
«Ecos de un amor eterno»
Todo se llenó de alegría aquel verano de 1961. —¡Es un niño! —anunció la comadrona con una sonrisa que muchos recordarían durante años. El pequeño llegó al mundo con la piel tersa y morena, heredada de su padre; unos mofletes redondos que invitaban a colmarlos de besos y una mirada











