Los Fabelmans

Director: Steven Spielberg.
Guion: Steven Spielberg y Tony Kushner.
Intérpretes: Michelle WilliamsPaul DanoGabriel LaBelleSeth RogenJulia Butters y Judd Hirsch.

Sinopsis:
Film semiautobiográfico de la propia infancia y juventud de Spielberg. Ambientada a finales de la década de 1950 y principios de los años 60, un niño de Arizona llamado Sammy Fabelman, influido por su excéntrica madre, artista (Michelle Williams), y su pragmático padre, ingeniero informático (Paul Dano), descubre un secreto familiar devastador y explora cómo el poder de las películas puede ayudarlo a contar historias y a forjar su propia identidad.

MI CRÍTICA:

Qué difícil se hace escribir una crítica cuando eres juez y parte. Por un lado, hay que evaluar una historia que me toca desde dentro. Como director de cine, yo también tuve un comienzo y tuve que tomar mis decisiones, que es parte esencial de la trama principal de esta película. Por eso, la vida de Sam Fabelman es la historia de mis pasiones y mis frustraciones. Eso sí, estuve durante toda la película llorando. El guion se me hizo muy previsible, quizás porque los que hemos estudiado la vida de Steven Spielberg ya sabíamos que es lo que iba a pasar. Es una de las razones para que ésta no vaya a ser de las películas más recordadas del genial director y, repito como he dicho mil veces, uno de mis maestros junto a Kurosawa, Kubrick y Lubitsch.

La película narra los comienzos de Spielberg con dos tramas que caminan paralelas y copan todo el metraje. Poco espacio para las secundarias que se convierten en terciarias. Por un lado, la pasión de un adolescente por el cine al ver una película con sus padres. Ya no quiso otro juguete que no fueran las cámaras. Por otro lado, el amor y la compasión que el joven Steven sentía por su madre (bueno, y por su padre también, pese a las diferencias que les hacían chocar) que la convierten en el centro de atención de todos los focos. Él sabe que, sin el apoyo de ella que creía fervientemente en el arte, su padre le habría puesto a estudiar una carrera. Con esta cinta se lo agradece explícitamente.

También, como maestro que sabe que es de las nuevas generaciones, nos da, constantemente, lecciones de cine. Hay que grabarse en la cabeza los 10 minutos de la interpretación del Tio Boris (interpretado magistralmente por Judd Hirsch, aunque me parece excesiva la nominación al Óscar) y el mensaje de que “el horizonte siempre tiene que estar arriba o abajo, porque en el centro aburre” que pone en boca, a modo de homenaje, a su director fetiche: John Ford. Otra de las lecciones que nos deja es la lucha de lo que es arte y de lo es comercial. Durante toda la película planea por encima de las tramas y los personajes. Me gusta como en esta cinta no trata de moralizar, dejando a todos los que la vemos con las ganas de pensar en todas estas cosas y saquemos nosotros nuestras conclusiones. Yo, en mi momento, opté por un trabajo de funcionario en vez de irme a la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños en Cuba donde me conseguían una plaza. ¿Cuál, entre el o yo, hizo lo correcto? Los dos, de eso trata esta peli. Cada uno eligió su camino. De hecho, me emocionó mucho cuando empieza a rodar con una cámara ArriFlex de 16mm. que fue con la que yo rodé mi primer cortometraje “Vividor”. Por un momento me sentí importante y a llorar de nuevo.

Aun así, a pesar de ser una película sobre su vida, no es la más Spielberg de todas. Es más, en algunos pasajes me parecía como si hubiera dirigido otro. Hay, algunos bajones de ritmo que no he visto en sus otras películas. Quizás, su pasión por contar la historia como la veía en su cabeza le restó de ese talento comercial del que siempre ha hecho gala. Por ejemplos, dar su visión sobre los ridículos excesos de las religiones (sea cual fuere) es más un empeño del director que una necesidad para el espectador o algunos diálogos tan explicativos para remarcar su pasión por el cine. Ya dije al principio que no se puede ser juez y parte y él, en esta, era las dos cosas. Se la perdonaremos por ser quién es, pero si no la hubiera dirigido él, les aseguro que no estaría nominada a ningún Óscar.

Y un capítulo especial para el elenco de actores. Espectaculares todos. Lo mejor de la película. Sólo por ver a Paul Dano vale la pena pagar. A mí ya me maravilló en una de mis pelis preferidas “Pequeña Miss Sunshine” (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006). Papá Fabelman enamora. Un sufridor lleno de matices. Logra que el publico se identifique con su personaje de tal manera que me hubiera gustado su nominación. Impresionante, también, Gabriel LaBelle. Un desconocido que logra dar bandazos por sus emociones torturadas y, aun así, demostrar inseguridad y determinación en los momentos adecuados. No tuvo que ser fácil dejarse dirigir en un papel que es el propio director en su juventud. Y qué decir de Michelle Williams. Por ahora, mi favorita al Oscar. A veces loca, a veces tierna, pero dando siempre la sensación de dominarlo y bailar con ello. Como dije antes, la verdadera protagonista de esta película. Quinta nominación. Las cuatro anteriores por “Brokeback Mountain” (Ang Lee, 2005), “Blue Valentine” (Derek Cianfrance, 2010), “Mi semana con Marilyn” (Simon Curtis, 2011) y la recomendable “Manchester frente al mar” (Kenneth Lonergan, 2016); y a mi me enamoró en “El gran showman” (Michael Gracey, 2017). Ya le toca. A John Williams creo que esta vez no.

Para volver a verla, creo que preferiría cualquier documental sobre Steven Spielberg, el mago, el maestro de las imágenes. Pero para los amantes del cine, no se la pueden perder. La van a disfrutar.

7 NOMINACIONES:
Mejor Película
Mejor Director (Steven Spielberg)
Mejor Guion Original (Steven Spielberg)
Mejor Diseño de Producción (Rick Carter y Karen O’Hara)
Mejor Actriz (Michelle Williams)
Mejor Actor Secundario (Judd Hirsch)
Mejor Banda Sonora Original (John Williams)

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