El Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín, en lo alto del ranking de hospitales Best in Class 2026
El Hospital Universitario de Gran Canaria Doctor Negrín, centro adscrito a la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias, se sitúa en el puesto 31 del ranking de hospitales Best in Class 2026 (categoría de alta complejidad). Esta nueva clasificación reúne los resultados obtenidos por hospitales y servicios en las ediciones de los años  2021 a 2025 y los combina con otros elementos vinculados a la trayectoria de cada organización, como la regularidad de sus resultados, la excelencia de sus servicios, los reconocimientos Best in Class 5 Estrellas y la innovación en inteligencia artificial.

El centro hospitalario es el único hospital del SCS incluido en dicho ranking. Este reconocimiento pone en valor el trabajo desarrollado por el conjunto de profesionales del centro y su compromiso con la calidad asistencial, la seguridad del paciente y la mejora continua.

Los Premios Best in Class (BiC) llevan más de dos décadas poniendo el foco en la excelencia de los hospitales y servicios clínicos a través del Índice de Calidad Asistencial al Paciente (ICAP®), un indicador desarrollado con el respaldo de las sociedades científicas participantes, expertos en gestión sanitaria y la Cátedra de Innovación y Gestión Sanitaria de la Universidad Rey Juan Carlos, que evalúa la organización, los procesos y las buenas prácticas que caracterizan a los servicios hospitalarios orientados a ofrecer una atención de máxima calidad. Esta trayectoria da ahora otro paso más con el Ranking Hospitales Best in Class 2026, con una visión de la evolución de los centros a lo largo de cinco años. Precisamente, en 2025, el centro hospitalario resultó finalista en estos premios en la categoría de mejor hospital de alta complejidad y mejor servicio de Reumatología.

La Dirección Gerencia del Hospital Doctor Negrín tiene como población de referencia a los residentes mayores de catorce años de los municipios del centro-norte de la isla y de la zona norte de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Además, es centro de referencia para la Isla de Lanzarote en Neurocirugía, Cirugía Torácica, Hemodinámica, Cirugía Plástica, Cirugía Maxilofacial, Angiología y Cirugía Vascular; mientras que, para la provincia de Las Palmas, es centro de referencia en Oncología Radioterápica, Medicina Nuclear (PET-TAC), Laboratorio de Virología, Cirugía Cardíaca del adulto, Atención Integral al paciente con Hemofilia, Tratamiento endovascular del Ictus hemorrágico, UCYR y UME.

En lo que respecta a la comunidad autónoma de Canarias, el Hospital Doctor Negrín es centro de referencia en el trasplante alogénico de médula ósea, trasplante hematopoyético no emparentado, trasplante cardíaco, cirugía de la cardiopatía congénita del adulto, trasplante pulmonar, estimulación cerebral profunda, biología molecular, microscopia electrónica, radioterapia modalidad Cyberknife y Tratamiento de Ultrasonidos de Alta Intensidad (HIFU) para las enfermedades con trastornos del movimiento. Por otra parte, un total de 29 servicios del centro hospitalario disponen de acreditación o certificación de calidad. Entre otros datos de interés, destaca que el Hospital Doctor Negrín ha sido el primer centro de atención especializada que recibió el reconocimiento como centro comprometido con la excelencia en cuidados BPSO (Guías de buenas prácticas); disponiendo también de la Unidad Experiencia de Pacientes.

Este nuevo reconocimiento refuerza el compromiso del Hospital Doctor Negrín con una asistencia pública de calidad y con la incorporación permanente de mejoras en los procesos asistenciales, la innovación, la investigación y la atención a los pacientes.

