J Molina Tenerife
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Tenerife acoge la presentación de las dos últimas obras literarias de Josefa Molina

Tenerife acoge la presentación de las dos últimas obras literarias de Josefa Molina

  • La presentación ‘Tiempos de espera’ y ‘Secretos y Emociones’ tendrá lugar el viernes, 8 de mayo, a las 19,00 horas en la Biblioteca Municipal Central de Santa Cruz de Tenerife

La Biblioteca Municipal Central de Santa Cruz de Tenerife acogerá este viernes, 8 de mayo, la presentación de las dos últimas obras de la autora de Gáldar Josefa Molina Rodríguez.

En un encuentro abierto al público, Molina presentará su última obra en narrativa ‘Tiempos de espera’, volumen número trece de la Colección Palabra y Verso, impulsada por la Asociación de Escritoras y Escritores Palabra y Verso, bajo el sello Beginbook Ediciones, del grupo Cuarzo Editorial.

Asimismo, el evento incluye la presentación del poemario ‘Secretos y Emociones’, una apuesta poética de la autora de Gáldar realizada junto al cantautor peruano afincando en Berlín, Javier Cáceres Jara. Este volumen tiene como novedad que cuenta con un código QR que da acceso a una página donde se pueden escuchar varios de los poemas musicados por Cáceres.

‘Tiempos de espera’ recoge un total de 40 relatos a través de los cuales Molina reflexiona en torno al concepto del tiempo, utilizando para ello un conjunto de historias protagonizadas por personajes de ayer, de hoy y del futuro. El volumen, que cuenta con una portada ilustrada por el artista de Guía de Gran Canaria, Eugenio Aguiar, está prologado por la escritora grancanaria Martina Villar.

La presentación tendrá lugar el viernes, 8 de mayo, a las 19,00 horas, en la Biblioteca Municipal Central de Santa Cruz de Tenerife-TEA , C/ Fuente Morales s/n, Santa Cruz de Tenerife.

Datos de la autora

Josefa Molina es autora de los poemarios ‘Inflexiones’ (Playa de Ákaba, 2017); ‘Los Versos de Las Caracolas’ (2019), ‘Un puñado de palabras’ (Editora BGR, 2021) y ‘Secretos y Emociones’ (2026) junto a Javier Cáceres Jara; de las novelas ‘Ideales perdidos’ (Multiverso, 2020) y ‘La Taxista’ (Mercurio Editorial, 2025); del libro de microrrelatos ‘Encapsulados’ (Editora BGR, 2022- edición en papel en 2024) y de los libros de relatos ‘Gris oscuro tirando a negro’ (Mercurio Editorial, 2023) y ‘Tiempos de espera’ (Colección Palabra y Verso, 2025). Además es la coordinadora de la obra ‘Referentes de la Literatura Canaria’ (Colección Palabra y Verso, 2026) y compiladora de las ‘Obras completas (1962-2011)’ de Baltasar Espinosa (Mercurio Editorial 2021).

Molina forma parte de la Audioteca de Literatura Actual del Gobierno de Canarias y de la Biblioteca de Escritores-as de Canarias. Sus textos están incluidos en más de una treintena de antologías tanto de narrativa como de poesía.

Es miembro fundador y presidenta de la Asociación de Escritoras y Escritores ‘Palabra y Verso’ (palabrayverso.com), directora de la colección Palabra y Verso, bajo el sello editorial Beginbook Ediciones, y de la Colección Digital de Microficción Femenina Breves y contundentes de Editora BGR.

En su currículum se incluye ser la impulsora y directora del Festival de Poesía Baltasar Espinosa y directora de la charla literaria ‘El Ultílogo’. Dirige el programa de radio ‘De la Palabra al Verso’ y coordina de la sección ‘Literatura a ratos’ en el diario Infonortedigital, donde también publica artículos de opinión.

Como gestora cultural, ocupa la vicepresidencia de la Asociación de Mujeres en la Cultura-Canarias y es representante en Gran Canaria de la Asociación Mundial de Escritores Latinoamericanos (AMDEL). Blog personal: josefamolinaautora.com.

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Almaraz: la batalla que el Gobierno no quiere mirar de frente

