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“En esta muestra podremos ver quince piezas de diferentes medidas, sólo se repite un autor para ver la diferencia a la hora de valorar un trabajo, que es el caso de Rubén Darío Velázquez. Comencé siendo muy joven, pidiendo a los Reyes Magos una obra, y ahí comenzó mi pasión por las artes plásticas. También pueden ver alguna obra sobre papel con el problema de la humedad, típico de estas latitudes, como es el caso de Juan Guerra. Hay que destacar que varias piezas de La Colección (compuesta por casi 300 autores, teniendo de algunos de ellos un notable número de obras) han sido cedidas temporalmente a instituciones para que sean mostradas al gran público, como por ejemplo: Vivi Milano, Jane Millares, Jorge López, Rafaely, Giraldo, Pino Ojeda, Cornet, Manolo Millares, José Julio Rodríguez, Carlos Morón, Lilanga o Manuela Pérez de Oliveira.
Los autores representados en esta pequeña muestra de una colección canaria, que yo llamo La Colección, son: Luis Morera, Yolanda Graziani, María Casillas, Comas Quesada, Ana de la Puente, Félix Juan Bordes, Alberto Labad, Jorge López, Rubén Darío Velázquez, Manolo Ruiz, Pino Ojeda, Juan Guerra, Francisco Lezcano y Alberto Manrique”
Juan Francisco Santana Domínguez
Antropólogo, Profesor, Escritor y Crítico de Arte.
Juan Francisco Santana Domínguez.
Invitado, como poeta, al 500 aniversario de la fundación de Veracruz (México), representando a España. Miembro de la Asociación Mundial de Escritores Latinoamericanos (A.M.D.E.L.). Delegado en Canarias, desde 2017, y Director en España, desde octubre de 2020, de la Academia Norteamericana de Literatura Moderna Internacional, sede en New Jersey, Estados Unidos. Embajador de la Paz, Círculo Universal de Embajadores de la Paz, con nombramiento en Francia y Suiza. Académico de las Artes y Letras de Guinea-Bissau. Primer Premio TASATE 2021 a la Investigación Histórica. Académico de Honor de la Academia Internacional de Ciencias, Tecnología, Educación y Humanidades (A.I.C.T.E.H.). Conferenciante en el III Ciclo Internacional de Conferencias virtuales: Pensar la Literatura y la Lecto-Escritura desde el siglo XXI. Análisis y Experiencias. Parlamento Mundial de Escritores. Perú, México y Estados Unidos. Año 2021. Premio Estrella de la Cultura 2022 en la isla de Gran Canaria. Integrante de la primera antología indonesio-española, año 2022, editada por CIESART (Cámara Internacional de Escritores y Artistas. Indonesia). Participante con seis poemas en la antología «27 POETAS LATINOAMERICANOS (Colección internacional de poesía)». Año 2022. Editorial aBrace. Uruguay.
CUANDO EL CUERPO SE RINDE Y LA SOCIEDAD MIRA A OTRO LADO. Mucho cuidado con las “calazas” (ver mi libro sobre el léxico canario) Cada amanecer trae su parte de tragedia: “una vida menos, arrebatada por un golpe de calor” y ello me trajo a la memoria, mi época de estudiante de Nautica, cuando recibíamos aquellas clases correspondientes a la asignatura de Medicina Naval y hablábamos de este tema tan serio, porque, aunque en tierra, el golpe de calor sea un concepto médico. En la mar, es “una emergencia que puede ocurrir en cualquier guardia”. Pero la a fisiología es la misma: el cuerpo pierde su capacidad de regular la temperatura, la sudoración deja de ser eficaz, la temperatura interna sube por encima de los 40 °C, y el organismo entra en una espiral peligrosa. Y, sin embargo, seguimos caminando por la calle o por cubierta, cuando se trata de un barco, como si el Sol fuese un viejo conocido incapaz de hacernos daño. Ahora mismo España y su mar arden literalmente, y mientras las temperaturas se disparan como un mercante navegando con arrancada, parece que aún no hemos entendido la magnitud del enemigo. No es alarmismo. Es supervivencia. “El golpe de calor: la derrota del cuerpo” “El golpe de calor” no es un simple mareo, ni un sofoco, ni “estar acalorado”. Es una “emergencia médica extrema” en la que el cuerpo pierde su capacidad de gobernarse. La temperatura interna supera los 40 °C, y los mecanismos de refrigeración —sudoración, vasodilatación, respiración acelerada— “colapsan por completo” Es el equivalente fisiológico a que el barco pierda el timón en plena encalmada tórrida, “el organismo queda a la deriva, sin gobierno, sin respuesta”. ¿Por qué ocurre? El golpe de