Al margen de la IA y de la redacción sustitutiva del ejercio humano en la valoración y utilización de la escritura y el análisis previo que debe seguir antes de emitir un juicio sobre las cosas. Nos atrevemos a comentar y a opinar sin el rigor mínimo exigible para no convertir una opinión en un alegato carente de sentido y con el ánimo de decir lo que me da la gana creyendo que es correcto porque así lo pienso.
El ser humano en la actualidad está construyendo un mundo de relatos y relatores absurdos convencidos de que su verdad puede considerarse verdad absoluta y absolutista, libre y exacta, la que nos salvará en una sociedad tan polarizada, que se terminan de creer su propio relato o el que le cuentan y lo compra porque lo hacen suyo. Lo cortés no quita lo valiente ni la valentía es la mejor opción para sobrevivir y hacer las cosas mejor.
Acerca de La actuación ayer en la plaza de Santiago de la AF «Surco y arrado» de Gáldar, Gran Canaria y «El Limonar» de Murcia podríamos escribir un libro, tal vez una enciclopedia sobre cosas que se deben corregir a pesar de que su puesta en escena y su valor de participación social, cultural y musical haya sido excelente. Y aunque es una reflexión extensible a casi todos los actos, quiero centrarme en una observación que constantemente vengo detectando con la vestimenta típica de baile, sobre todo en Gran Canaria.
No es lo mismo un traje típico para bailar, para relacionarse en sociedad o para una profesión que un traje típico de carácter religioso, cofradía, orden religiosa o promesa religiosa con hábito y que por su carácter religioso durante siglos están al margen del baile por entenderse ofensivos con el mensaje de fé que proyectan.
Mi sorpresa que sirvió para afianzar lo que llevó años defendiendo, lo entendí cuando viendo los trajes típicos del Grupo «El limonar» de Murcia todos eran variados, hermosos y lujosos, pero ninguno religioso, en contraposición con la utilización al menos de dos hábitos en los trajes típicos canarios. Hasta cuando se van a seguir utilizando en los bailes tradicionales, como traje típico tradicional los hábitos que son trajes típicos religiosos.
Entiendo perfectamente que se quiera visibilizar las mejores prendas de vestimenta, pero sin retorcer su definición y forma porque con ello se está deformando la realidad y la tradición.
No almidónemos nuestros bailes, ni lo vistamos de carnaval que, ni estamos en Venecia, ni en los salones del conde, ni en los de la alta sociedad. Hagamos de los bailes tradicionales una oportunidad de sencillez y de diversión que sea capaz de llegar a todos y a todas y sin importar la edad, ilusionar.
Firmado: Zaifía