Para quienes hemos tenido la fortuna de colaborar estrechamente con Javier de la Rosa (Tenerife, 1949), su figura no se limita a un currículo impresionante de títulos y galardones. Javier es, ante todo, un humanista infatigable, un hombre cuya vida y obra son un mismo testimonio de fe en la cultura y en la dignidad humana. Su trayectoria es un río ancho que navega entre la teología y las artes escénicas, desembocando en una poesía y prosa que han marcado la literatura canaria y nacional contemporánea.
Un legado que trasciende el reconocimiento
Nacido en La Laguna, Javier ha forjado un camino intelectual que pocos pueden igualar. Licenciado en Teología y Artes Escénicas, y Doctor Honoris Causa por la Universidad de Westbroock (USA), su formación académica se refleja en la profundidad y el rigor de su vasta producción literaria. Autor de más de cuarenta publicaciones, su voz ha resonado tanto en prosa como en poesía, y su labor como crítico de arte ha sido fundamental para entender el panorama cultural de las últimas décadas.
El mundo ha reconocido su valor de múltiples formas. Javier de la Rosa ha sido distinguido con el Premio Nacional de Periodismo “Leoncio Rodríguez”, el Premio Nacional de Poesía “Hernán Esquío”, y el prestigioso Premio Italia de Poesía de la Academia Vesuviana. Su compromiso social lo llevó a ser Diputado para la Comisión de Cultura y Drama del Parlamento Mundial de los Estados (ONU). Académico en Roma y Sicilia, y Medalla de Plata de “Arts, Sciences et Lettres” de París, su nombre llegó a figurar como Candidato al Premio Nobel de Literatura IWA (USA) en 2015, año en que también recibió el Premio de la World Jurist Association (W.J.A.) por su defensa de los Derechos Humanos.
El refugio del arte y el hogar
Más allá de los laureles, la vida de Javier tiene un anclaje profundo en su tierra y en su familia. Hijo Predilecto de la Ciudad de La Laguna, su existencia ha transcurrido en el vaivén vital entre esta ciudad y Santa Cruz de Tenerife, donde siempre ha encontrado la calma necesaria para la creación.
Un capítulo fundamental y entrañable en su historia es su relación con Agaete, municipio grancanario donde él y su esposa mantuvieron durante años una casa de veraneo. Fue en este rincón lleno de luz donde nació el llamado «Museo Javier de la Rosa». Este espacio, que durante años custodió una parte vital de su esencia, cerró sus puertas, y hoy su valioso fondo artístico ha encontrado un nuevo hogar en el Museo Casa Panero en Astorga (León), donde permanece a buen recaudo como parte fundamental de su legado.
Precisamente, su amor por la familia y el arte se fusionó de manera única en su obra: su esposa, en un gesto de amor y complicidad artística, ilustró varias de sus publicaciones, creando un diálogo visual que enriquece cada palabra del autor.
La vigencia de un maestro
Mi propia experiencia personal me ha permitido presenciar la dedicación de Javier a nuevos proyectos. Como colaborador en proyectos expositivos que él mismo dirigió, y habiéndo presentado varias muestras tanto en Tenerife como en Gran Canaria, puedo dar fe de su inagotable curiosidad y su compromiso con los nuevos talentos.
Javier de la Rosa sigue siendo hoy, a pesar de la pandemia de los años y los reconocimientos, el mismo hombre sencillo que firma libros con la misma emoción que el primer día. Ya sea posando con la sonrisa franca del maestro o concentrado en la dedicatoria de un ejemplar, como podemos apreciar en las imágenes que acompañan este texto, su figura sigue siendo un faro en nuestra cultura, recordándonos que la palabra, cuando nace de la verdad, es eterna.
Epilogo
LA REINETA de VALSENDERO.
Felipe Juan siempre en su línea de ser un ser de acercamiento y hacedor de proyectos que conllevan la colaboración de diferentes propuestas de diálogos, en este caso artes plásticas, de su propia mano, esa que da sello a su personal creatividad, y, en esta ocasión, a la poesía de Javier De la Rosa, posibilitando la fusión de ambas en un diálogo cercano y cargado de canariedad.
En sus pequeñas creaciones (característica que también se da en la aportación poética de Javier de la Rosa) ha dado cabida a un tema cargado de humilde simbolismo pues pocas cosas están cargadas de tanta humildad como la manzana reineta, a su vez representación de un municipio, el de Valleseco, que le acoge como a uno de sus hijos, y a uno de sus barrios, el de Valsendero, tan lleno de cercana esencia y de memoria inolvidable.
No queda ahí la propuesta de Felipe Juan sino que en una de sus pequeñas piezas pictóricas homenajea a uno de los hijos ilustres de Valleseco, a Félix Reyes Arencibia, haciendo que la muestra alcance otra dimensión y que Valsendero con su Reineta y el fervor religioso de sus pobladores den la oportunidad que este generoso artista plástico quede, una vez más, presente en “su municipio” y más concretamente en su ermita y en quienes apuesten por quedarse con alguna de las piezas de esta singular serie dedicada a la manzana reineta y al barrio de Valsendero.
Juan Francisco Santana Domínguez
Antropólogo, Profesor, Escritor y Crítico de Arte.
A Felipe Juan, pintor del alma de Gran Canaria.
Amanece, en la playa blanca
Ardida del sol
Dulce del otoño.
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Yace el tiempo en la roca
Del mar sediento
Del nombre de la aurora.