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Cinco gestos cotidianos para sacar a tu cerebro del piloto automático

28 de octubre de 2026

Pequeños retos cotidianos para mantener activo el cerebro

Cambiar de camino, calcular mentalmente o aprender una nueva habilidad son algunas formas de incorporar la estimulación cognitiva a la vida diaria

La tecnología ha simplificado muchas tareas cotidianas: el navegador nos guía, el teléfono almacena los contactos y la calculadora resuelve operaciones en segundos. Pero algunas de esas actividades que ahora delegamos también ofrecen oportunidades para ejercitar la atención, la orientación o la memoria.

Introducir pequeños cambios en la rutina puede ayudarnos a prestar atención a lo que hacemos. Lavarse los dientes con la mano no dominante, tomar un camino diferente o calcular mentalmente el importe de una compra son ejemplos que propone Estela Lladó-Carbó, neurocientífica y experta en longevidad de Monarka Clinic.

La especialista defiende la importancia de incorporar desafíos mentales a la vida diaria y recuerda que el cerebro adulto conserva capacidad de adaptación. Esta propiedad, conocida como neuroplasticidad, permite que las conexiones cerebrales se modifiquen con la experiencia y el aprendizaje.

Lladó-Carbó plantea que muchas acciones se vuelven automáticas con la repetición, mientras que las situaciones nuevas nos invitan a prestar más atención. Desde esa perspectiva, propone recuperar parte del esfuerzo mental que antes formaba parte de la vida cotidiana.

Cinco ideas para introducir nuevos retos

Una primera opción es utilizar la mano no dominante para realizar tareas sencillas, como remover una bebida o lavarse los dientes. El cambio obliga a concentrarse en movimientos que normalmente hacemos de forma automática.

También se puede variar un recorrido conocido, por ejemplo, escogiendo otra ruta para volver a casa. Orientarse en un entorno diferente exige observar y tomar decisiones.

Otra propuesta consiste en prestar más atención al tacto durante tareas sencillas, como buscar un objeto dentro de un bolso sin mirarlo. Conviene elegir actividades seguras y evitar hacerlo en situaciones en las que cerrar los ojos pueda provocar una caída o un accidente.

El cálculo mental ofrece otra posibilidad: estimar el precio de la compra o calcular una propina antes de recurrir a la calculadora. Por último, mantener una conversación presencial y sin distracciones requiere escuchar, recordar lo que se ha dicho e interpretar gestos y expresiones.

Estos ejercicios pueden aportar variedad y resultar estimulantes, aunque no está demostrado que, por sí solos, prevengan la demencia.

Aprender una habilidad nueva

La investigación también ha explorado los efectos de actividades más exigentes y mantenidas en el tiempo. En el Synapse Project, un estudio con personas mayores, los participantes que aprendieron fotografía digital, costura creativa o ambas actividades durante tres meses mostraron una mejora en una prueba de memoria episódica en comparación con otros grupos que realizaron actividades menos exigentes.

Los resultados apuntan al interés de mantener el aprendizaje activo en edades avanzadas, aunque no permiten asegurar que una actividad concreta proteja frente a la demencia. Aprender un idioma, practicar un instrumento o desarrollar una afición son opciones que pueden adaptarse a los intereses y capacidades de cada persona.

La salud cerebral va más allá de los ejercicios mentales

El cuidado del cerebro también está relacionado con otros aspectos de la salud y del entorno. La Comisión The Lancet sobre prevención de la demencia identificó en su informe de 2024 catorce factores de riesgo potencialmente modificables, entre ellos la inactividad física y el aislamiento social.

Sus autores estimaron que actuar sobre el conjunto de esos factores podría contribuir a prevenir o retrasar alrededor del 45 % de los casos de demencia a escala mundial. Se trata de una estimación poblacional, no de una garantía individual.

La propuesta de introducir pequeños desafíos cotidianos se suma así a una idea más amplia: mantenerse activo, seguir aprendiendo y conservar los vínculos sociales puede formar parte de una vida saludable a cualquier edad.

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