La Aldea de San Nicolás contará con un nuevo mural conmemorativo en recuerdo del Centenario del Fin del Pleito
Mural Centenario Fin Pleito La Aldea
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La Aldea de San Nicolás contará con un nuevo mural conmemorativo con motivo del Centenario del Fin del Pleito de La Aldea (1927-2027), una intervención artística que se ubicará en la zona de El Cruce, frente al Molino de los Majanos, y que convertirá este espacio en un nuevo lugar de memoria, reconocimiento y divulgación de la historia del municipio.
La obra, que este viernes ha visitado el alcalde Pedro Suárez, recogerá algunos de los principales acontecimientos, personajes y elementos vinculados a la historia contemporánea de La Aldea, creando una composición que represente el paso del tiempo y la transformación del municipio a lo largo de las generaciones. El objetivo es que el mural trascienda la representación de un acontecimiento concreto y se convierta en un relato visual de la evolución de La Aldea, desde sus raíces históricas hasta la actualidad.
Entre los elementos que tendrán presencia destacada en la composición se encuentra la llegada a La Aldea del ministro de Gracia y Justicia Galo Ponte en 1927, un acontecimiento fundamental para comprender el desenlace del histórico Pleito por la tierra y el agua. Junto a esta referencia aparecerán otros símbolos vinculados a la memoria colectiva del municipio, como el Correíllo La Palma, relacionado con las comunicaciones y la actividad económica del puerto; el Cuartel de la Guardia Civil, como representación de las instituciones presentes en la vida cotidiana de la población; y la antigua ermita de San Nicolás, vinculada a los orígenes y la identidad histórica del municipio.
Todos estos elementos quedarán integrados en una única composición artística, conectando diferentes momentos y referentes de la historia aldeana para ofrecer a residentes y visitantes una mirada sobre la evolución del municipio y sobre las personas y acontecimientos que han contribuido a construir su identidad.
El alcalde de La Aldea de San Nicolás, Pedro Suárez, ha destacado que “este mural nace con la intención de mantener viva nuestra memoria y acercar nuestra historia a todas las generaciones, utilizando el arte como una herramienta para contar quiénes somos y de dónde venimos”. Asimismo, ha señalado que “el Centenario del fin del Pleito de La Aldea nos ofrece una oportunidad para recordar a quienes protagonizaron aquellos acontecimientos y para transmitir a nuestros jóvenes la importancia que tuvieron en la construcción del municipio que conocemos hoy”.
La intervención se plantea así como una obra de memoria, identidad y futuro, vinculada a la programación del Centenario del fin del Pleito de La Aldea 1927-2027. A través de la representación de distintos episodios y símbolos, el mural permitirá divulgar parte del patrimonio histórico y cultural del municipio y reforzar el sentimiento de pertenencia de la ciudadanía.
Desde el Ayuntamiento de La Aldea de San Nicolás queremos destacar esta iniciativa como una vía de preservación y transmisión de la memoria colectiva, acercando la historia local a las nuevas generaciones mediante una propuesta artística integrada en el paisaje urbano y destinada a permanecer como un nuevo elemento de referencia y reconocimiento del patrimonio aldeano.

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Capitan Manuel Damía Guimerá
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Redacción NorteGranCanaria

