Gáldar entrega este domingo las Pintaderas de Oro a 32 hombres y mujeres destacados del municipio
Composición Pintaderas De Oro
Composición Pintaderas De Oro

– El acto tendrá lugar este domingo 12 de julio a las 19.00 horas en el Centro Cultural Guaires

El Ayuntamiento de Gáldar celebrará este domingo 12 de julio, a las 19.00 horas, en el Centro Cultural Guaires, el acto de entrega de las Pintaderas de Oro 2026, uno de los momentos más emotivos de las 544ª Fiestas Mayores de Santiago. En esta edición serán distinguidos 32 hombres y mujeres del municipio por sus trayectorias personales y profesionales y por su contribución al desarrollo económico y social de la ciudad.

El Pleno del Ayuntamiento aprobó el pasado mes de mayo, por unanimidad, la concesión de estas distinciones, con las que este año se rinde homenaje, principalmente, a personas vinculadas al sector agrícola y de las flores, uno de los pilares históricos de la economía galdense, así como a comerciantes, empresarios y profesionales que han dejado una profunda huella en la vida del municipio.

Así, recibirán la Pintadera de Oro por su trayectoria en el sector agrícola y de las flores Bartolomé Montesdeoca Armas, Teresa Padrón Díaz, Santiago Cruz Sosa, Marcelina Sosa Moreno, Juana Gutiérrez Rodríguez, María Godoy Godoy, Juana María Pérez Díaz, María Dolores Pérez Gil, Benedicta Carrillo Ramos, José Julián García Guillén (Pepe el de los Semilleros), Rosario Rodríguez Rodríguez, Josefa Díaz Vega, Victoriano Salvador Suárez Mendoza, Nieves Cabrera Castillo, Milagrosa Bolaños Moreno y Nicomedes Mendoza Jiménez.

Asimismo, serán distinguidos Antonio Flores Suárez, por su trayectoria tanto en el sector agrícola como en la albañilería; Leocadio Ramos Moreno (Tito) y Francisco Ruiz Moreno, tractoristas; Isidro Domingo Mendoza Sánchez (Isidrito del kiosco de la Plaza de Santiago); Benigno Jiménez Díaz, propietario del taller de chapa que lleva su nombre; Rita Moreno Santiago, titular del punto de venta de Loterías y Apuestas del Estado de la calle Capitán Quesada; María del Carmen Silva Padrón (Mensa), de una mercería en la calle Drago; Sebastián García Hernández, empresario del servicio técnico Grafical; y Ángel González Padilla, del sector de la construcción y promotor inmobiliario.

También recibirán este reconocimiento los empresarios de la restauración Antonio Cubas Lugo (Bar Pinocha), Juan Medina Díaz (Restaurante El Paso), Fermín Mendoza Mendoza (Bar de Lomo El Palo) y Manuela García Jorge (Cafetería Manola); Modesto González González, del sector de la alimentación en Sardina; y los comerciantes de pescado Ezequiel Sosa Cruz y Dolores Medina Vega (Loli la Capitana).

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Redacción NorteGranCanaria

Democracia en tierra sureñas de alisios; el voto en blanco como acto de rebeldía cívica

