☀️
Santa María de Guía Guía
--° · Cargando...
Máx. --° · Mín. --°
Una generación que despierta
Gema Díaz

Durante demasiado tiempo hemos hablado de nuestros jóvenes como una generación líquida: aparentemente desconectada, atrapada entre pantallas, marcada por la incertidumbre y acostumbrada a vivir sin demasiadas certezas. Quizá nos equivocábamos. Quizá no les faltaba conciencia. Quizá estaban esperando que la realidad les diera suficientes motivos para decir basta.

Y la vivienda parece haberse convertido en uno de ellos.

España vive estos días movilizaciones por el derecho a una vivienda digna. La protesta que comenzó en Madrid y que mantiene una acampada en la Puerta del Sol se ha extendido a distintas ciudades del país. Jóvenes, familias, estudiantes e inquilinos están poniendo sobre la mesa una preocupación que condiciona proyectos de vida enteros: poder acceder y permanecer en un hogar.

Y Canarias no está al margen.

La noche del 29 al 30 de septiembre, la plaza de la Feria de Las Palmas de Gran Canaria, frente a la Delegación del Gobierno, se llenó de casetas. Según EFE, unas 45 personas pasaron allí la noche en 27 tiendas de campaña, después de una asamblea convocada por la plataforma Derecho al Techo a la que asistieron alrededor de 200 personas. La movilización se suma a las protestas que se están produciendo en otros puntos de España.

Hay algo profundamente emocionante en esa imagen.

Porque detrás de cada tienda de campaña hay mucho más que una protesta. Hay jóvenes preguntándose si algún día podrán independizarse, construir un hogar o desarrollar su vida sin que buena parte de sus ingresos desaparezca cada mes en el alquiler. Hay personas que han decidido pasar de comentar su frustración en una pantalla a encontrarse en una plaza, mirarse a los ojos, debatir y organizarse.

Y eso, independientemente de las distintas opiniones que podamos tener sobre las soluciones concretas a la crisis de la vivienda, merece ser escuchado.

Me llena de orgullo contemplar a una generación que empieza a descubrir algo que nunca deberíamos haber olvidado: que la democracia también se construye participando. Reuniéndose. Preguntando. Exigiendo respuestas. Escuchando al que piensa diferente y defendiendo pacíficamente aquello que consideran justo.

Tal vez esta generación no fuera tan líquida como creíamos.

Tal vez estaba aprendiendo a navegar en un mundo que le entregamos lleno de incertidumbres.

Y ahora, en Sol, en la plaza de la Feria y en tantas otras plazas, algunos de esos jóvenes han decidido echar raíces, aunque sea durante unas noches bajo una lona.

No sabemos hasta dónde llegará este movimiento ni cuáles serán finalmente las respuestas políticas a sus reivindicaciones. Pero sí hay algo que merece celebrarse: una juventud consciente de que su futuro también le pertenece y de que tiene derecho a participar en la conversación sobre cómo quiere vivirlo.

Porque cuando una generación deja de limitarse a preguntar «¿qué futuro nos queda?» y comienza a decir «queremos formar parte de su construcción», algo importante está sucediendo.