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Redacción NorteGranCanaria

IA sí o IA no

“Porqué no se le pueden poner puertas al campo” Durante semanas, el debate sobre la “inteligencia artificial” ha vuelto a encender tertulias, columnas y sobremesas. Hay quien la ve como una amenaza existencial, un monstruo digital capaz de devorar empleos, identidades y hasta la propia condición humana. Otros, en cambio, la consideran un avance inevitable, una herramienta poderosa que, bien usada, puede multiplicar nuestras capacidades. Yo, que he pasado media vida en la mar y la otra media escribiendo sobre ella, no puedo evitar recordar que este debate no es nuevo. Cambian los nombres, cambian los artefactos, pero el miedo al progreso es siempre el mismo. Recuerden que en 1633 casi mandan a la hoguera al astrónomo   Galileo Galilei, por afirmar que la Tierra giraba alrededor del Sol. Y el pobre hombre, para salvar de morir chamuscado tuvo que retractarse de su teoría heliocéntrica ante el Tribunal de la Santa Inquisición, aunque diciendo…. “Y sin embargo se mueve”, y como en aquel tiempo “los sabios de la iglesia” se parecían mucho a los actuales alumnos de la LOGSE socialista, no supieron interpretar sus palabras y gracias a ello, le perdonaron la vida.    “Cuando la mar también temió a la tecnología” Quienes hoy se escandalizan con las IA se parecen mucho a aquellos que, en mis primeros años de navegación, protestaban por la llegada de la “navegación por satélite”. Decían que se perdería el romanticismo, y que los oficiales se volverían torpes; que la mar castigaría a quienes confiaran en “máquinas que no sienten el viento”. Y, sin embargo, el tiempo puso cada cosa en su sitio. La navegación satelital no solo no destruyó la profesión, sino que “la hizo más segura, más precisa y más humana”, porque liberó al marino de tareas repetitivas y le permitió concentrarse en lo esencial; esto es, gobernar el barco y cuidar de su gente. Lo mismo ocurrió con las “calculadoras astronómicas”, con “las curvas de las llamadas, tablas americanas de estabilidad portátiles”, o con los primeros “ordenadores de a bordo”. Cada avance fue recibido con recelo, y cada avance terminó siendo imprescindible. Hoy, dudo que exista un solo barco en el mundo sin GPS, y también dudo que, muchos oficiales sepan usar un sextante como lo hacíamos nosotros. Pero eso no es decadencia: “es evolución”. “La IA como nueva herramienta de navegación humana” La inteligencia artificial es, en esencia, “una herramienta”. No es un oráculo, no es un demonio, no es un sustituto de la inteligencia humana. Es un instrumento que amplifica nuestras capacidades, igual que lo hizo el radar, el GPS o las cartas electrónicas facilita el trabajo. Acelera cálculos complejos. Democratiza el acceso al conocimiento y además permiten que un ciudadano normal, un estudiante o un profesional tenga a mano un asistente capaz de sintetizar información, explicar conceptos y ayudar a pensar. La IA no piensa por nosotros, solo “nos obliga a pensar mejor”.    “La ciencia sin conciencia: el riesgo real” Ahora bien, sería irresponsable ignorar los riesgos. La historia nos recuerda que, “la ciencia sin conciencia es la ruina del espíritu”, como decía Rabelais. El uranio, por ejemplo, prometía energía limpia y terminó también en Hiroshima. La química prometía fertilidad y terminó en gases de guerra. La informática prometía libertad y terminó en vigilancia masiva. La IA no es diferente. Puede ser usada para manipular, para desinformar, para automatizar injusticias, para amplificar desigualdades. Pero ese riesgo “no es argumento para frenar el progreso”, sino para gobernarlo con ética, regulación y responsabilidad. La solución nunca ha sido prohibir la herramienta, “sino educar al artesano” (pensamiento mesiánico)   “No se le pueden poner puertas al campo” La inteligencia artificial ha llegado, y no se va a marchar. Podemos discutir cómo regularla, cómo integrarla, cómo evitar abusos. Pero pretender detenerla es tan absurdo como prohibir el GPS en los barcos o volver a las tablas logarítmicas por decreto. La humanidad siempre ha avanzado cuando ha abrazado el conocimiento, no cuando lo ha temido. Y si algo he aprendido en la mar es que “el progreso es como la marea”, puedes ignorarlo, puedes protestar, puedes incluso intentar frenarlo… pero al final, ni se para ni espera, y sube y baja igual.   “El horizonte verdadero” Porque al final —y esto lo sabe cualquiera que haya hecho guardias largas en el puente de un barco, “el horizonte nunca es el que parece”. El aparente es solo una línea engañosa, dibujada por la luz y la distancia. El verdadero está más allá; donde la mar se junta con la voluntad, donde el futuro se abre como una derrota limpia y donde cada avance, por polémico que sea, termina siendo parte de la travesía humana. La inteligencia artificial es exactamente eso; “un horizonte verdadero”. No el que algunos ven con miedo, ni el que otros deforman con alarmismos, sino el que se revela cuando uno se atreve a mirar más lejos, más hondo y con menos prejuicios. Quien navega sabe que el barco que teme avanzar se queda a merced del oleaje. Quien se atreve, en cambio, descubre que el mar siempre recompensa al que confía en su rumbo. Por eso defiendo la IA a capa y espada, porque es viento nuevo en las velas, porque es carta actualizada en un mundo que cambia, porque es faro en noches de incertidumbre, y porque negar su avance sería renunciar al horizonte verdadero que nos corresponde como especie. La mar enseña que “solo avanza quien se atreve”. La historia confirma que “solo progresa quien no teme aprender”, y la IA, como toda marea que llega para quedarse, nos invita a seguir navegando hacia adelante, sin miedo, sin supersticiones y con la serenidad de quien sabe que el futuro no se detiene… “Se conquista”. La IA no es un enemigo; por el contrario, es un nuevo instrumento de navegación para la vida moderna. Si la usamos con conciencia, será una aliada formidable. Si la usamos sin ética, será un peligro. Pero renunciar a ella sería como navegar de noche