10 abril 2026 11:58 am
La Historia De Canarias (1)
La Historia De Canarias (1)
Canarias: la asignatura que seguimos dejando para septiembre

Hay tirones de orejas que no duelen, pero que te dejan bien despierto. Y este que escribo hoy pretende ser exactamente eso. Con todo el respeto que merecen los responsables de Cultura de nuestro Gobierno, creo que es hora de decir las cosas claras, con cariño, pero con firmeza: nuestros jóvenes no saben quiénes son.

Es una realidad que asusta. No es nostalgia vacía ni ganas de vivir en el pasado; es un hecho demostrable. Demasiados escolares en las islas caminan sobre esta tierra sin conocer los cimientos que la sostienen. Y seamos sinceros: un pueblo que no sabe de dónde viene, difícilmente sabrá hacia dónde camina.

Más que «guanches» y mucho antes del siglo XV

Parece que nos han vendido que nuestra historia empezó con la llegada de los europeos. Error. Mucho antes de que el primer barco castellano asomara por el horizonte, estas islas ya latían. Desde el primer milenio antes de Cristo, oleadas de pueblos bereberes del norte de África hicieron de este archipiélago su hogar.

Incluso Plinio el Viejo ya hablaba de las Insulae Canariae en el siglo I. El mundo clásico sabía que estábamos aquí, pero parece que hoy se nos olvida.

Y ojo con los nombres, porque las palabras importan. Me rebelo ante la costumbre de llamar «guanches» a todos por igual. Una media verdad repetida mil veces no se convierte en realidad. Teníamos identidades propias y diversas:

  • Bimbaches en El Hierro.

  • Canarii en Gran Canaria.

  • Majos en Lanzarote y Fuerteventura.

  • Gomeritas en La Gomera.

  • Auaritas en La Palma.

  • Y sí, los Guanches en Tenerife.

No éramos un bloque uniforme. Éramos sociedades adaptadas a su geografía. Mientras en Tenerife mandaban los Menceyes, en Gran Canaria la autoridad recaía en el Guanarteme. En La Palma se organizaban por cantones y en El Hierro buscaban una cohesión más estrecha. Éramos distintos, pero compartíamos una raíz profunda.

Ciencia, espíritu y «Xaxos»

Nuestros antepasados no solo sobrevivían; tenían una cosmogonía fascinante. Rezaban a Achamán en las cumbres de Tenerife o a Acorán en Gran Canaria, y temían a Guayota cuando el Teide rugía. Sus ritos no eran anécdotas; eran el pegamento de su sociedad.

Pero si hay algo que debería dejar a cualquier estudiante con la boca abierta es la técnica del Xaxo. Sí, la momificación. Desarrollaron procesos complejos de vaciado, secado y tratamiento con minerales y vegetales para preservar a sus muertos de alto rango. Es un fenómeno único en el ámbito atlántico europeo. Es ciencia, es respeto por la vida y es nuestra.

El puente entre mundos

A partir del siglo XV, el tablero cambió. La conquista (1402-1496) fue larga, dura y desigual. Hubo pactos y hubo resistencias feroces. De ahí nacimos nosotros: una mezcla que nos convirtió en el eje estratégico entre Europa, África y América.

Nuestra identidad se ha forjado a base de ciclos. El azúcar, la cochinilla, el tabaco y el plátano han dibujado nuestro paisaje. Y, por supuesto, la emigración. Ese «tributo de sangre» que nos obligó a marchar, y esas maletas cargadas de esperanza hacia Cuba o Venezuela. Somos hijos del Puerto de la Luz y, más tarde, del «boom» turístico de los 60 que lo cambió todo.

Una cuestión de identidad, no de política

El problema es que los planes educativos, desde la LOGSE hasta hoy, han pasado de puntillas por nuestra historia local. Y ahí es donde nuestras instituciones tienen que dar el do de pecho.

No pido localismos excluyentes ni banderas vacías. Pido identidad. Pido que la «patria chica» sea conocimiento y no solo una consigna en un discurso. Si logramos que un pibe sepa qué era un Almogarén o por qué su bisabuelo cruzó el charco, estaremos formando ciudadanos con raíces. Ciudadanos con criterio. Quizás menos «modernos» de postureo, pero desde luego mucho menos ignorantes.

Así que, señor consejero de Cultura: coja el surco, ¿me oyó? Y ¡arrayese un millo! No se me ponga ahora de perfil, que no le estoy pidiendo imposibles. Solo le pido que nuestra historia deje de ser la eterna asignatura pendiente.

Porque, como bien sabemos por aquí… ¡casos se han dado!

Compartir
Más Noticias

Suscribete a nuestro newsletter