28 febrero 2026 3:47 pm
143 años de «La Luz»: la historia de la joya que transformó las islas y el reto de no bajar la guardia ahora

Parece mentira, pero ya han pasado 143 años desde que el Puerto de La Luz empezó a cambiarle la cara a Gran Canaria. Todo arrancó un 26 de febrero de 1883. Ese día, la empresa británica Swanston puso la primera piedra de lo que entonces llamaban «Puerto de Refugio», siguiendo los planos de Juan León y Castillo. El ingeniero teldense tuvo una visión que nos puso directamente en el mapa del mundo, convirtiendo a las islas en esa parada obligatoria en mitad del Atlántico.

Lo que empezó como un proyecto ambicioso terminó siendo el motor que tira de la economía canaria y, sinceramente, de buena parte de la española. Desde finales del siglo XIX, el puerto ha sido un imán. Atrajo a navieras y comerciantes de todas partes gracias a su ubicación, a su calado natural y a la seguridad que da estar bajo el paraguas jurídico de España.

Hoy por hoy, hablamos de un bicho logístico impresionante:

  • Es un punto clave para repostar combustible.

  • Tiene un polo de reparación naval de los más potentes que existen.

  • Es la base de la flota pesquera, segura y eficiente.

  • Y, por supuesto, es la puerta de entrada y salida de mercancías entre África, Europa y América.

Las cifras de 2025 asustan un poco (para bien): cerró con más de 36,5 millones de toneladas y recibió a más de 2 millones de cruceristas. Con 16 kilómetros de atraque y zonas que llegan a los 45 metros de profundidad, es de los puertos más vivos de Europa. No es solo asfalto y grúas; es el sustento de miles de familias y representa más del 12% del PIB de Canarias.

Pero ojo, que no todo es dar palmas. El Puerto de La Luz vive ahora un momento de «récord con cautela». El motivo tiene nombre propio: Marruecos. El país vecino se ha puesto las pilas con una estrategia portuaria agresiva, metiendo millones en terminales nuevas para ser el gran hub africano. Juegan con cartas distintas: costes mucho más bajos, salarios menores y una flexibilidad laboral que aquí no tenemos. Solo hay que ver a Marsa Maroc, su operador estatal, que en la primera mitad de 2025 subió sus beneficios un 23,5%.

La preocupación en las islas es real. Se teme que el tráfico de transbordo se mude al vecino porque sale más barato. Y lo que más escama a algunos, como a Julio C. Glez. Padrón, es que una empresa con capital del gobierno marroquí se haya metido de lleno en una de las operadoras españolas del puerto. Como él dice, es un poco como «meter al zorro en el gallinero para que te cuide a las gallinas».

¿Qué nos jugamos? Pues básicamente el empleo, la industria y nuestra conectividad. Aun así, La Luz tiene ventajas que no se compran tan fácilmente: la estabilidad política, la seguridad de la Unión Europea y una fama de seriedad y calidad ganada a pulso durante más de un siglo.

Para seguir liderando, el camino está claro:

  1. Meterle caña a la digitalización.

  2. Apostar fuerte por las energías limpias.

  3. Y, sobre todo, que la colaboración público-privada sea con capital español.

Al final, este 143 aniversario es para recordar que el puerto es nuestra «joya de la corona». Ya lo decía aquel discurso de 1921: «¡Salve Puerto de La Luz! Que tu grandeza es la del Archipiélago y la de España».

Para terminar, y hablando de lo que Marruecos puede estar tramando, me quedo con la frase de viejo lobo de mar que cierra el texto original: «Cristiano, qué quiere que le diga que no le engañe… yo no me fío un pelo del vecino». Porque, como dicen en el pueblo, no hay sitio sin sus problemas ni linaje sin sus fallos. ¡Qué cosas!

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