Hay vidas que se escriben a base de golpes, pero la de Fernando González Cruz (La Gavia, 1969) es, ante todo, una historia de esquivas magistrales a los destinos más oscuros. El conocido deportista y empresario de Telde ha abierto las puertas de su memoria en una profunda entrevista concedida a Sonia Vega en el programa La Alameda, de TELDEACTUALIDAD RADIO PÓDCAST. En ella, despojado de los guantes y de las etiquetas de éxito, ha desgranado los pasajes de una biografía que roza lo cinematográfico y que hoy se recoge en el libro Una vida al límite.
• La «universidad» de la escasez
Criado en el entorno rural de La Gavia en el seno de una familia humilde de diez hermanos, González Cruz no recuerda su infancia con amargura, sino como su mayor escuela «Fue la base principal, la mayor universidad que he podido conocer», relata con orgullo. En un mundo sin comodidades, la falta de recursos agudizó su instinto de supervivencia, su capacidad de observación y una resistencia inquebrantable ante el miedo.
Ese instinto fue el que le salvó durante el servicio militar. Fernando llegó al cuartel siendo completamente analfabeto; no sabía rellenar una ficha ni escribir sus iniciales. Por azar, fue catalogado como electricista y, ante una mesa llena de herramientas e hilos eléctricos que jamás había visto, su agudeza visual le permitió montar el circuito con éxito. Fue en esa misma etapa donde, gracias a un compañero y a las ondas de Radio ECCA, aprendió finalmente a leer y escribir.
• El cuadrilátero y los negocios: una doble vida
Aunque se inició en el judo y el jiu-jitsu a los 14 años, su verdadero camino estaba en el golpeo. «El puño me salía solo», confiesa. Bajo la tutela del mítico entrenador Rafael ‘Feluco’ Marrero en el gimnasio de Tres Palmas, se moldeó no solo al boxeador, sino al hombre disciplinado.
Sin embargo, su carrera deportiva transcurrió bajo un estricto manto de secretismo. Paralelamente a las lonas, Fernando construyó una sólida faceta empresarial. Temeroso de que los prejuicios de la época hacia los deportes de contacto dañaran su imagen en los despachos, ocultaba sus peleas. Acudía a importantes reuniones de negocios o a casa de sus padres con las cejas abiertas o los ojos morados, inventando caídas y excusas cotidianas para no revelar que venía de combatir en la otra punta del país.
Una doble vida extenuante que afrontaba, además, en absoluta soledad. Sin federaciones que le arroparan ni esquinas estables, viajaba solo. «Me lo comía, me lo bebía y me lo masticaba solo», recuerda sobre las horas previas en los hoteles, conviviendo con un miedo que nunca le ha avergonzado admitir.
• El asalto más difícil: la lona del alcohol
El éxito deportivo y empresarial exigió un peaje personal altísimo: renunciar a formar un hogar, a una esposa y a unos hijos. El desgaste físico y la presión acumulada estallaron con el fallecimiento de uno de sus hermanos. Aquel mazazo emocional sumió a Fernando en una profunda depresión y ansiedad que derivó en una severa adicción al alcohol.
«Todo repercutía y me llevó al canal de la bebida», admite con crudeza. Pero al igual que en el ring, cuando parecía que el árbitro iba a cantar el KO definitivo, González Cruz tiró de casta: «Un día dije: ‘Aquí y ahora acabo con esto’. Y así lo hice». Cortó con la adicción de raíz, recuperando el control de su vida.
• El legado de la humildad
En el año 2023, el Ayuntamiento de Telde le otorgó la Medalla al Mérito Deportivo, un galardón que recibió con incredulidad y que hoy ve como un abrazo de justicia poética: «Es como decirle a aquel niño analfabeto: ‘Hoy tienes tu reconocimiento’».
A sus 57 años, tras bajarse de la vorágine de los negocios y los cuadriláteros, la meta actual de Fernando González es sencilla: «Vivir». Alejado de la opulencia, dedica sus días a entrenar y a asesorar a jóvenes, mayores y colectivos vulnerables, transmitiendo los valores de la humildad y la superación. Su historia completa, la de un hombre que libró sus batallas más sangrientas lejos de los focos, se puede leer en las páginas de su biografía, disponible en las librerías locales.
