Casa Leacock: un desalojo sin incidentes que deja al descubierto años de permisividad
Desalojo En Guía
Desalojo En Guía

El desalojo del asentamiento instalado en la antigua Casa Leacock, en Santa María de Guía, se llevó a cabo este martes sin desórdenes, sin altercados y sin incidentes destacables. Un dato importante, porque en un asunto socialmente sensible como este conviene contar las cosas completas: hubo tensión, hubo preocupación entre las personas afectadas, pero no hubo una situación de caos ni una actuación marcada por el enfrentamiento.

El inmueble se encuentra en la carretera que une Gáldar con Guía, a la altura de Becerril, en un punto bien conocido por quienes transitan habitualmente entre ambos municipios. Durante años, este edificio terminó convertido en un asentamiento irregular en el que residían varias familias y personas que no contaban con título legal para ocupar la propiedad.

Y aquí conviene hablar claro. El drama habitacional existe. La dificultad para acceder a una vivienda en Gran Canaria es real. Los alquileres están disparados, las opciones para muchas familias son cada vez más escasas y las administraciones llevan demasiado tiempo llegando tarde. Pero una cosa es reconocer ese problema y otra muy distinta presentar cualquier ocupación como si fuera automáticamente una situación de vulnerabilidad incuestionable.

En el caso de la Casa Leacock, no todos los ocupantes respondían al mismo perfil. De hecho, algunos testimonios apuntan a que hubo personas que llegaron a gastar cantidades importantes de dinero, incluso hasta 6.000 euros, para adecentar habitaciones dentro del inmueble. Ese dato obliga a matizar mucho el relato. Quien invierte tal cantidad en acondicionar una estancia dentro de una propiedad ajena no puede ser presentado sin más como alguien completamente desamparado o sin capacidad alguna de actuación.

También se ha dicho que el Ayuntamiento de Santa María de Guía cerró las puertas a estas familias. Esa afirmación merece ser analizada con serenidad. Las administraciones tienen la obligación de atender los casos reales de necesidad, especialmente si hay menores de por medio. Deben activar los servicios sociales, estudiar cada situación y evitar que un desalojo derive en un problema mayor. Pero también hay que recordar algo básico: las personas desalojadas estaban ocupando una propiedad que no les correspondía.

No tenían contrato, no tenían autorización y, según distintas versiones, algunas ni siquiera contaban con una situación administrativa plenamente regularizada. Por tanto, convertir el caso únicamente en una denuncia contra el Ayuntamiento es una lectura incompleta. La administración puede haber llegado tarde, puede haber gestionado mal la situación o puede haber fallado en la prevención, pero eso no transforma una ocupación irregular en un derecho adquirido.

El fondo del problema es precisamente ese: durante años se permitió que la situación se enquistara. Lo que en un primer momento pudo verse como una solución provisional terminó convirtiéndose en un asentamiento estable. Y cuando las situaciones irregulares se cronifican, el desenlace siempre resulta más doloroso, más complejo y más difícil de explicar a la opinión pública.

El desalojo de la Casa Leacock no fue un episodio de desorden público. Fue, más bien, la consecuencia previsible de una ocupación que nunca debió normalizarse. Y también el reflejo de una política de vivienda insuficiente, incapaz de ofrecer respuestas antes de que los problemas lleguen al límite.

Defender el derecho a una vivienda digna no significa justificar la ocupación de propiedades ajenas. Del mismo modo, defender la propiedad privada no debería servir de excusa para ignorar que hay familias y personas atrapadas en una crisis habitacional cada vez más profunda.

Santa María de Guía necesita respuestas serias. Ni propaganda, ni victimismo automático, ni discursos que pretendan esconder la realidad. La Casa Leacock deja una lección clara: las administraciones deben actuar antes, los servicios sociales deben distinguir entre vulnerabilidad real y ocupación consolidada, y la sociedad no puede aceptar que entrar en una propiedad ajena termine convirtiéndose, con el paso del tiempo, en una vía normalizada para acceder a una vivienda.

