Ceuta y la nación de las chapuzas

El ministro Marlaska se gusta tanto a sí mismo que parece un maniquí de El Corte Inglés, y la ministra de Defensa, señora Robles, a pesar de su figura, tiene entablada una durísima pelea a diez asaltos. Así anda el gobierno, extraviado en los cerros de Úbeda sin reconocer al enemigo. Y, entretanto, la martirizada ciudad de Ceuta sigue sitiada por una legión que entró como Pedro por su casa. De buena tinta sabemos que, ante lo que se avecina, España ya no puede contar con los informes secretos que facilitaban Israel y EE.UU., y por ello va a pedir ayuda a los servicios de inteligencia de Andorra y San Marino, de probada eficacia cuando se trata de vigilar el norte de África.

Ahora Ceuta es un milagro que, igual que Toledo hace muchos siglos, permite la convivencia de cristianos, musulmanes y judíos sin que nadie se rasgue las vestiduras. Entretanto, Marruecos no para de pedir que le den Ceuta y Melilla, con gritos patrióticos que recuerdan aquello del Gibraltar Español, Español, Español. Pero ni Gibraltar va a volver ni Ceuta y Melilla se van a ir pese a que en estas islas tenemos un miedo ancestral al reino alauita, que nos va a invadir de la noche a la mañana. Este miedo lo comparten quienes no han visitado el Marruecos profundo, el de las poblaciones precarias, el de las ciudades militarizadas en la frontera con Argelia, el de la pobreza, el de falta de oportunidades para los jóvenes, el de las pateras. El de la economía real. Ahora mismo en España hay más marroquíes que en Francia, pese a que Francia fue la potencia colonial. Los envíos de dinero de los millones de emigrados mantienen la economía.

Pero no nos podemos fiar porque Marruecos sabe manejar la muy bien debilidad del país de las chapuzas, la poca fiabilidad de sus servicios de inteligencia, la indecisión de sus gobernantes, el cesarismo de su presidente. Recordemos que cuando Franco se moría y no había autoridad llegó aquella penosa Marcha Verde que dejó a Canarias con el culo al aire. Ahora la Marcha Verde es la Marcha Azul, miles de asaltantes cruzan la frontera sin que nadie los detenga, nadan, vienen corriendo, nadie los para, al contrario: los guían, les muestran el camino. El hacinamiento y la confusión se apoderan de las calles ceutíes. Unos militares son atacados por la turba y han de llamar a la policía para que los defienda.

En este episodio hemos contemplado el uso de la desinformación, las verdades a medias, las dobles versiones, las mentiras, la manipulación, un relato dudoso disfrazado de autenticidad.

Siempre hay que convivir con una serpiente. En los años 80 la serpiente se llamaba ETA, ahora y durante los siglos venideros la serpiente que nos puede atacar viene de otra dirección. Increíble que España, ese país que se ha modernizado tanto, reciba con tal actitud la mordida de la serpiente y no sepa reaccionar. Debe ser que hay intereses profundos, inversiones, entramados económicos, mafias. Etcétera. Lo que está claro es que ha de cambiarse la política exterior con el vecino. La forma tradicional de actuar que ha tenido España, con cesiones parciales a cambio de paz, ha demostrado que no consigue su objetivo, pues la hipotética paz siempre es efímera, y de manera inmediata se produce otro chantaje con mayor exigencia. Entregamos gratis el Sáhara y no se convocó el referéndum que estaba pactado, crecen los negocios con el vecino pero las amenazas no cesan ni tampoco las reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla. Cuando no se actúa, los conflictos se van pudriendo.

¿Y Canarias? En el mapa del Gran Marruecos salen las islas, porque estamos al ladito. Tenerlo claro es básico, hay que vigilar. Y qué significa chapuza: un trabajo mal hecho: Una obra realizada sin esmero, sin arte o de manera poco profesional. Lo de Ceuta.

