Julio Esperando Al Tren
Julio Esperando Al Tren
El tren de Gran Canaria: la “gran promesa” que nunca arranca

En Gran Canaria no tenemos tren, pero disfrutamos de algo casi igual de persistente: el discurso sobre el tren. Desde hace más de veinte años, el proyecto reaparece con una puntualidad política asombrosa, envuelto en promesas de modernidad, sostenibilidad y progreso. Se ha convertido ya en un clásico de nuestra idiosincrasia; sin embargo, sigue exactamente en el mismo sitio: sobre el papel. O lo que es peor, durmiendo el sueño de los justos en esa “gaveta” (ver mi léxico canario) donde se amontonan los proyectos olvidados.

Mientras tanto, la realidad a pie de asfalto es bastante menos épica y mucho más desesperante. Cada mañana, la autopista GC-1 se colapsa entre Las Palmas de Gran Canaria y el sur de la Isla. Cada tarde, el calvario se repite en sentido contrario. Y cada año, el famoso tren vuelve a anunciarse como la solución definitiva. A estas alturas, la pregunta ya no es cuándo llegará, sino por qué seguimos creyendo que lo hará. ¡Angelitos de Dios!

En materia de infraestructuras en Gran Canaria hay pocas certezas, pero una resiste el paso del tiempo con una solidez sorprendente: el tren. No como una realidad física, sino como una promesa cíclica que regresa al debate público con titulares optimistas, estudios técnicos y declaraciones institucionales, para volver a esfumarse justo cuando llega el momento de concretar.

Un proyecto eternamente anunciado

La idea de conectar la capital con Maspalomas por ferrocarril no es nueva. Lleva más de dos décadas orbitando en torno al Cabildo, sobreviviendo a cambios de color político, crisis económicas y prioridades de todo tipo.

Como curiosidad histórica, cabe recordar que ya el ingeniero Fernando León y Castillo proyectó, a principios del siglo XX, una línea de ferrocarril que uniría la capital con el Norte (hasta Arucas) y otra hacia el Sur (hasta Telde). Aquella visión no era solo para el tránsito de personas, sino para transportar hasta el Puerto de La Luz los productos hortofrutícolas, como el plátano y el tomate, que se exportaban al Reino Unido. Se buscaba ganar tiempo y evitar el maltrato que sufría la fruta al transitar por aquellas carreteras primitivas y destartaladas —auténticos “caminos de cabras”— hasta que el ingeniero teldense Juan León y Castillo comenzó su reconstrucción y asfaltado.

Aquella idea era realmente novedosa y maravillosa, pero chocó con el primer gran escollo: la falta de presupuesto. El Ministerio de Obras Públicas de la época no estaba por la labor de invertir en unas Islas Canarias que carecían de interés para casi nadie, salvo para las casas exportadoras inglesas. Así, aquella brillante iniciativa ni siquiera llegó a manchar el papel.

Entre el papel y la realidad

El proyecto actual, que se gestó a finales del siglo XX, me da en la nariz que se tragará todo el XXI sin llegar a materializarse. Lo llamativo no es su longevidad, sino su incapacidad para salir del esquema técnico. A estas alturas, el tren no es un “proyecto emergente”, sino un ejemplo de planificación enquistada: siempre está lo suficientemente avanzado para justificar su continuidad, pero nunca lo bastante para poner la primera piedra.

El discurso político se repite: que si ahora sí, que si hay consenso, que si el siguiente paso es el definitivo… Y mientras se marea la perdiz año tras año, no falta el listo de turno buscando “unas mordidas” para el bolsillo, dejando la mesa sin poner para los ciudadanos.