El desalojo se ejecutó sin desórdenes. Ahora queda por ver si las instituciones son capaces de hacer algo más difícil: evitar que situaciones como esta vuelvan a repetirse.

Suscribete a nuestro newsletter

Nuestras Fiestas
Redacción NorteGranCanaria

La Aldea de San Nicolás fomenta la tradición de las rondas y serenatas durante las Fiestas de San Nicolás de Tolentino 2026

El Ayuntamiento ha presentado este lunes la Noche de Rondas y Serenatas, que recorrerá el casco del municipio el próximo viernes 28 de agosto junto a la Parranda Alisios  El Ayuntamiento de La Aldea de San Nicolás ha presentado este lunes la Noche de Rondas y Serenatas, una de las propuestas incluidas en el programa de las Fiestas Patronales de San Nicolás de Tolentino 2026, que se celebrará el próximo viernes 28 de agosto, a partir de las 23:30 horas, por diferentes calles del casco del municipio junto a la Parranda Alisios. El alcalde de La Aldea de San Nicolás, Pedro Suárez, y la concejala de Patrimonio Histórico, Ingrid Navarro, junto al autor intelectual del evento, Cristian Pérez, han dado a conocer los detalles de una iniciativa que pone en valor una tradición vinculada a la música, la convivencia y la participación de la ciudadanía, invitando a vecinos y vecinas a sumarse desde sus casas y a acompañar a los músicos durante el recorrido. Al acto de presentación también ha acudido la concejala de Fiestas Populares y Festejos, Leandra Delgado. La Noche de Rondas y Serenatas contará con un recorrido oficial por el casco histórico del municipio, con salida y final en diferentes puntos de las calles del centro, y con paradas de avituallamiento en el Centro Municipal de Cultura y en la trasera del Ayuntamiento de La Aldea. El itinerario discurrirá por calles como Calle Real, Calle Mariano de Cáceres, Calle Carmita Afonso y Calle Cervantes, siguiendo el recorrido establecido por la organización. La propuesta busca que la ciudadanía no sea únicamente espectadora, sino que participe activamente en esta celebración. Para ello, desde la organización se anima a acudir con ganas de disfrutar, participar en los coros y estribillos, acompañar a los músicos durante el recorrido y, especialmente, embellecer el evento desde las viviendas, colocando faroles encendidos en balcones, ventanas o azoteas y acompañando las interpretaciones con aplausos y muestras de reconocimiento. Asimismo, se invita a familiares, amigos y vecinos a participar desde sus casas y a realizar, en la medida de lo posible, peticiones musicales o dedicatorias a la parranda. La organización recuerda también la importancia de respetar a los músicos durante sus interpretaciones, evitar ruidos innecesarios y seguir las indicaciones de la dirección musical para contribuir al buen desarrollo de la actividad. “Queremos recuperar el espíritu de las rondas y serenatas como una forma de compartir nuestra música, nuestras calles y nuestras tradiciones”, ha señalado el alcalde Pedro Suárez, quien ha destacado que “esta iniciativa nos permite disfrutar de nuestras fiestas de una manera diferente, llevando la música directamente a nuestros barrios y haciendo que los vecinos y vecinas sean también protagonistas de la celebración”. Por su parte, la concejala de Patrimonio Histórico, Ingrid Navarro, ha puesto en valor que “las rondas forman parte de una manera de entender la cultura y la convivencia que debemos seguir transmitiendo a las nuevas generaciones”, recalcando que “se trata de una cita obligada para el reencuentro de los aldeanos y aldeanas que regresan por estas fechas, para quienes vivimos aquí todo el año y para quienes nos visitan”. La Noche de Rondas y Serenatas se consolida así dentro la programación de las Fiestas Patronales de San Nicolás de Tolentino 2026, reforzando el carácter cultural y participativo de unas celebraciones que buscan mantener vivas las tradiciones del municipio y generar espacios de encuentro entre generaciones.