The Brutalist
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Directora: Brady Corbet
Guion: Brady Corbet y Mona Fastvold
Intérpretes: Adrien Brody, Felicity Jones y Guy Pearce

Sinopsis:
El arquitecto Lászlo Toth, se refugia en Estados Unidos, en la posguerra mundial, para rehacer su vida, y su matrimonio que había quedado relegado al verse separados por vivir en sitios diferentes con diferentes regímenes. En norteamérica, relanza su obra en un entorno que no conoce y literalmente empieza de cero en Pensilvania. Allí conoce a Lee Van Buren, un incipiente empresario industrial que empieza a valorarlo en su medida. Pero triunfar tiene un precio en el que todos juegan sus cartas.

MI CRÍTICA:

Solo de pensar el metraje de la película y sabiendo que había un intermedio, se me hacía pesado ver esta película. Es más, si no fuera por ustedes, me la habría saltado de la lista de pelis para ver. Pero no, y lo agradezco. En ningún momento me dieron ganas de que acabara ya. Y eso es mucho decir. Tres horas y media de película, en las que parece que no pasan cosas especialmente relevantes, y me tuvo entretenido todo el tiempo. Ahí le subo la valoración, sin duda.

Se me hacía imprescindible indagar en las razones. Porque me resulta extraño que la soportara y, encima, la disfrutara. Una de ellas se llevó el Óscar. Adrien Brody llena la pantalla. Esta película, con un guaperas de moda, ya les digo yo que no hubiera funcionado. Adrien no es guapo; es más bien tirando a feo y eso le da un plus al personaje. Es un perdedor (o por lo menos eso nos intentan hacer creer). Y los guapos nunca pierden; somos los feos los que tenemos que trabajar el doble para que algo se nos reconozca. Y aquí, la elección del protagonista es uno de los aciertos evidentes. Brody se nos muestra altivo cuando hace falta, pero cargado de la humildad obligatoria que le infringe el ser un inmigrante en Estados Unidos con el cariz de desprecio que ello conlleva. Inteligente y precavido, el personaje da bandazos entre las humillaciones que le imponen y los sueños de creador. Son sutiles los matices, pero el actor los asimila y nos los muestra hasta hacernos partícipes de sus crecimientos y decepciones emocionales. Buen trabajo del director en este aspecto.

Otro de los Óscar, merecido. Yo me decantaba por la fotografía transgresora y muy complejamente elaborada de «Emilia Pérez» (Jacques Audiard, 2024), pero Lol Crawley realiza un trabajo en las antípodas de este. Aquí vemos una realización tradicional. Como para dar una clase de planos académicamente correcta. En ese aspecto, a cada rato me maravillaba más. Nada de protagonismo a los movimientos de cámara ni a querer destacar con planos impresionantes, como el error cometido en «Nickel Boys», en el que la exageración de elementos desvirtúa la historia. Aquí, el protagonista es el personaje y su obra, y todos los planos van diseñados impecablemente para que las dos cosas destaquen. Y, además, sin conseguir aburrir al espectador. Trabajo maestro grabado en Vistavisión de 70mm, como las películas de antes.

El tercer y último Óscar es a la banda sonora. No soy muy experto en ese tema; de hecho, creo que el mayor piropo que se le puede echar a la música en las películas es que ni siquiera reparé en ella. Pasa desapercibida, pero te envuelve en las sensaciones del personaje. Me imagino que esa fue la razón de la estatuilla. Daniel Blumberg, otro novato que acierta a la primera. Merecido.

En otros aspectos de la película diré que todo el elenco sobresale. Destacaré la figura de Guy Pierce, al que no sigo mucho, pero aquí lo borda. Ah, y que el director sea un actor reconvertido me hace pensar que escribió la película sabiendo cómo sacar partido a un personaje. Seguro que se vio a sí mismo haciendo un papel que, desde el guión, es de premios. El guion, sutil, sin grandes giros dramáticos al final, engancha, te mantiene la mente ocupada en tramas sin grandes altibajos. Eso, amigos, es brillante. Le seguiré la pista a este chico.

Para muchos, iba a ser la ganadora de la noche de los Óscar. No salió perdedora, que ya es algo. Pero, como las demás, fue arrasada por el fenómeno «Anora» (Sean Baker, 2024). Mi recomendación es que tienen que ver estas dos películas. De veras.

NOTA: Un curso de cine clásico… le pongo un 9.

10 NOMINACIONES:
Mejor Película
Mejor Director (Brady Corbet)
GANADORA –> Mejor Actor Protagonista (Adrien Brody)
Mejor Actriz de Reparto (Felicity Jones)
Mejor actor de reparto (Guy Pearce)
Mejor Guion Original (Brady Corbet y Mona Fastvold)
GANADORA –> Mejor Fotografía (Lol Crawley)
Mejor Montaje (Dávid Jancsó)
Mejor Dirección de Arte (Judy Becker (Diseño de Producción) y Patricia Cuccia (Decoración))
GANADORA –> Mejor Banda Sonora Original (Daniel Blumberg)

Más críticas en: https://luisalbertoserrano.wordpress.com/oscars-2025

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Articulos
Redacción NorteGranCanaria