Suscribete a nuestro newsletter

Articulos
Redacción NorteGranCanaria

Trump y las dictaduras que no ha logrado derribar

“Parece que, al rubio pistolero americano, se le ha encasquillado el colt 45 largo” “Pedro Sánchez no es el único que incumple sus promesas electorales”  “El rubio pistolero de la lejana aldea del salvaje oeste americano Donal Trump”, se presentó ante buena parte de su electorado y mundo entero, como el líder capaz de restaurar el poder de Estados Unidos y enfrentarse a los regímenes, que él consideraba enemigos de la libertad. Así a voz de pronto, más parecía la llegada de un nuevo Mesias redentor, que de un “chulo rubio pistolero americano, dispuesto a usar su Colt 45 largo y cargarse al primero que se le pusiera delante y no le gustar su mirada” Pero hay una vieja costumbre en la política moderna que se resume en “prometer más de lo que se puede cumplir”. Y pocas veces se ha visto con tanta claridad como en el caso de Donald Trump, un hombre que llegó al poder presentándose como negociador implacable, pacificador mundial y azote de todas las dictaduras incómodas, aunque solo para los Estados Unidos. Entre sus promesas figuraban “meter en cintura” a Cuba, Venezuela e Irán. Regímenes que, según sus propias palabras, estaban condenados a doblegarse ante la presión de Washington. Años después, conviene preguntarse…  ¿Qué quedó de aquellas proclamas que parecían anunciar un vuelco histórico? La respuesta es incómoda y bastante, por cierto. Pero, como viejo lobo de mar, que además arrastra de por vida el ser un mauro de Telde y siguiendo mi estilo marinero voy a intentar analizar caso por caso,     “Cuba: la realidad contra la propaganda” El caso cubano resulta especialmente significativo. Hace sesenta y seis años, una revolución prometió liberar a los cubanos de una dictadura (Gerenarl Batista), pero lo que vino después con Fidel Castro, Che Guevara y resto compinches revolucionarios, fue otro sistema de poder que, generación tras generación, ha restringido libertades y ha terminado sumiendo al país en una crisis permanente. Sin embargo, sería un error pensar que la responsabilidad de esta tragedia corresponde únicamente a La Habana. También Washington lleva décadas demostrando una asombrosa incapacidad para comprender la realidad cubana. Ahora Donald Trump asegura, que no será necesaria una intervención militar porque el Gobierno cubano terminará cediendo ante su presión económica y política. El mismo argumento, con distintos matices, lo hemos escuchado durante décadas. “El régimen está a punto de caer. El sistema se encuentra agotado. El final es inminente”. Y mientras tanto pasan los años, cambian los presidentes estadounidenses y Cuba continúa donde estaba, con un pueblo cada vez más jodido y unos gobernantes diciéndoles “Patria o muerte”, como si esa proclama fuera a quitarles el hambre y sacarlos de la mayor de las miserias jamas vista en Cuba. Al menos, al pueblo llano, porque las elites del partido comunista, siguen viviendo como Dios. ¡Faltaría más! ¡Que por algo son comunistas! Trump ha llegado a afirmar que el régimen cubano se encuentra sometido a una presión sin precedentes y que terminará cayendo. Pero la historia demuestra algo que demasiados estrategas se niegan a aceptar: “el hambre puede debilitar a un pueblo, pero no necesariamente derriba a quienes lo gobiernan”. Los cubanos soportan apagones, escasez, salarios insuficientes y una emigración que ha vaciado barrios enteros. Sin embargo, quienes administran el poder siguen conservando los instrumentos esenciales para perpetuarse. Y ahí radica el error de cálculo de quienes, desde cómodos despachos a miles de kilómetros de distancia, creen que el sufrimiento social produce automáticamente cambios políticos. No querido pistolero rubio americano. has olvidado, que por las venas de los cubanos circula sangre española, que nada tiene que ver con la anglosajona, por ejemplo. Hoy por hoy no hay nada que indique que un régimen vaya a desaparecer simplemente porque la población esté cansada. Si así fuera, muchas dictaduras habrían desaparecido hace décadas. Por lo tanto, que rubio pistolero americano, cambia el rollo, que esa película ya la hemos visto muchas veces e incluso en “fémina” que en el Cine Cervantes de Telde la daban los miércoles por medio duro. Eso sí, las pulgas que agarrabas en la sala, no te las cobraban. Era una gentileza de la casa. Jajajajaja. “Venezuela: otra profecía incumplida” Con Venezuela ocurrió algo parecido, con la única diferencia, de que el país es rico en petróleo. Y que conste que, por tratarse de mi segunda patria, me duele particularmente y sobremanera Se anunciaron aislamientos internacionales, sanciones demoledoras y desplomes inminentes. Se habló una y otra vez del final del chavismo como si se tratara de una cuenta atrás irreversible. Sin embargo, la realidad volvió a desmentir a los profetas. Los sistemas políticos no se derrumban únicamente porque una potencia extranjera, USA como es el caso, lo desee. Se sostienen mediante estructuras de poder, intereses internos y alianzas internacionales, mucho más complejas que cualquier discurso electoral. Y en este caso, salía más efectivo y económico hacer “Santa” a Decy Rodríguez, meter en la cárcel al subnormal del Nicolas Maduro, y darles una palmadita en la espalda a los militares, que ayudar a que se cumpliera la voluntad de un pueblo que sufría la tiranía chavista. Pero de ello y más extensamente hablaré otro día. Porque los “pendejos venezolanos” -añadió el rubio pistolero- Bien se merecen lo que tienen, y aunque no me gusta, que nadie llame “pendejos” a mis hermanos venezolanos, tengo que admitir que al menos en esta ocasión, algo de razón tienen “el pistolero rubio americano”. Porque si los cubanos mantienen al menos su dignidad; los venezolanos están demostrando vergonzosamente, para los que amamos Venezuela, como este viejo lobo de mar que suscribe, que no dan “palo al agua” y, por lo tanto, se merecen lo que les ha caído encima; que insisto, me duele en lo más profundo de mi corazón y me pregunto… ¿Dónde y cuándo “panas”, fue, que se les apagó la llama de la hombría isleña?   “Irán: la arrogancia de creer que todo tiene un precio” El caso iraní, refleja además otro error frecuente de la política