“En las próximas elecciones municipales de Telde, mi voto será en blanco” La democracia nació en Grecia, pero su sentido más profundo se entiende mejor en lugares como Canarias, donde la vida siempre ha sido una negociación constante con la naturaleza, con la distancia y con el poder. Aquí, donde cada decisión colectiva puede cambiar la vida de un valle, un barrio o una isla entera, la democracia no es un concepto académico: “es una herramienta de supervivencia” Por eso, “votar no es solo un derecho; es un deber moral.” Es presentarse ante la comunidad y decir: “Aquí estoy, no cedo mi voz, no entrego mi responsabilidad”. La abstención voluntaria —salvo causa mayor— es una retirada. Un abandono del puesto de guardia, una falta absoluta de civismo. Un “que decidan otros; lo que en democracia equivale a renunciar a la propia dignidad política.  “El voto en blanco o la bofetada elegante” En estas islas, y muy especialmente en mi ciudad de Telde, a la que va dirigida mi artículo de hoy, donde la política se vive con cercanía y donde la ciudadanía sabe distinguir lo auténtico de lo impostado, “el voto en blanco es una herramienta de resistencia democrática”. No es apatía. No es indiferencia. No es desinterés. Y desde luego, “no es lo mismo que no ir a votar, ni que provocar un voto nulo”, que se pierde como una botella sin mensaje arrojada al mar. “El voto en blanco”,  es un voto “válido”, registrado, que dice con claridad: “Estoy aquí, cumplo con mi deber democrático, pero no me trago lo que me ofrecen, porque yo pienso y hablo con la libertad de los condenados” Es una bofetada elegante. Un portazo silencioso. Un “no” rotundo sin necesidad de gritar. Es la forma más fina —y más dura— de recordarle a los partidos que la ciudadanía no es un rebaño, que no se conforma, que no se vende y que no se deja seducir por discursos vacíos. Y en mi caso —como ciudadano de Telde que ha visto, escuchado y vivido demasiadas cosas, demasiadas promesas incumplida y demasiadas traiciones personales por los políticos que hoy nos representen en su Ayuntamiento— el voto en blanco será mi forma de decirles en las próximas elecciones municipales a todos los partidos, que después de tres años y medio,  “me han decepcionado,  me han traicionado y que  algunos ni siquiera entran en mi horizonte moral”, porque están en las antípodas de mis convicciones. Mi voto en blanco será, firme, limpio y sin estridencias; “una forma de estar presente sin regalar mi confianza a quien no la merece” como es el caso con los actuales partidos políticos, que nos gobiernan actualmente en Telde. “Un voto que exige cuentas, que desnudas carencias” El voto en blanco no destruye, pero incomoda. No insulta, pero señala. No divide, pero evidencia. Es un voto que obliga a los partidos a preguntarse, por qué una parte de la ciudadanía no se siente representada. Y esa pregunta, cuando se formula desde las urnas, pesa más que mil discursos. El voto en blanco mantiene intacta la “Participación activa” — El votante en blanco no se esconde; se planta. La “Exigencia política”— Es un examen suspendido, un no han hecho los deberes. La “Neutralidad responsable” — No favorece a nadie, pero deja claro que nadie ha convencido y, “la madurez democrática” — Participar incluso sin elegir demuestra más compromiso que votar por inercia. “Abstención y voto nulo, son dos formas de rendirse” “Confundir el voto en blanco con la abstención o el voto nulo”, es un error que conviene desmontar. La abstención voluntaria es una retirada. Es dejar el timón en manos de otros. Es renunciar a influir en el rumbo de la comunidad. El voto nulo, cuando es intencionado, es un gesto impulsivo que no deja huella. Ninguno de los dos construye. Ninguno exige. Ninguno mejora la democracia. Solo manifiesta una cobardía de quien se enconde tras él. “El voto en blanco”, en cambio, sí lo hace. Es un aviso. Un toque de atención. Un recordatorio de que la ciudadanía está presente, pero no satisfecha. Es el equivalente democrático a decir: “Estoy aquí, sigo aquí, pero no me volverán a engañan”.  “Un voto que pide más, que pide mejor, que no se conforma” En un archipiélago donde cada isla tiene su personalidad, donde la gente sabe distinguir lo auténtico de lo impostado, el voto en blanco es una herramienta poderosa. No destruye. No divide. No insulta. Pero sí exige. Y exige con fuerza. Es un voto que dice: “Sigo aquí. Sigo creyendo en la democracia. Pero quiero propuestas a la altura de esta tierra y no un nuevo manojo de machangadas” Cuando pienso en el voto en blanco para Telde, lo imagino como una luz encendida en mitad del océano: una señal de vigilancia, no de abandono. Una luz que dice que la travesía continúa, pero que el rumbo debe revisarse. Que la democracia necesita manos firmes, ojos atentos y ciudadanos que no se rindan. El voto en blanco es, en definitiva; es “la forma más civilizada de la rebeldía democrática”. Una rebeldía que no rompe, pero corrige. Que no destruye, pero exige. Que no calla, aunque parezca silenciosa y si hoy me he decidido a escribir este artículo sobre las próximas elecciones en mi Ciudad de Telde, diciendo públicamente, sin complejos, ni miedos lo que pienso, es porque, ya son muchos los lectores habituales de mis artículos de opinión o que me escuchan a través de mis muchas participaciones en radios locales, los que me han hecho esta pregunta. Soy consientes, que algunos, lo hacen desde la maldad, por verme como me escapo del   compromiso y contestarles con evasivas ¡Pobres pardillos! Se olvidaron que yo soy un mauro de Telde sí, pero hombre de dignidad, honestidad, recto proceder y honor, fuera de toda duda, como corresponde a los “auténticos lobos de mar, orgulloso de sus galones” y que han visto mucho mundo, para asustarse ahora ante las cosas mundanas y mucho