Sobre el papel, el tren es impecable: casi 60 kilómetros de recorrido, once estaciones, velocidades de 160 km/h y tiempos de viaje competitivos conectando Telde, Vecindario y el Aeropuerto. Pero el papel lo aguanta todo. La realidad es una infraestructura de alto coste y complejidad técnica extrema. Gran parte del trazado sería subterráneo, especialmente en la capital, lo que dispara el presupuesto y multiplica los riesgos. La pregunta no es si se puede hacer (técnicamente, se puede), sino: ¿tiene sentido hacerlo así?

¿Movilidad o agenda política?

El tren no es solo una obra pública; es una apuesta política de 1.600 millones de euros cuya viabilidad depende totalmente de financiación externa. Esto nos lleva a una cuestión incómoda: ¿estamos diseñando la movilidad según nuestras necesidades o según las oportunidades de subvención estatal y europea? Si el proyecto solo vive si hay dinero de fuera, su ejecución no depende de su utilidad real, sino de su encaje en agendas políticas ajenas, corriendo el riesgo de construir una infraestructura sobredimensionada para la demanda real.

Y aquí llegamos al punto más débil y menos debatido: ¿quién lo va a usar? El tren compite contra el hábito profundamente arraigado del coche privado. Cambiar esa cultura requiere algo más que vías modernas; requiere precios competitivos, frecuencias altas y una integración total con el resto del transporte. ¿Se han explorado con la misma intensidad alternativas menos costosas, como el refuerzo de la red de guaguas, carriles exclusivos o sistemas de transporte rápido por carretera?

Nadie con dos dedos de frente —que alguno queda en la política— discute el diagnóstico: la movilidad en Gran Canaria necesita soluciones urgentes. El problema es que el tren puede ser, al mismo tiempo, una respuesta y un exceso. Puede aliviar la congestión, sí, pero a cambio de una inversión desproporcionada y años de obras cargados de incertidumbre.

Conclusión: ¿Progreso o narrativa?

La conclusión es incómoda. El tren de Gran Canaria ha dejado de ser un proyecto técnico para convertirse en un símbolo de una forma de hacer política basada en grandes anuncios y resultados siempre diferidos. Quizá sigue vivo precisamente porque no fracasa del todo, pero tampoco se concreta; permite sostener una narrativa de progreso sin asumir el coste real de hacerla posible. Una modalidad, por desgracia, muy “de la casa”.

Por eso, aseguro con rotundidad que la cuestión no es si el tren llegará, sino si, cuando lo haga, seguirá siendo la solución que hoy se promete. Porque, como diría un maúro de Telde:

“Mire cristiano, la verdad es que, sobre este asunto, si le digo le engaño. Se lo cuento así, a boca llena, y con mi amigo Julio González dejándolo por escrito: tal como están las cosas, yo prefiero una cabra partida a un macho corcovado”.

Eso sí, que quede claro: si no hay tren para Gran Canaria, tampoco lo habrá para otra isla. Lo digo por ese “ronroneo insular” que ya empiezo a escuchar y que me gusta muy poco. ¡Oiga, compadre, que casos se han dado!

¡Qué cosas!

Compartir
Más Noticias

Suscribete a nuestro newsletter

Inauguración Local Juntos Por Guia
Ecos de Sociedad
NGC

Pedro Rodríguez lidera el rearme municipalista en Guía con la vista puesta en 2027

