La Diócesis de Canarias celebra las tres décadas de sacerdocio de su obispo auxiliar, una trayectoria marcada por el servicio, la cercanía y el acompañamiento a comunidades y personas.
Tres décadas han pasado desde que monseñor Cristóbal Déniz recibió la ordenación sacerdotal. Treinta años de ministerio que permiten mirar atrás y recorrer una trayectoria construida entre parroquias, comunidades, celebraciones y, sobre todo, personas.
Este aniversario supone mucho más que una fecha señalada en el calendario. Son 30 años de encuentros, conversaciones, decisiones, dificultades, alegrías y experiencias compartidas que han ido dando forma a una vocación que, con el paso del tiempo, ha asumido nuevas responsabilidades sin perder uno de sus rasgos esenciales: la cercanía.
Antes de llegar al episcopado estuvo el joven que decidió entregar su vida al sacerdocio. Una elección que durante estas tres décadas se ha traducido en escuchar, orientar, celebrar, compartir y acompañar a quienes han ido encontrándose con él a lo largo de su camino pastoral.
Porque el sacerdocio también se construye desde las pequeñas historias cotidianas. Una conversación en un momento complicado, una visita, una palabra oportuna, una celebración compartida o simplemente la disponibilidad para escuchar a quien lo necesita forman parte de un ministerio que pocas veces puede medirse únicamente en cifras o responsabilidades.
También han sido años de cambios, interrogantes, cansancio y nuevos retos. Tres décadas en las que cada etapa ha obligado a renovar aquella primera decisión y adaptarla a las circunstancias de una Iglesia y una sociedad en permanente transformación.
Del sacerdocio al episcopado
La trayectoria de Cristóbal Déniz le llevó con los años a asumir nuevas responsabilidades dentro de la Iglesia hasta ser nombrado obispo auxiliar de la Diócesis de Canarias.
Una misión que amplió su ámbito de trabajo pastoral, pero que no eliminó la esencia de sus primeros años como sacerdote: el contacto directo con las comunidades y con las personas.
Ser obispo no borra al sacerdote. Este aniversario permite precisamente recuperar la figura del presbítero que durante tres décadas ha celebrado la Eucaristía junto a comunidades diferentes, ha acompañado procesos personales y pastorales y ha estado presente en momentos importantes de la vida de muchas personas.
Treinta años también permiten comprender que no todas las respuestas llegan de inmediato, que cada persona tiene sus propios tiempos y que las comunidades se construyen con paciencia, constancia y cercanía.
En ese camino, la fe no se transmite únicamente desde el altar. También se hace presente en el encuentro, en la escucha y en la capacidad de permanecer cerca cuando las circunstancias no son fáciles.
Una celebración para mirar atrás y seguir caminando
La Diócesis de Canarias conmemora estos 30 años de sacerdocio como una acción de gracias por el camino recorrido.
Detrás de la celebración institucional permanecen, sin embargo, numerosas historias personales. Feligreses que recuerdan al sacerdote que estuvo presente en un momento determinado de sus vidas, comunidades que conservan la memoria de su paso y compañeros de camino que han compartido con él parte de estas tres décadas.
Los aniversarios sirven para hacer balance, pero también para agradecer. Para recordar a las personas encontradas, las experiencias vividas y los acontecimientos que han contribuido a moldear una vocación.
Treinta años después de su ordenación sacerdotal, monseñor Cristóbal Déniz continúa su camino desde una responsabilidad diferente, pero manteniendo la vocación que un día lo llevó al sacerdocio.
Tres décadas, numerosas comunidades, innumerables encuentros y una misma tarea de fondo: caminar junto a las personas y poner la vida al servicio de la Iglesia.
Aurelio Lorenzo Casimiro, colaborador de NorteGranCanaria.com, se suma a esta celebración y traslada su felicitación a monseñor Cristóbal Déniz por sus 30 años de sacerdocio, junto al agradecimiento por el camino compartido.


