La historia de Valleseco sale de las brumas con una presentación multitudinaria
La Historia De Valleseco Sale De Las Brumas Con Una Presentación Multitudinaria
La Historia De Valleseco Sale De Las Brumas Con Una Presentación Multitudinaria

. La obra de Miguel González Pérez, respaldada por un numeroso público y destacadas personalidades del ámbito institucional y académico, recupera documentos inéditos y pone en valor el patrimonio histórico, artístico y cultural del municipio

La historia de Valleseco volvió a escribir una nueva página este fin de semana con la presentación del libro «Valleseco entre las brumas de la historia», una investigación de Miguel González Pérez que llenó por completo la Casa de la Cultura «Teodoro Cardoso León». Vecinos y vecinas, amistades, investigadores e historiadores arroparon al autor en un acto que evidenció el creciente interés por conocer y preservar la memoria colectiva del municipio.

La presentación, organizada por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Valleseco a través de la Biblioteca Municipal dentro de las Fiestas de San Vicente Ferrer 2026, estuvo conducida por la concejala de Cultura y primera teniente de alcalde, quien destacó que la cultura constituye una herramienta fundamental para preservar la identidad de un pueblo y transmitir su legado a las nuevas generaciones. En este sentido, reafirmó el compromiso municipal de seguir impulsando iniciativas que pongan en valor el patrimonio histórico y documental de Valleseco.

Uno de los momentos más destacados llegó con la intervención del exalcalde Dámaso Arencibia Lantigua, quien puso en valor el enorme esfuerzo investigador realizado por Miguel González Pérez y calificó la publicación como una obra imprescindible para comprender la evolución del municipio. Durante su intervención, destacó especialmente aquellos capítulos dedicados a los orígenes de la parroquia, la construcción del templo y la recuperación de personajes y episodios olvidados que forman parte de la identidad local, subrayando que el libro «devuelve a Valleseco una parte de su memoria que permanecía escondida entre los archivos».

Junto a él intervino el profesor jubilado de la Universidad Ramón Díaz Hernández, quien resaltó el rigor metodológico de una investigación desarrollada durante años mediante la consulta de archivos parroquiales, municipales y provinciales, convirtiendo una abundante documentación histórica en una obra divulgativa y accesible para toda la ciudadanía.

Por su parte, Miguel González Pérez explicó que el objetivo de su trabajo siempre fue acercar la historia a las personas. «Quise plasmar la historia, pero que los protagonistas sean sus personas», señaló, insistiendo en que el libro pretende ser una herramienta pedagógica para que vecinos y visitantes comprendan el significado del patrimonio artístico y religioso que forma parte de la vida cotidiana del municipio.

El autor también compartió algunas de las sorprendentes curiosidades descubiertas durante sus investigaciones. Entre ellas, reveló que Valleseco llegó a contar con cuatro cementerios funcionando en distintas etapas de su historia, una circunstancia poco conocida para un municipio de sus dimensiones. Asimismo, explicó que una parte importante de la población del siglo XIX procedía de la antigua Casa Cuna del Hospital San Martín de Las Palmas, desmontando la creencia generalizada de que sus habitantes tenían exclusivamente origen en el vecino municipio de Teror.

Otra de las anécdotas que más llamó la atención durante sus investigaciones fue el hallazgo de una partida de bautismo en la que se recoge el fallecimiento de una niña a consecuencia del ataque de una cochina, un episodio insólito que refleja la dureza de la vida en el Valleseco rural del siglo XIX y que, según el propio autor, le produjo una enorme sorpresa al encontrarlo documentado.

La obra profundiza además en el origen del municipio, situándolo en torno a la construcción de la ermita de San Vicente Ferrer y la creación de la cofradía del santo en 1746, acontecimientos que marcaron el nacimiento de una comunidad que supo consolidar una fuerte identidad pese al aislamiento geográfico y las dificultades de la época.

El libro realiza igualmente un recorrido por la evolución de la parroquia, la riqueza de su patrimonio artístico —integrado por imágenes, reliquias, piezas litúrgicas y mobiliario histórico— y recupera numerosos acontecimientos que permanecían ocultos en los archivos locales y que ahora salen a la luz gracias a un exhaustivo trabajo documental.

La calurosa acogida del público y el lleno absoluto registrado durante la presentación confirman el interés que despierta una publicación llamada a convertirse en una referencia para conocer la historia de Valleseco. Con esta obra, el municipio no solo recupera parte de su pasado, sino que fortalece su compromiso con la conservación, divulgación y puesta en valor de su patrimonio histórico y cultural.

