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LA UD TASARTE ESTRENA HIMNO ANTE SU AFICIÓN

Cuarenta años después de iniciar su andadura como club de fútbol, la UD Tasarte ya tiene himno oficial, con letra del verseador Yeray Rodríguez y voz de Pedro Manuel Afonso.

La presentación oficial fue este viernes, 7 de febrero, con motivo de la disputa del derbi local de Segunda Regional contra la UD San Nicolás, ante numerosos vecinos, empresarios y responsables políticos locales, que abarrotaron el campo.

El acto resultó muy emotivo, no sólo por la presentación, sino porque ha sido la vez que más público acudió a arropar al equipo. Al inicio del encuentro, que terminó con victoria de la UD San Nicolás, el alcalde Tomás Pérez, felicitó a los dos equipos por su trayectoria, y a la UD Tasarte por la iniciativa de tener su propio himno. Por su parte, desde la directiva del equipo local, se agradeció la colaboración de Yeray Rodríguez y Pedro Manuel Afonso, así como de Ner Suárez, responsable del estudio de grabación.

A partir de ahora, y como cualquier equipo, el himno sonará al inicio y final de cada partido que la UD Tasarte juegue en casa. La letra de Yeray Rodríguez, estrechamente relacionado con el barrio de Tasarte, es la siguiente:

HIMNO DEL UD TASARTE SC

En el oeste grancanario hay un equipo ganador

que representa el gran esfuerzo de su pueblo;

es el Tasarte San Clemente, rojo y negro su color,

y el gran orgullo de todos los tasarteros.

 

Lleva en el alma de los suyos toda la pasión

que da vivir en un paisaje sin igual

y en su escudo las tuneras del barranco

el rojo, el blanco y la iglesia de San Juan.

 

Vamos Tasarte,

nuestro Tasarte,

pon en cada jugada el corazón;

juega Tasarte,

gana Tasarte,

convierte a nuestro pueblo en campeón.

 

Vamos Tasarte, por aquellos que viven en ti

cuyas raíces van del pueblo hasta la playa

y por aquellos que, aunque un día salieron de aquí,

son tasarteros por donde quiera que vayan.

 

Vamos Tasarte, no te rindas, sal siempre a ganar,

son más de once los que lucharán por ti

pues cuando juega el equipo tasartero

un pueblo entero es quien sale a competir.

 

Vamos Tasarte,

nuestro Tasarte,

pon en cada jugada el corazón;

juega Tasarte,

gana Tasarte,

convierte a nuestro pueblo en campeón.

Articulos
Redacción NorteGranCanaria

José Luis Guerra de Armas: una vida entera caminando al lado de su gente

El sacerdote natural de Arucas se despide este domingo de la parroquia de San Francisco de Asís, en Vegueta, después de 26 años como párroco y 62 años de sacerdocio. A sus 86 años cierra una etapa marcada por la cercanía, la palabra y el acompañamiento a varias generaciones de feligreses. Sesenta y dos años al servicio de una Iglesia que también aprendió a caminar con él Hay despedidas que no parecen despedidas. Quizá porque, después de tantos años, una persona deja de ocupar solamente un lugar y pasa a formar parte de la memoria, de las conversaciones y de la vida cotidiana de una comunidad. Este domingo, 4 de octubre, la parroquia de San Francisco de Asís, en Vegueta, se reúne alrededor de su altar para despedir a quien durante los últimos 26 años ha sido mucho más que su párroco. José Luis Guerra de Armas, natural de Arucas y a sus 86 años, pone punto y seguido a una larga etapa pastoral después de 62 años de sacerdocio en la Diócesis de Canarias. No es una despedida cualquiera. Coincide con la celebración de los 800 años de la muerte de san Francisco de Asís, una fecha especialmente significativa para una comunidad que ha tenido en José Luis una presencia constante durante más de un cuarto de siglo. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1964 por el obispo Antonio Pildain. Desde entonces, su vida ha estado estrechamente vinculada a la Iglesia grancanaria, donde ha desempeñado diferentes responsabilidades y ha ejercido también como periodista, después de licenciarse en Periodismo por la Universidad de Navarra. Pero probablemente ninguna de esas responsabilidades explica por sí sola el vínculo que ha construido con los feligreses de San Francisco de Asís. Porque a José Luis se le recordará, sobre todo, por su manera de estar. Por las conversaciones, por las homilías, por la palabra pronunciada en el momento oportuno, por la cercanía con la que ha acompañado a tantas personas en momentos felices y también en los más difíciles. Por esa capacidad de convertir la parroquia en un lugar donde uno sabía que podía entrar y sentirse acogido. Durante 26 años, generaciones de feligreses han visto en él al sacerdote que celebraba la Eucaristía, bautizaba a sus hijos, acompañaba a sus familias, despedía a sus seres queridos y compartía con ellos las alegrías y preocupaciones de la vida. Ahora es la comunidad la que quiere acompañarlo a él. José Luis se marcha de la parroquia, pero no parece dispuesto a jubilarse de la vida. Quienes lo conocen saben que el descanso absoluto no parece estar entre sus planes. Él mismo lo resume con una frase que tiene mucho de su personalidad: «Prefiero morir de infarto que de aburrimiento». Quizá también por eso recuerda con especial intensidad aquellos años de juventud que cambiaron su manera de mirar el mundo. París, 1968. Un joven sacerdote que se encuentra con una sociedad en transformación y que descubre nuevas preguntas, nuevas inquietudes y, sobre todo, una nueva manera de sentirse persona. Son sentimientos que ayudan a entender al hombre que hay detrás del sacerdote. Un hombre atento a su tiempo, inquieto, con curiosidad por el mundo y con una mirada que nunca ha querido quedarse al margen de lo que sucedía a su alrededor. Ahora, después de 62 años de sacerdocio, llega el momento de bajar un poco el ritmo. No necesariamente el de dejar de servir. José Luis ha expresado su deseo de continuar colaborando con la Iglesia grancanaria. Porque hay vocaciones que no terminan cuando cambia una responsabilidad. Simplemente encuentran otra manera de seguir estando. Este domingo, mientras la comunidad de San Francisco de Asís celebra a su santo y recuerda ocho siglos de su ausencia, habrá también espacio para agradecer la presencia de un sacerdote que durante 26 años hizo de aquella parroquia una parte esencial de su vida. Los feligreses quieren darle las gracias por su paciencia, por sus palabras, por cada Eucaristía y, sobre todo, por haber caminado junto a ellos durante tantos años. Quizá esa sea la mejor manera de resumir una trayectoria sacerdotal tan larga: no en los cargos desempeñados ni en los años contabilizados, sino en las personas que pueden decir que, en algún momento de sus vidas, José Luis Guerra estuvo allí. Y eso es algo que una despedida no puede borrar. Sesenta y dos años después de aquel 15 de agosto de 1964, el sacerdote de Arucas cierra una etapa. Se lleva consigo muchas historias y deja otras tantas en la memoria de quienes hoy le dicen adiós. La comunidad de San Francisco de Asís le despide con gratitud, pero también con una certeza: quien ha acompañado durante tantos años la vida de los demás nunca se marcha del todo. Que el camino que comienza ahora le regale tiempo, salud, nuevas conversaciones y, sobre todo, mucha «paz y bien».