calor aparece cuando la exposición al calor supera la capacidad del cuerpo para disiparlo. Pero sería ingenuo culpar solo al clima. Las causas científicas son claras: “Ambiente extremo”; temperaturas superiores a 35–40 °C. “Deshidratación”; sin agua, no hay sudor; sin sudor, no hay refrigeración. “Esfuerzo físico”; trabajos agrícolas, construcción, reparto, limpieza viaria. “Humedad elevada”; impide que el sudor se evapore. “Toma de Medicamentos” que alteran la sudoración o la presión arterial — medicación sensible al calor. Pero hay otra causa, menos mencionada y más incomoda que es…, “la falta de prevención real.”; como la ausencia de sombra en obras, la escasez de agua en turnos interminables, la cultura del “aguanta un poco más”, la precariedad que obliga a trabajar, aunque el termómetro marque barbaridades. “El enemigo tiene horario” El golpe de calor no es caprichoso. Ataca cuando el Sol está en su cenit, entre “las 12 y las 18 horas”, cuando el aire parece un muro y la piel arde sin tocarla. Ataca en viviendas mal ventiladas, en talleres sin extracción, en vehículos cerrados. Ataca en silencio, sin avisar, sin piedad. “El cuerpo siempre avisa; es la sociedad la no escucha” Antes del colapso, el organismo lanza señales claras, como: “Dolor de cabeza punzante. Mareos, aturdimiento. Piel caliente, seca o empapada sin evaporar. Náuseas. Confusión. Pulso acelerado o Calambres” Cuando aparece “desorientación, pérdida de conciencia o convulsiones”, ya estamos ante un golpe de calor severo — síntomas críticos. “Niños y mayores suelen ser los más vulnerables, los más olvidados” Los niños sudan menos, por lo tanto, regulan peor la temperatura y dependen de adultos para hidratarse y protegerse, pero o peor es, que no suelen identificar el riesgo real; por su parte, las personas mayores, tienen menor sensación de sed; su sistema cardiovascular responde peor al estrés térmico y muchos toman medicación que altera la regulación térmica, amen que suelen vivir solos, aislados, invisibles, y, sin embargo, seguimos escuchando frases como “solo hace calor”, “siempre ha hecho calor”, “esto es verano”. No “compadre” esto es otra cosa. Esto es un fenómeno fisiológico que mata y mata de verdad. “Existen una serie de consejos a tener en cuenta para evitarlo, basados en la prevención y no heroísmo” Estos podríamos resumirlos en: “Beber agua cada 20–30 minutos, incluso sin sed. Evitar las horas de máximo calor: reorganizar tareas entre 6–11 h y 19–22 h. Usar Ropa ligera y transpirable. Descansos frecuentes y sombra obligatoria — trabajo seguro. Ventilación cruzada en casa. Revisar a mayores que vivan solos. No consumir alcohol: deshidrata y confunde la percepción térmica y/o Nunca dejar a nadie en un vehículo cerrado, sobre todo a niños. “Porque el calor no es el culpable, la indiferencia sí” El golpe de calor no es un accidente. Es la consecuencia directa de un país que aún no ha asumido que el clima ha cambiado y que la vulnerabilidad existe. No podemos seguir normalizando muertes evitables. No podemos seguir mirando hacia otro lado mientras trabajadores, niños y mayores se convierten en víctimas silenciosas de un enemigo que conocemos perfectamente. Como en la mar, cuando el sol cae a plomo y la cubierta arde, “el capitán responsable no espera a que alguien caiga desfallecido: actúa antes”. En tierra firme, la lógica debería ser la misma. “El Sol en cubierta: donde el golpe de calor no es noticia, sino riesgo diario” Hay un lugar donde el golpe de calor no necesita explicación científica ni gráficos de la AEMET, ese lugar es “la cubierta de un barco”. Allí, el sol no es un fenómeno meteorológico, sino un “jefe implacable” que exige obediencia y castiga la imprudencia. Los marineros lo saben. Los oficiales lo aprenden. Y los capitanes lo recuerdan toda la vida. En cubierta, el calor no cae simplemente, o lo que es lo mismo, se “desploma literalmente”. La chapa metálica se convierte en una plancha ardiente, la radiación rebota en cada superficie, el aire se espesa y la piel empieza a sentir ese aviso sordo que solo los marinos reconocemos: “Aquí no se juega.” “El golpe de calor en la mar; cuando la ciencia se vuelve experiencia” Pero en un barco, todo se agrava, pues allí “no hay sombra real, solo la que proyecta la propia estructura del buque. “El viento no refresca”,