La Guardia Civil investiga a una persona por hurto de joyas y dinero
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  • El valor de las joyas sustraídas alcanzó a 22.000 euros y 30.000 euros en metálico
  • La investigación se inició en septiembre del año 2.022 

A finales del mes de marzo, la Guardia Civil ha llevado a cabo la investigación de una persona como presunta autora del hurto de joyas valoradas en unos 22.000 euros y 30.000 euros en metálico.

Los hechos se remontan a septiembre del pasado año 2022, cuando la Guardia Civil de Agüimes tuvo noticia del hurto de una gran cantidad de joyas valoradas en 10.000 euros que se encontraban custodiadas en el joyero y en una caja fuerte de una vivienda particular.

Ante este suceso, los agentes del área de investigación de la Guardia Civil del Puesto Principal de Agüimes asumieron la responsabilidad de esclarecer los hechos, iniciando así una exhaustiva investigación.

En un primer momento, las pesquisas se dirigieron hacia una persona concreta, dado que existían indicios de su posible implicación en delitos similares cometidos de forma continuada. No obstante, esa línea de investigación se desechó al no hallarse pruebas concluyentes que vincularan a dicha persona con el hurto.

Fue en el mes de enero del presente, cuando los agentes recibieron una nueva denuncia, en el mismo domicilio se había producido otro robo de joyas, esta vez valoradas en 12.000 euros, bajo circunstancias similares a las del primer incidente. Además, los propietarios notaron la desaparición de 30.000 euros en efectivo.

Con las nuevas informaciones recibidas, los agentes decidieron aumentar el círculo de la investigación, comprobando las ventas de oro que se habían sucedido durante estos años. Tras un exhaustivo estudio, se identificó a una persona que, en la primera ocasión, había aportado datos sobre la presunta autoría de los hechos que resultaron falsos, para así, desviar la atención de los investigadores.

Con la información recabada, el área de investigación de la Guardia Civil de Agüimes ha reunido pruebas claras que apuntan a la implicación de esta persona, vinculada al entorno familiar de las víctimas, en la sustracción y posterior venta de las joyas, así como en la apropiación del dinero en efectivo. Todo ello, según las investigaciones, se habría producido de forma continuada en el tiempo, permitiendo así esclarecer los hechos y avanzar en la resolución del caso.

Las diligencias fueron remitidas al Juzgado en funciones de guardia de Telde.

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Redacción NorteGranCanaria

Negros nubarrones se ciernen sobre La Niña III

Si el anterior incendio puso de manifiesto el deterioro continuado de la seguridad pública al permitir el Ayuntamiento que pernoctaran en el interior de la carabela La Niña III indigentes y drogadictos, este segundo incendio debería de abrir los ojos a los que aún quieren confiar en la capacidad municipal para conservar esta singular pieza histórica. Tropezar voluntariamente dos veces en la misma piedra, da sobrados motivos para maliciarse que lo que realmente desea el Ayuntamiento es que desaparezca La Niña III en algún olvidado vertedero y así eliminar el recuerdo y el homenaje debido a la memoria histórica del hecho singular en la historia de la humanidad que fue el Descubrimiento de América por España. El ala política ultrasiniestra quedará así muy complacida. No se trata de otro “accidente” ni mucho menos de algo puramente incidental e imprevisible. Ha habido reiteradas advertencias de mucha gente, entre ellos yo mismo en artículos e intervenciones en radio, sobre las consecuencias destructivas que para nuestro patrimonio implica la negligencia culpable de las autoridades municipales al permitir y tolerar que la carabela fuera usada como dormitorio de marginados. Anunciaron a bombo y platillo que habían encargado un estudio técnico sobre la viabilidad económica de la recuperación, pero transcurrido el plazo que ellos mismos se dieron, no hay noticias de las conclusiones. Precisamente por este detalle, me temo lo peor y se acrecientan mis sospechas de que tal vez haya personajes que no lamenten que la causa, el abandono, haya producido este efecto, el incendio. Soy consciente de que hablar de Cristóbal Colón, el Descubrimiento de América por España y de La Niña III diseñada por el capitán Carlos Etayo, en los entornos municipales y cabildicios no es algo que les guste en demasía. Por eso, cuando se conoció la decisión de encargar un estudio para su restauración tras el primer incendio (por cierto, ya desde antes tenía serios problemas de integridad física por falta de mantenimiento), expuse varias reservas: No acababa de entender el porqué se encargó a un “arquitecto naval” el estudio de viabilidad de la restauración. En realidad no se estaba hablando de reparar un barco para que volviera a navegar, cosa que por razones obvias no se planteaba, sino de restaurar un monumento dañado por el fuego y el abandono. Ese estudio podría realizarlo cualquier experto en restauración de elementos de madera expuestos a la intemperie, como por ejemplo los grandes balcones canarios que vemos en nuestra isla. Si se decidía restaurar la carabela, no era necesario que el trabajo lo ejecutaran carpinteros de ribera, ni tampoco utilizar maderas especiales y por ende muy caras, pues no se esperaba que La Niña III volviera a navegar, sino que fuera un monumento estático singular. Lo que hace especial y única a esa carabela es el hecho de que ese barco viajó a América en el año 1992 tras la estela de Colón al mando del capitán Etayo. Por todo esto, espero y deseo que se tome una rápida y razonada decisión sobre el futuro de esta joya de la arqueología naval y que el ya cercano 12 de Octubre, podamos alegrarnos de que la pieza museística siga entre nosotros con una nueva andadura adscrita al Museo Elder de las Ciencias, que pudiera habilitar una sala especial para la enseñanza de la navegación medieval, los instrumentos de navegación y la cartografía náutica, al igual que hay una sala dedicada a la navegación aérea… paradójicamente somos isleños, rodeados del grandioso Océano Atlántico, pero muchos prefieren mirar los riscos en lugar del diáfano horizonte.