Homenaje póstumo a mi amigo, colega y maestro, capitán Manuel Damía Guimerá

Ayer zarpó hacia su último puerto de destino, el Capitán Manuel Damiá Guimerá, maestro, colega, amigo y faro de mi juventud profesional, por lo que hice un paréntesis en mis artículos de opinión diario, para dedicarle a él, que tanto le gustaba escucharme y leer mis historias, ésta, que nunca le conté, pero que estoy seguro que hoy la leerá desde el Cielo con la misa ilusión y atención, que cuando se las contaba en el puente del buque Tajo, y me decía… ¡Julio esa es buena!  Tienes que incluirla en tu próximo libro que escribe “Historias de la Mar. Ahí te va, para ti Manolo, convertida en artículo de opinión y homenaje póstumo, porque “los viejos lobos de mar”, sabemos que los capitanes como tú, que no se van del todo. Se quedan en la mar que nos enseñaron a querer. ¡Grande Manolo! Esta mañana como de costumbre, me senté delante de mí portátil, dispuesto a preparar la crónica de hoy viernes, y cuando ya prácticamente la tenía acabada, recibí un WhatsApp desde Castellón de mi buena y vieja amiga Isabel, esposa del también viejo y entrañable amigo, el Capitan Manuel Damiá Guimerá, a quien conozco desde que era Oficial Alumno de Puente y hacia mis prácticas en el buque Duero de la Naviera Pinillos, donde él ejercía de primer oficial. Luego acabada las practicas, me embarqué en un buque inglés y perdimos todo contacto, hasta que regresé a España y él al enterase que estaba buscando nuevo barco, me reclamó para el suyo, donde ahora era Capitan; El Tajo, de la misma naviera donde yo había hecho buena parte de mis prácticas de mar. Con él ingresé de tercer oficial, ascendí a segundo y luego a primero, hasta que la compañía me destinó a Tierra para sustituir, provisionalmente al delegado que existía en Las Palmas, ya que éste se iba de vacaciones.  Después de esto, ya no coincidimos en ningún otro barco, pero nuestra amistad perduró, a pesar de que apenas nos veíamos. Él era un fan de mis libros y publicaciones y yo desde que acababa uno nuevo, se lo hacía llegar Llevaba unos ya 18 años jubilado y ayer me comunicó su esposa qué, mi querido y admirado “Capitán Manuel Damiá Guimerá”, maestro, colega, amigo y faro de mi juventud profesional, había   zarpado hacia su último puerto de destino.  Por lo que, automáticamente me detuve en el artículo que estaba escribiendo, para hacer uno distinto que pudiera dedicárselo a él, y en calidad de homenaje póstumo, recordando que tanto le gustaba escucharme y leer mis historias, y esta nueva, que nunca le conté, pero que estoy seguro que, hoy la leerá desde el Cielo con la misa ilusión y atención, que cuando se las leía en borrador en el puente del buque Tajo y me decía… ¡Julio esa es buena!  Tienes que incluirla en tu próximo libro que escribes de “Historias de la Mar”. Sabe bien amigo Manolo, que aquel libro, ya lo acabé y publiqué con mucho éxito, por cierto, pues ya van tres ediciones entre España y Sudamerioca.  Pero yo quiero contarte hoy otra nueva ,  que para que te entretengas mientras, en ese viaje que te llevará al Cielo junto al Todopoderoso, te entretengas una vez más leyéndome. Así que, ahí te va amigo Manolo. “El mes en que la mar me dejó varado… en el hielo” Hay recuerdos que regresan como una marea lenta: primero un olor, luego un ruido, después una imagen. Y cuando uno menos lo espera, ahí está de nuevo la juventud, llamando a la puerta como un viejo camarada que viene a tomar un café y a recordarte que la vida, pese a todo, sigue siendo hermosa. Hoy, mientras España navega entre temporales que parecen no escampar, me ha dado por rescatar una vivencia que nació en un ciclón y terminó siendo una historia cálida, casi tierna. Por ello quiero dedicarla a ti, que fuiste mi maestro, mi capitán y mi amigo, Manuel Damiá Guimerá, que ayer has emprendido tu última singladura.  “Ana: la primera vez que la muerte me miró a los ojos” Aquel viaje a Canadá comenzó con mal gesto. Nos cruzamos con el “ciclón tropical Ana” que, aunque ya venía subiendo por la costa Este de los Estados Unidos perdiendo fuelle, conservaba la “mala leche” suficiente como para recordarnos que la mar, cuando quiere, se convierte en un animal vivo. Mi barco tenía 150 metros de eslora, 30.000 toneladas, moderno, orgullos, pero se movía como si alguien lo hubiera agarrado por la quilla y lo estuviera sacudiendo para ver qué caía dentro. El viento no soplaba, “mordía como un perro de presa canario” que no quería soltarnos. Las olas no rompían: “caían como muro de piedra”. Y yo, joven tercer oficial de puente, descubrí que la muerte tiene cara… y que era “fea como el demonio”. Pero sobrevivimos. Y llegamos a nuestro destino, Canadá. Porque sabes bien que los marinos no navegamos; “resistimos”. Y porque yo llevaba en la cabeza las enseñanzas de aquel hombre que sabía leer la mar como otros leen un libro; el Capitán Guimerá. “Summer Side: cuando el océano se volvió piedra” Llegamos a “Summer Side”, en la Isla del Príncipe Eduardo, (Canadá) el 28 de diciembre. El termómetro marcaba –18 ºC, que ya es suficiente para que, a un canario como yo, se le congelaran hasta los recuerdos. Dos días después bajó a “–25 ºC”, y la bahía entera se convirtió en una lápida blanca. El barco quedó atrapado, inmóvil, prisionero del hielo como un juguete olvidado por un gigante distraído. La mar, aquella mar que días antes rugía como una fiera, ahora era un silencio absoluto. Un silencio que no se oía; se sentía. Allí estuvimos atracados “un mes entero”, sin podernos mover, esperando a que un rompehielos de la Armada canadiense viniera a rescatarnos. Un mes de frío, de rutinas suspendidas, de vida detenida… y de una sorpresa que aún hoy me hace sonreír.  Target: la flecha que