El exalcalde de Santa María de Guía escenifica el inicio del camino de retorno a la alcaldía arropado por un sólido bloque de líderes insulares y con una llamada a la autocrítica y la dignidad institucional. En política, los vacíos de liderazgo suelen llenarse con propuestas de calado o con la natural nostalgia del ciudadano. En Santa María de Guía, ambos factores acaban de confluir. Pedro Rodríguez, el alcalde que lideró la mayor etapa de transformación e inversión pública en la historia democrática del municipio (2015-2024), ha despejado la principal incógnita del tablero político local: está dispuesto a volver a encabezar la candidatura municipalista en 2027 si su partido así lo decide. El anuncio se produjo este viernes durante la inauguración de la nueva sede de Juntos por Guía – Primero Canarias, un acto que trascendió la simple apertura de un local para convertirse en una contundente demostración de fuerza política. Vecinos, afiliados y una nutrida delegación de líderes locales de toda Gran Canaria abarrotaron el espacio, evidenciando que el proyecto de Rodríguez mantiene intacta su capacidad de convocatoria y cohesión territorial. Un regreso marcado por la autocrítica y la madurez Lejos de los discursos de tono triunfalista comunes en los periodos preelectorales, la intervención de Pedro Rodríguez destacó por un valioso ejercicio de madurez política. El líder municipalista confesó haber aprovechado este periodo en la oposición para realizar un profundo análisis interno, definiéndolo como una «cura de humildad que nos ha servido para reflexionar» y asumiendo que «no todo lo hicimos bien». Este tono reflexivo busca sintonizar con una ciudadanía que, si bien añora la estabilidad y el desarrollo de la década precedente, demanda también un compromiso renovado y libre de personalismos. Rodríguez anunció su intención de trabajar «barrio a barrio, calle a calle y casa por casa» para reconstruir un modelo de ciudad basado en la cohesión social y el desarrollo económico, factores que la formación considera paralizados en la actualidad. «Ante el desgobierno, la seriedad; ante los disparates, la honestidad; y ante la falta de liderazgo, el compromiso y el trabajo que siempre hemos demostrado». — Pedro Rodríguez La sombra de una gestión cuestionada El contexto municipal de Santa María de Guía ha sufrido un vuelco drástico en los últimos dos años. Tras las elecciones de 2023, Juntos por Guía se consolidó como la fuerza mayoritaria con un 37,5% de los votos —duplicando los apoyos de la segunda lista más votada—. Sin embargo, un pacto multipartidito articulado en torno al PSOE mediante una moción de censura apartó a Rodríguez de la alcaldía en 2024. Desde entonces, la oposición describe el panorama del municipio como un escenario de «desgobierno y evidente abandono». La tensión ha alcanzado su punto álgido esta semana tras la condena judicial del actual alcalde socialista por conducir bajo los efectos del alcohol, triplicando la tasa permitida. Para Rodríguez, esta situación ha colocado al municipio en una posición de descrédito público indeseable, calificándolo como un «momento especialmente delicado y doloroso para los guienses», lo que ha acelerado la necesidad de proponer una alternativa sólida basada en la estabilidad. Una sólida alianza territorial e institucional Uno de los puntos clave de la jornada fue la explícita red de apoyo insular de la que goza el proyecto. Teodoro Sosa, alcalde de Gáldar y vicepresidente del Cabildo, ofreció una intervención de gran peso político en la que alabó «el trabajo y la capacidad de resistencia» de los concejales de Juntos por Guía ante las dificultades de los últimos meses. Sosa fue contundente al asegurar que el norte de la isla demanda recuperar el rumbo y que «Pedro Rodríguez volverá a ser alcalde porque Guía tenía un modelo de gestión económica ejemplar que la gente hoy echa de menos». Por su parte, Óscar Hernández, alcalde de Agüimes y presidente de Primero Canarias, reivindicó la vigencia del municipalismo canario frente al desgaste de la política centralizada. «Nuestra vocación es la del servicio público desde la escucha activa y la búsqueda de soluciones a los problemas reales de los vecinos», subrayó, posicionando a la marca canaria como una herramienta libre de rigideces ideológicas. La presentación, conducida de forma emotiva por la concejala Sibisse Sosa, sirvió también para recordar el hito que supuso el nacimiento de Juntos por Guía en 2015, logrando desde su inicio una sólida mayoría absoluta. Con las bases movilizadas y un nuevo espacio físico abierto al debate vecinal, la formación da el pistoletazo de salida hacia un periodo donde el objetivo prioritario, según sus promotores, no es la mera pugna electoral, sino la devolución de la dignidad a las instituciones locales de Santa María de Guía.