En el complejo ecosistema de las sociedades actuales, donde impera una abrumadora sobreabundancia informativa, la comprensión de los conflictos armados no es un ejercicio de observación directa, sino un proceso profundamente mediado por los sistemas de comunicación. Lejos de ser una ventana transparente a la realidad, las noticias sobre escenarios bélicos —desde Oriente Medio hasta la guerra en Ucrania— son el resultado de procesos de selección, interpretación y encuadre que condicionan de manera determinante la percepción pública.
Como bien han señalado diversos estudios en comunicación política y sociología de los medios, la información en contextos de guerra no es neutral; está atravesada por intereses estratégicos y narrativas diseñadas. Con estas líneas, pretendo denunciar cómo esta construcción mediática influye en la psicología social, plantear interrogantes sobre quiénes son los verdaderos «ganadores» y «perdedores» en el plano informativo, y reflexionar sobre la preocupante duración de los conflictos actuales. Pondremos especial atención al caso de Ucrania, bajo el liderazgo del «rubito ruso» con sueños imperialistas de Zar, Vladimir Putin.
La guerra como disputa simbólica
La guerra moderna ha trascendido los límites del campo de batalla físico. Todo conflicto armado implica una dimensión simbólica donde se disputan significados y legitimidades. Aquí, los medios actúan como intermediarios fundamentales. Mediante la capacidad de agenda-setting, los medios no nos dicen exactamente qué pensar, pero sí sobre qué temas debemos reflexionar.
A esto se suma el fenómeno del framing o encuadre: un mismo hecho puede ser una «operación defensiva» o una «agresión injustificada» según quién emita el mensaje. Esta dualidad confirma que la información bélica es profundamente interpretativa. Como sostienen Chomsky y Herman en su modelo de propaganda, los medios tienden a reproducir los intereses de las élites, reforzando narrativas hegemónicas que legitiman posiciones propias y deslegitiman al adversario.
En este escenario de fragmentación, la pregunta sobre quién «va ganando» pierde su sentido absoluto. Hablando en el «cristiano de toda la vida», la percepción de victoria o derrota depende más de la representación simbólica que de la evolución real del frente.
Fatiga mediática y normalización de la violencia
Uno de los efectos más perversos de esta mediación es la distancia que se crea entre la realidad y la percepción. La repetición de imágenes impactantes y la lógica de la inmediatez generan una experiencia fragmentaria que termina en «fatiga mediática». El público, saturado, reduce su atención, lo que favorece la invisibilización de guerras prolongadas y la normalización de la violencia. La guerra que «nos llega» no es la guerra que sucede; es una construcción parcial e instrumentalizada.
La cronicidad del conflicto: El caso de Ucrania
La tendencia actual apunta a guerras de larga duración, lejos de los enfrentamientos convencionales rápidos. La guerra en Ucrania es el ejemplo paradigmático. Lo que parecía una operación de resolución ágil se ha transformado en una confrontación sostenida. La estrategia del gobierno ruso, bajo el mando del «rubito hijo de la antigua KGB soviética», Vladimir Putin, ha consolidado un escenario donde la resolución inmediata parece improbable.
De igual forma, en Oriente Medio, la intervención de potencias externas y la ausencia de consensos dificultan ver una «luz al final del túnel». La complejidad de los intereses en juego obliga a mantener una cautela extrema frente a los esfuerzos diplomáticos.
Conclusión: Entre el análisis crítico y la realidad de calle
Para comprender la guerra hoy, es necesaria una aproximación crítica que reconozca que la información está mediada por estructuras de poder. La percepción pública es un espacio de disputa en sí mismo. Aquello de que «los americanos eran siempre los buenos y los indios los malos» ya no se lo creen más que los «alumnos progres de la LOGSE socialista», quienes, como he dicho cientos de veces, destacan por ser «progres, sí», pero a menudo carentes de capacidad de análisis individual.
Y para cerrar, haciendo uso de una frase propia de un maúro de «Terde», mi pueblo, les diré que, para mi corto entender y menos largo conocimiento, estos del «parte de hoy en la tele» nos han vuelto a «coger la camella con la venta de los plátanos». Nos metieron una porrada de batatas y se quedaron tan panchos. Algo que, por otra parte, no me extraña nada, porque… ¡allí más allá, casos se han dado!
¡Qué cosas!