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Redacción NorteGranCanaria

Democracia en tierra sureñas de alisios; el voto en blanco como acto de rebeldía cívica

“En las próximas elecciones municipales de Telde, mi voto será en blanco” La democracia nació en Grecia, pero su sentido más profundo se entiende mejor en lugares como Canarias, donde la vida siempre ha sido una negociación constante con la naturaleza, con la distancia y con el poder. Aquí, donde cada decisión colectiva puede cambiar la vida de un valle, un barrio o una isla entera, la democracia no es un concepto académico: “es una herramienta de supervivencia” Por eso, “votar no es solo un derecho; es un deber moral.” Es presentarse ante la comunidad y decir: “Aquí estoy, no cedo mi voz, no entrego mi responsabilidad”. La abstención voluntaria —salvo causa mayor— es una retirada. Un abandono del puesto de guardia, una falta absoluta de civismo. Un “que decidan otros; lo que en democracia equivale a renunciar a la propia dignidad política.  “El voto en blanco o la bofetada elegante” En estas islas, y muy especialmente en mi ciudad de Telde, a la que va dirigida mi artículo de hoy, donde la política se vive con cercanía y donde la ciudadanía sabe distinguir lo auténtico de lo impostado, “el voto en blanco es una herramienta de resistencia democrática”. No es apatía. No es indiferencia. No es desinterés. Y desde luego, “no es lo mismo que no ir a votar, ni que provocar un voto nulo”, que se pierde como una botella sin mensaje arrojada al mar. “El voto en blanco”,  es un voto “válido”, registrado, que dice con claridad: “Estoy aquí, cumplo con mi deber democrático, pero no me trago lo que me ofrecen, porque yo pienso y hablo con la libertad de los condenados” Es una bofetada elegante. Un portazo silencioso. Un “no” rotundo sin necesidad de gritar. Es la forma más fina —y más dura— de recordarle a los partidos que la ciudadanía no es un rebaño, que no se conforma, que no se vende y que no se deja seducir por discursos vacíos. Y en mi caso —como ciudadano de Telde que ha visto, escuchado y vivido demasiadas cosas, demasiadas promesas incumplida y demasiadas traiciones personales por los políticos que hoy nos representen en su Ayuntamiento— el voto en blanco será mi forma de decirles en las próximas elecciones municipales a todos los partidos, que después de tres años y medio,  “me han decepcionado,  me han traicionado y que  algunos ni siquiera entran en mi horizonte moral”, porque están en las antípodas de mis convicciones. Mi voto en blanco será, firme, limpio y sin estridencias; “una forma de estar presente sin regalar mi confianza a quien no la merece” como es el caso con los actuales partidos políticos, que nos gobiernan actualmente en Telde. “Un voto que exige cuentas, que desnudas carencias” El voto en blanco no destruye, pero incomoda. No insulta, pero señala. No divide, pero evidencia. Es un voto que obliga a los partidos a preguntarse, por qué una parte de la ciudadanía no se siente representada. Y esa pregunta, cuando se formula desde las urnas, pesa más que mil discursos. El voto en blanco mantiene intacta la “Participación activa” — El votante en blanco no se esconde; se planta. La “Exigencia política”— Es un examen suspendido, un no han hecho los deberes. La “Neutralidad responsable” — No favorece a nadie, pero deja claro que nadie ha convencido y, “la madurez democrática” — Participar incluso sin elegir demuestra más compromiso que votar por inercia. “Abstención y voto nulo, son dos formas de rendirse” “Confundir el voto en blanco con la abstención o el voto nulo”, es un error que conviene desmontar. La abstención voluntaria es una retirada. Es dejar el timón en manos de otros. Es renunciar a influir en el rumbo de la comunidad. El voto nulo, cuando es intencionado, es un gesto impulsivo que no deja huella. Ninguno de los dos construye. Ninguno exige. Ninguno mejora la democracia. Solo manifiesta una cobardía de quien se enconde tras él. “El voto en blanco”, en cambio, sí lo hace. Es un aviso. Un toque de atención. Un recordatorio de que la ciudadanía está presente, pero no satisfecha. Es el equivalente democrático a decir: “Estoy aquí, sigo aquí, pero no me volverán a engañan”.  “Un voto que pide más, que pide mejor, que no se conforma” En un archipiélago donde cada isla tiene su personalidad, donde la gente sabe distinguir lo auténtico de lo impostado, el voto en blanco es una herramienta poderosa. No destruye. No divide. No insulta. Pero sí exige. Y exige con fuerza. Es un voto que dice: “Sigo aquí. Sigo creyendo en la democracia. Pero quiero propuestas a la altura de esta tierra y no un nuevo manojo de machangadas” Cuando pienso en el voto en blanco para Telde, lo imagino como una luz encendida en mitad del océano: una señal de vigilancia, no de abandono. Una luz que dice que la travesía continúa, pero que el rumbo debe revisarse. Que la democracia necesita manos firmes, ojos atentos y ciudadanos que no se rindan. El voto en blanco es, en definitiva; es “la forma más civilizada de la rebeldía democrática”. Una rebeldía que no rompe, pero corrige. Que no destruye, pero exige. Que no calla, aunque parezca silenciosa y si hoy me he decidido a escribir este artículo sobre las próximas elecciones en mi Ciudad de Telde, diciendo públicamente, sin complejos, ni miedos lo que pienso, es porque, ya son muchos los lectores habituales de mis artículos de opinión o que me escuchan a través de mis muchas participaciones en radios locales, los que me han hecho esta pregunta. Soy consientes, que algunos, lo hacen desde la maldad, por verme como me escapo del   compromiso y contestarles con evasivas ¡Pobres pardillos! Se olvidaron que yo soy un mauro de Telde sí, pero hombre de dignidad, honestidad, recto proceder y honor, fuera de toda duda, como corresponde a los “auténticos lobos de mar, orgulloso de sus galones” y que han visto mucho mundo, para asustarse ahora ante las cosas mundanas y mucho