No pocos estudios científicos advierten de que el agua subterránea puede transportar contaminantes agrícolas hasta la costa, un fenómeno especialmente relevante en comarcas tan eminentemente agrícolas como la del noroeste de Gran Canaria.
En municipios como Gáldar, Santa María de Guía, Agaete o La Aldea de San Nicolás, el sector primario sigue siendo una pieza clave del territorio. Los cultivos de plátano, tomate o papas forman parte no solo de la economía, sino también del paisaje y de la identidad local. En algunos de estos municipios, la agricultura ha sido históricamente la actividad principal y sigue teniendo un peso importante en el empleo y el uso del suelo.
Sin embargo, lo que ocurre en los campos puede no quedarse en ellos.
Estudios recientes ponen el foco en un proceso poco visible, pero especialmente relevante para esta comarca: el transporte de contaminantes agrícolas a través del agua subterránea hasta el mar.
Un fenómeno silencioso bajo nuestros pies
Cuando se aplican fertilizantes, parte de sus componentes, especialmente los nitratos, se infiltran en el suelo. En el noroeste de Gran Canaria, donde los terrenos volcánicos son porosos y el relieve favorece la infiltración, este proceso puede ser especialmente significativo.
Esa agua no se queda quieta. Circula lentamente bajo tierra y, en muchos casos, termina desembocando en el océano mediante la llamada «descarga submarina de aguas subterráneas».
No la vemos, pero está ahí: un flujo continuo que conecta directamente nuestros cultivos con nuestra costa.
Del interior a la costa, sin pasar por un río
A diferencia de otras regiones, aquí no tenemos grandes ríos que transporten estos compuestos de manera visible, tenemos aguas subterráneas haciendo lo mismo, aunque de manera invisible.
Varios estudios confirman que este flujo puede transportar metales y nitratos de origen agrícola hasta el mar. Y lo hace de forma constante.
En zonas donde el sector primario tiene tanta presencia, como en el noroeste de Gran Canaria, esto adquiere una relevancia especial.
¿Qué implica para el mar canario?
El exceso de nutrientes en estas aguas puede provocar eutrofización: proliferación excesiva de algas, disminución del oxígeno y alteraciones en los ecosistemas marinos que acaban mermando la biodiversidad.
En un entorno como el marino canario, rico en biodiversidad y con importantes recursos pesqueros, este fenómeno puede tener consecuencias ecológicas y económicas.
Un reto para una comarca agrícola
El noroeste de Gran Canaria no es solo un envidiable paisaje bucólico: es territorio productivo. La agricultura y la ganadería han sido históricamente motores económicos, con cultivos justificadamente emblemáticos y una fuerte cultura agraria aún viva.
Por eso, estas investigaciones no señalan a un problema aislado, sino a un desafío de equilibrio:
- Mantener la productividad agrícola.
- Proteger los recursos hídricos.
- Preservar los ecosistemas marinos.
Lo que no se ve también cuenta
Las investigaciones destacan que la fuente de este tipo de contaminación no se detecta fácilmente, porque no proviene de un vertido directo. Es difusa, lenta y continua, precisamente por eso puede pasar desapercibida durante años.
Una conexión clave para el futuro de la isla
En territorios insulares como Gran Canaria, donde la distancia entre campo y costa es corta, la conexión entre ambos es más directa de lo que parece. Así que el mensaje es claro:
«Cuidar el suelo en el noroeste también es cuidar el mar que baña sus costas».
Mirando al futuro
Comprender estos procesos es fundamental para diseñar políticas sostenibles adaptadas a la realidad local.
En comarcas como la del noroeste, donde el sector primario sigue siendo esencial, el reto no es dejar de producir, evidentemente, sino producir de forma que se garantice el equilibrio entre tierra, agua y mar.
Porque, aunque no lo veamos, todo está conectado.
Una mirada desde One Health
Este tipo de consideraciones encajan dentro del enfoque One Health del que tanto nos habla Europa y que reconoce que la salud del medio ambiente, de los animales y de las personas está profundamente interconectada.
En el caso del noroeste de Gran Canaria, lo que ocurre en el suelo agrícola puede influir, con el tiempo, en la calidad de nuestras aguas marinas, en nuestros ecosistemas y, en última instancia, en nuestras actividades humanas, que dependen de esos ecosistemas.
La clave está en entender que estas conexiones no siempre son inmediatas ni evidentes: la relación causa-efecto puede tardar años en manifestarse y recorrer caminos invisibles, como el del agua subterránea.
Por eso, anticiparse y gestionar de forma integrada no es solo una opción, sino una necesidad.
Fuentes consultadas
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