una tormenta que no figura en ningún atlas, una tormenta que el mundo observa desde la distancia como quien mira un naufragio ajeno y decide que no es asunto suyo. Un barco a quien tanto debemos los españoles y muy especialmente los canarios. El 3 de enero, la operación “Resolución Absoluta” del ejército estadounidense, detuvo al dictador Nicolás Maduro y a su esposa Delcy Rodríguez. El mundo entero creyó escuchar el crujido del casco chavista partiéndose en dos. Muchos venezolanos, agotados de remar contra la miseria, sintieron que por fin la tormenta cedía, que el horizonte se abría, que la historia —esa vieja capitana caprichosa— había decidido mover ficha. Pero ocho meses después, la mar —que nunca engaña— nos escupe la verdad en la cara y “el régimen chavista sigue en pie”. No solo en pie, sino que “más vivo y sano que nunca”, sostenido por intereses extranjeros, por silencios cómplices, cobardes y por mediadores que ya no meden, sino que protegen. Washington, con Donald Trump al timón, ha demostrado que la democracia venezolana le importa menos que un bidón de petróleo. La libertad del pueblo venezolano no es prioridad para “el rubio pistolero de aldea del salvaje oeste americano”. Claro, la única prioridad “son las riquezas del subsuelo de Venezuela”. Y mientras tanto, el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero continúa apareciendo en Caracas como si fuera el farero oficial del chavismo, encendiendo luces que solo iluminan a los verdugos y dejando en sombra a las víctimas. Su apoyo al régimen chavista —siempre presentado como “mediación”, “diálogo” o “puentes”— se ha convertido en un misterio que huele a humedad, a camarote cerrado demasiado tiempo. Porque mientras Venezuela se hundía, el traidor de Zapatero insistía en lavar la cara del chavismo,en defender lo indefendible, en justificar lo injustificable, en blanquear lo que ya no admitía más pintura. El traidor e impresentable “joyero” del Zapatero, bajo mi opinión, no era mediador: “era el práctico del puerto chavista”, guiando al régimen entre arrecifes diplomáticos para que no encallara. Un hombre que hablaba de diálogo, mientras ignoraba torturas, desapariciones, censura y hambre. Un hombre que parecía y parece actualmente con su discípulo aventajado Pedro Sánchez, más preocupados por salvar sus respectivas reputaciones y las del chavismo, que por salvar al hermano pueblo venezolano. Los viejos lobos de mar —los que hemos visto barcos hundirse por culpa de capitanes que juraban tenerlo todo bajo control— sabemos reconocer cuando una operación militar no es una liberación, sino un simple cambio de manos. Y eso fue desgraciadamente la operación Yankee “Resolución Absoluta; un relevo de timón, no un cambio de rumbo”. Porque el chavismo, aunque descabezado, sigue respirando. Sigue mandando. Sigue saqueando. Sigue oprimiendo. Y lo hace con la bendición de quienes deberían exigir democracia, no negociar con su ausencia. Si, lamentablemente ocho meses después, el régimen chavista sigue en pie. No solo en pie, sino, además, “reorganizado, rearmado, reoxigenado”. Como esos cascos podridos que, aunque deberían hundirse, flotan porque alguien desde fuera les sigue apuntalando las cuadernas. Los presos políticos han sido liberados a cuentagotas, con condiciones que más parecen cadenas invisibles que gestos de justicia. Por eso, la pregunta que resuena hoy en Venezuela y en los que amamos a ese gran país hermano, del cual nos sentimos parte inseparable los canarios —y en la conciencia de quienes aún conservan dignidad— es un rugido que atraviesa océanos… ¿Para cuándo la liberación total del pueblo venezolano? ¿Para cuándo el regreso a un régimen democrático que no dependa de la voluntad de un líder extranjero ni de los intereses de una potencia? ¿Para cuándo el fin de los silencios, de las excusas, de los mediadores que ya no median, de los aliados que ya no ayudan, de los enemigos que ya no asustan? Porque no nos engañemos, la libertad no llega por decreto. No llega por operaciones militares. No llega por promesas de líderes que miran más al subsuelo que a la gente, como es el caso del “pistolero rubio americano, Donal Trump”. La libertad llega cuando un pueblo decide que ya no quiere ser espectador, sino capitán de su propio destino. Cuando la comunidad internacional deja de mirar hacia otro lado. Cuando los aliados dejan de ser cómplices. Cuando los enemigos dejan de ser excusas, cuando un pueblo entero pone “sus cojones sobre la mesa” y grita… ¡Basta ya! Soy venezolano y por mis venas circula sangre española e isleña. Venezuela no necesita salvadores. Necesita “horizonte” como que el que le señaló Simón Bolívar en 1810, y ese horizonte solo llegará de nuevo, cuando la presión interna y externa coincidan en un punto; “el respeto absoluto a los derechos humanos y a la voluntad popular”. Mientras tanto, el pueblo venezolano, nuestros hermanos, sigue esperando, como un marinero que mira al océano y pregunta, con la paciencia rota y el alma en guardia: “¿Y de lo mío… pá cuándo compadre?”   Muchos venezolanos, y no pocos españoles, especialmente canarios, que sentimos a este país como nuestra segunda patria, nos preguntamos… ¿Qué clase de brújula usa el presidente Trump? ¿Quizás o tal vez una brújula que siempre apunta hacia Caracas y a las riquezas de su subsuelo, pero nunca hacia la libertad real del pueblo llano venezolano? ¿Una brújula que parece más interesada en proteger a los capitanes del naufragio que en rescatar a los pasajeros? Los marinos veteranos —los que hemos visto demasiados naufragios como para creer, y ya tenemos “clacas” incrustadas hasta en los “c….” de tanta mar navegada, sabemos distinguir a un pulpo de