La vuelta al cole; un temporal en proa y el estado en cubierta tomando el sol

Otro curso académico y otro cáliz amargo para beber los padres La vuelta al cole en España se ha convertido en un fenómeno meteorológico estable. “Temporal en proa, marejada en los bolsillos y calma chicha en los despachos oficiales o de veraneo, como el de La Mareta”. Año tras año, el mismo parte: “Suben los precios, bajan las ayudas y el Estado continúa en modo turista, mirando el oleaje desde la cubierta como quien observa delfines”. Mientras tanto, las familias —esas sí que son marineros de verdad— ajustan presupuestos como quien amarra cabos antes de un golpe de mar. Pero este año, otra vez, el oleaje viene más alto: “3–4 % más en libros, 5 % más en material informático, 25 % de diferencia en el precio del mismo libro según la tienda, 150 euros de variación en un portátil idéntico”. Esto no es mercado libre: es “mercado suelto”, sin control, sin vigilancia y sin nadie en el puente de mando. ¿Debe actuar el Estado? Sí. ¿Lo hará?, ¿O lo aceptará como otra broma del siglo? En países de la “Unión Europea”, el Estado interviene con la naturalidad de quien sabe que la educación es un pilar, no un negocio. Por ejemplo, Francia presta o subvenciona libros. Portugal los da gratis y reutilizables. Alemania regula precios y materiales esenciales y esto es solo por poner un ejemplo, que ahora mismo me viene a la memoria. Aquí, en cambio, seguimos con un modelo que parece diseñado por alguien que cree que los niños se alimentan de aire y que los ordenadores crecen en los árboles. La educación es obligatoria, sí, pero el coste de acceder a ella es un “auténtico campo de minas”, que cada familia debe cruzar sola, sin mapas y sin casco y a pecho descubierto. “Usando mi ironía marinera, te diré que: el libro es el mismo, pero el precio depende del humor del tendero” ¿Cómo puede ser que un libro idéntico cueste un 25 % más según la tienda? ¿Acaso lo imprimen con tinta de calamar gigante en un sitio y, con tinta de sardina en otro? ¿O es que el papel viene bendecido por Poseidón en la librería más cara? Y lo del portátil ya es de sainete, pues hay hasta “150 euros de diferencia por el mismo modelo”. Debe ser que en la tienda más cara te incluyen, de regalo, la bendición del mismísimo Tritón. ¡Digo yo! “Uniformes o el monopolio del proveedor único, ese viejo y conocido pirata” Los uniformes escolares son otro capítulo digno de novela marítima. Un proveedor único, precios que suben como mareas vivas y familias que pagan porque no hay alternativa. Es el equivalente moderno del viejo pirata que te aborda el barco y te dice: “Esto es lo que hay. Si no te gusta, al agua”. “Público, privado, concertado… Da igual, pues el sablazo inicial es universal” Matrícula, uniformes, comedor, transporte, actividades extraescolares… Da igual el tipo de centros, pues “el primer golpe de mar lo reciben todos”. Las familias recortan en ocio, aplazan compras, se endeudan o directamente renuncian a actividades que deberían ser parte natural de la infancia. La vuelta al cole se ha convertido en un “peaje obligatorio”, un cáliz que todos deben beber, aunque cada año venga más cargado de sal. “Soluciones las hay, pero requieren que alguien en el puente de mando despierte” Aquí van las propuestas de un viejo lobo de mar, y además, mauro de Telde; propuestas que no son utopías, sino simple sentido común tal cual serían la creación de un “Banco público de libros” — Obligatorio en todos los centros. Los “Topes de precio” — Para evitar diferencias abusivas. Las “Compras centralizada” — El Estado compra al por mayor y abarata el coste final. Los “Uniformes regulados” — Se acabó el monopolio o cachondeo abusivo del proveedor único. Las “Ayudas automáticas” — Sin burocracia que desanime a quien más lo necesita y por último, “Deducciones fiscales de verdad”, para familias de rentas bajas y medias.  “Como conclusión final te diré, y usando un término puramente marinero, qué cuando el capitán se duerme, el barco no navega… Deriva sin remedio.” España no puede seguir navegando así, con las familias achicando agua y el Estado tomando el sol en cubierta, o en La Mareta, cuando no en Guadalajara, observando un eclipse de Sol desde una zona VIP, con coctel incluido. ¡Faltaría más! La vuelta al cole debería ser un momento de ilusión, no un ejercicio de supervivencia económica para las familias. Y encima estos años las familias de niños ceutíes, tienen que ir pensando en una escolta que acompañen a sus hijos hasta el cole; pero no importa, poque según Pedro Sánchez, los asaltantes marroquíes, son amigos y de fiar, que se lo dijo “su” Rey Mohamed VI Porque, tú paisano que me lees, y que posiblemente seas tan mauro canario como yo, y por lo tanto entiendas de mareas, sabes mejor que nadie que, “cuando el oleaje golpea siempre por el mismo costado, el barco escora. Y si escoramos en educación, perdemos a los niños”. Y un país (menos Marruecos), que pierde a sus niños, pierde el futuro. El resto es literatura de LOGSE … o demagogia “sanchista” barata. Y de esto último, no tengo que ponerte ningún ejemplo aclaratorio extra, poque sabes que en el pasado … ¡Casos se han dado! ¡Qué cosas!