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Redacción NorteGranCanaria

Ceuta y la nación de las chapuzas

El ministro Marlaska se gusta tanto a sí mismo que parece un maniquí de El Corte Inglés, y la ministra de Defensa, señora Robles, a pesar de su figura, tiene entablada una durísima pelea a diez asaltos. Así anda el gobierno, extraviado en los cerros de Úbeda sin reconocer al enemigo. Y, entretanto, la martirizada ciudad de Ceuta sigue sitiada por una legión que entró como Pedro por su casa. De buena tinta sabemos que, ante lo que se avecina, España ya no puede contar con los informes secretos que facilitaban Israel y EE.UU., y por ello va a pedir ayuda a los servicios de inteligencia de Andorra y San Marino, de probada eficacia cuando se trata de vigilar el norte de África. Ahora Ceuta es un milagro que, igual que Toledo hace muchos siglos, permite la convivencia de cristianos, musulmanes y judíos sin que nadie se rasgue las vestiduras. Entretanto, Marruecos no para de pedir que le den Ceuta y Melilla, con gritos patrióticos que recuerdan aquello del Gibraltar Español, Español, Español. Pero ni Gibraltar va a volver ni Ceuta y Melilla se van a ir pese a que en estas islas tenemos un miedo ancestral al reino alauita, que nos va a invadir de la noche a la mañana. Este miedo lo comparten quienes no han visitado el Marruecos profundo, el de las poblaciones precarias, el de las ciudades militarizadas en la frontera con Argelia, el de la pobreza, el de falta de oportunidades para los jóvenes, el de las pateras. El de la economía real. Ahora mismo en España hay más marroquíes que en Francia, pese a que Francia fue la potencia colonial. Los envíos de dinero de los millones de emigrados mantienen la economía. Pero no nos podemos fiar porque Marruecos sabe manejar la muy bien debilidad del país de las chapuzas, la poca fiabilidad de sus servicios de inteligencia, la indecisión de sus gobernantes, el cesarismo de su presidente. Recordemos que cuando Franco se moría y no había autoridad llegó aquella penosa Marcha Verde que dejó a Canarias con el culo al aire. Ahora la Marcha Verde es la Marcha Azul, miles de asaltantes cruzan la frontera sin que nadie los detenga, nadan, vienen corriendo, nadie los para, al contrario: los guían, les muestran el camino. El hacinamiento y la confusión se apoderan de las calles ceutíes. Unos militares son atacados por la turba y han de llamar a la policía para que los defienda. En este episodio hemos contemplado el uso de la desinformación, las verdades a medias, las dobles versiones, las mentiras, la manipulación, un relato dudoso disfrazado de autenticidad. Siempre hay que convivir con una serpiente. En los años 80 la serpiente se llamaba ETA, ahora y durante los siglos venideros la serpiente que nos puede atacar viene de otra dirección. Increíble que España, ese país que se ha modernizado tanto, reciba con tal actitud la mordida de la serpiente y no sepa reaccionar. Debe ser que hay intereses profundos, inversiones, entramados económicos, mafias. Etcétera. Lo que está claro es que ha de cambiarse la política exterior con el vecino. La forma tradicional de actuar que ha tenido España, con cesiones parciales a cambio de paz, ha demostrado que no consigue su objetivo, pues la hipotética paz siempre es efímera, y de manera inmediata se produce otro chantaje con mayor exigencia. Entregamos gratis el Sáhara y no se convocó el referéndum que estaba pactado, crecen los negocios con el vecino pero las amenazas no cesan ni tampoco las reivindicaciones sobre Ceuta y Melilla. Cuando no se actúa, los conflictos se van pudriendo. ¿Y Canarias? En el mapa del Gran Marruecos salen las islas, porque estamos al ladito. Tenerlo claro es básico, hay que vigilar. Y qué significa chapuza: un trabajo mal hecho: Una obra realizada sin esmero, sin arte o de manera poco profesional. Lo de Ceuta.