Los niños siempre dicen la verdad

Estaba sentado, como cada día, en el renovado banco que habían puesto en el rellano del portal del viejo edificio. Pasaba allí horas escondido tras la celosía de cemento, oculto a las miradas de los que transitaban por la calle. Algún vecino curioso le preguntaba qué esperaba allí a diario. Y él, socarrón, le decía que «esperar a que vengan a buscarme». Porque se sentía pobre y abandonado.

La muerte de su compañera, hacía ya unos años, y el vuelo de sus hijos al extranjero en busca de una vida mejor con los estudios que él les pagó, le habían dejado solo consigo mismo. Y allí, detrás de la celosía de cemento que le impedía ver el bosque de edificios, se imaginaba lo que no distinguía. En otro tiempo, habría inventado historias de la gente que pasaba, de los edificios que se tambaleaban, o sobre la lluvia que limpiaba la calima. Pero, ahora, no tenía a quién contárselas.

Desde hace unos días, cuando empezaron las clases, un pequeñajo se sienta a su lado cuando la abuela le trae del colegio. Ella, sin preguntar, le deja allí y, al cabo de un rato, llega su hermana del instituto y se lo lleva para la casa.

Él ya no quiere hablar con nadie, y no le hace caso a las preguntas curiosas del chinijo. Pero no piensen que eso le impedía al niño seguirle interrogando. Así que era un alivio para nuestro protagonista cuando su hermana llegaba y, muy amablemente, como buena adolescente, se lo llevaba cogiéndolo del brazo, sin saludar, y sin mirar nada que no fuera su móvil.

Pero, hoy, todo cambió. El niño consiguió llamar su atención apenas unos minutos antes de que llegase la móvil-dependiente. Entre pregunta y pregunta, le dijo:

—¿Sabes? De mayor yo quiero ser como tú.

Pasada la sorpresa inicial, y captada por fin su atención, le habló por primera vez.

—¿Por qué?

—Porque eres rico.

—No, yo no soy rico, pequeño.

—Sí, si lo eres. No trabajas, pasas aquí el tiempo que quieres, puedes hacer lo que te dé la gana, nadie te manda, y puedes marcharte cuando quieras. Sí, eres muy rico —le volvió a decir, antes de que el brazo arrastrase el resto de su cuerpo junto a su hermana.

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Julio Marino
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1º de Mayo: Cuando la historia interpela al presente

El Día Internacional de los Trabajadores no es una efeméride más. Es una fecha que, cada año, nos obliga a detenernos y mirar de frente una verdad incómoda: la historia del trabajo es la historia de un conflicto permanente entre quienes producen la riqueza y quienes la administran, la reparten o la acumulan. Esa tensión, lejos de ser un vestigio del pasado industrial, sigue definiendo buena parte de las dinámicas laborales del siglo XXI. Para entender la fuerza simbólica del 1º de Mayo hay que volver a Chicago, 1886. A una ciudad que hervía de fábricas, inmigración y desigualdad. A un movimiento obrero que, harto de jornadas de hasta 14 horas, decidió exigir algo tan básico como la jornada de ocho. La huelga, la represión, la revuelta de Haymarket y la ejecución de varios sindicalistas marcaron un punto de inflexión. Aquellos hechos no solo alumbraron una fecha: alumbraron una conciencia; la conciencia de que la dignidad laboral no se concede, se conquista. Más de un siglo después, el 1º de Mayo sigue siendo un espejo. Lo que refleja hoy es un paisaje laboral profundamente transformado, pero atravesado por tensiones que resultan inquietantemente familiares. La sombra de la precariedad La economía global ha cambiado de forma radical. La digitalización, la automatización, la transición ecológica y la reorganización de las cadenas de valor han reconfigurado el empleo; sin embargo, estos cambios no han venido acompañados, en todos los casos, de una mejora equivalente en las condiciones de vida de quienes trabajan. La precariedad se ha extendido como una sombra persistente: contratos temporales, jornadas parciales involuntarias, salarios que no acompañan el coste de la vida e incertidumbre permanente. La brecha salarial, especialmente para mujeres y jóvenes, sigue siendo una herida abierta. Además, la fragmentación del mercado —con trabajadores de plataformas, falsos autónomos y empleos intermitentes— ha debilitado la capacidad de negociación de amplios sectores. La paradoja es evidente: nunca se ha producido tanta riqueza, y nunca ha sido tan evidente que esa riqueza no se distribuye de forma equitativa. El desafío tecnológico: ¿Progreso para quién? La digitalización es uno de los grandes vectores de cambio. Puede mejorar la productividad y reducir tareas repetitivas, pero también puede convertirse en un instrumento de control e intensificación si no se regula adecuadamente. El teletrabajo, por ejemplo, ha demostrado su potencial para conciliar, pero también ha difuminado fronteras y extendido jornadas. Por su parte, la inteligencia artificial puede aumentar la eficiencia, pero también desplazar empleos o precarizarlos si no se acompaña de formación y protección. El 1º de Mayo obliga a plantear una pregunta esencial: ¿Progreso en qué condiciones? La tecnología no es neutral; su impacto depende de decisiones políticas, empresariales y sociales. Una llamada a la acción Desde una perspectiva institucional, este día recuerda que el Estado no puede limitarse a observar. Debe actuar y garantizar que el progreso económico se traduzca en progreso social. El diálogo social —entre gobiernos, sindicatos y empresas— no es un trámite, es una herramienta imprescindible para evitar que los cambios generen exclusión. Pero el 1º de Mayo también tiene una dimensión combativa que no debe diluirse. No es aceptable que la precariedad se normalice, ni que la juventud viva con menos expectativas que generaciones anteriores. No es aceptable que la tecnología se utilice para intensificar ritmos en lugar de mejorar la vida. Esta fecha no es nostalgia; es una advertencia. Una llamada a no dar por sentado lo que costó generaciones conquistar. Una invitación a construir un futuro donde el trabajo no sea un factor de vulnerabilidad, sino un pilar de dignidad. Porque la historia lo demuestra: cuando los trabajadores avanzan, avanza toda la sociedad. Y cuando retroceden, retrocedemos todos. ¡Qué cosas!