Un cierre entre la política, la economía y el destino de una comarca entera En el corazón del Campo Arañuelo, donde la niebla matinal se funde con el vapor blanco de las torres de refrigeración, la central nuclear de Almaraz sigue latiendo con la fuerza de siempre, como si el tiempo no corriera en su contra. Pero lo hace. Su desmantelamiento previsto, grabado a fuego en el calendario del apagón nuclear español, ha desatado un vendaval que va mucho más allá de una simple desconexión eléctrica: es el vivo reflejo de las costuras rotas entre la política de despacho, la economía real y el abandono del territorio. Mientras Moncloa insiste en que estamos ante una transición “ordenada y responsable”, desde las instituciones europeas hasta los ingenieros y los propios vecinos se preguntan si esto obedece a criterios técnicos objetivos o si, por el contrario, nos encontramos ante un empeño puramente ideológico con un coste social incalculable. El severo tirón de orejas de Bruselas Desde mi punto de vista, este empeño por clausurar Almaraz apesta a esa política de postureo que tanto gusta a nuestro actual «gobierno social-comunista», empeñado en presumir de un ecologismo de salón que choca frontalmente con el sentido común. Y no lo digo yo; lo advierte la propia Bruselas. Que la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo se pronuncie con semejante contundencia sobre una infraestructura nacional es un hecho insólito. En su informe, los eurodiputados no se andaron con rodeos: señalaron directamente que el cierre parece responder a motivaciones políticas y dogmáticas —impulsadas sobre todo por los socios comunistas de Podemos— antes que a razones técnicas o de seguridad. El rapapolvo europeo se sostiene sobre tres pilares demoledores: Falta de rigor: España no ha presentado una evaluación de impacto integral que justifique prescindir de la central. Incoherencia comunitaria: La decisión contradice la propia taxonomía verde de la Unión Europea, que reconoce a la energía nuclear como una tecnología clave de transición. Déficit democrático: El Ejecutivo de Pedro Sánchez, haciendo gala de su habitual soberbia, ha obviado un diálogo transparente y suficiente con las administraciones regionales y locales afectadas. En Bruselas, que de tontos no tienen un pelo, tienen claro que esto es política pura y dura. Y lo más sangrante es que ocurre en un momento donde el resto de Europa, escarmentada por las recientes crisis energéticas, se aferra a la nuclear para blindar su mix energético. Pero claro, la facción de la «izquierda eco-pija» que se sienta en el Consejo de Ministros grita mucho aunque razone poco. Sospecho, de hecho, que en el ala socialista del Gobierno más de uno se echa las manos a la cabeza en privado, pero no se atreven a rechistar a sus socios de coalición. Los temen más que a Mohamed VI con las famosas grabaciones secretas obtenidas del móvil de Sánchez a través de Pegasus. ¿Es rentable cerrar Almaraz? La guerra de los despachos Si la política polariza, la economía tampoco pacifica el debate. Los informes vuelan de un lado a otro como armas arrojadizas. Por un lado, el estudio elaborado por la URJC y la UPC para Greenpeace defiende que el apagón es «económicamente racional», asegurando que el 96,4% de la producción de Almaraz podría sustituirse con renovables en los primeros compases, evitando retrasar inversiones limpias. Presentan el cierre como una supuesta oportunidad de oro. Por el otro, chocamos con la cruda realidad técnica. El Consejo General de Ingenieros Industriales y otros organismos de prestigio —gente seria, no profetas de pancarta— recuerdan que la nuclear es una fuente barata, estable y libre de emisiones de CO₂. Advierten que apagar Almaraz nos obligará a quemar más gas, disparando tanto la factura como la contaminación. Para rematar, un demoledor informe de la consultora PwC avisa de lo de siempre: la factura de esta fiesta no la pagarán las eléctricas; recaerá, euro a euro, sobre los hombros de los consumidores. Al final, la pregunta del millón no es si Almaraz es rentable, sino qué modelo energético queremos financiar y a costa de quién. El drama humano: la vida más allá del Excel Como humanista convencido, a mí lo que realmente me quita el sueño es el factor humano. Detrás de los gráficos de barras y las tablas de Excel hay vidas de carne y hueso. Almaraz sostiene, de forma directa e indirecta, más de 4.000 puestos de trabajo. Familias enteras que solo piden ganarse el pan con dignidad y mantener un nivel de vida que ya quisieran para sí esos soñadores «eco-jetas» de camiseta del Che Guevara, que tanto adoran el comunismo caribeño pero que no se van a vivir bajo la bota de la dictadura cubana ni locos; prefieren disfrutar de las bondades del «terrible capitalismo degradador». A toda esa comparsa habría que explicarles que cerrar la central dinamitará un tejido empresarial del que depende una comarca entera, cuya renta per cápita es un 12% superior a la media extremeña gracias a la planta. En los bares de Navalmoral de la Mata, en los comercios de Almaraz, la pregunta es desgarradora: «¿Y ahora qué?» ¿Irán los líderes de la izquierda progre a pagar la universidad de sus hijos o a llenarles la nevera? Los alcaldes de la zona no quieren palabras bonitas ni las típicas promesas de Pedro Sánchez que luego acaban en un «cambio de opinión». Exigen un plan de reindustrialización real. Temen, con toda la razón del mundo, que la comarca se convierta en otro erial de prejubilaciones y olvido, calcando las nefastas gestiones que ya sufrimos con el fin del carbón. En cometer semejantes pifias, este Ejecutivo es verdaderamente doctor. Hablando con amigos de la zona, la sentencia común es unánime: «Julio, esto no es una decisión energética, es una condena social». Una transición sin rumbo Prescindir de Almaraz ahora, cuando aporta cerca del 7% de la electricidad nacional, es jugar a la ruleta rusa con el suministro del país. Sin embargo, en el Consejo de Ministros prefieren mirar hacia otro lado. Mientras no se pongan de acuerdo