Las “Tardes de Cine y Encuentro” de enero permitirán disfrutar de la comedia española ‘A todo Tren 2: Sí, les ha pasado otra vez’

La comedia  española ‘A todo Tren 2: Sí, les ha pasado otra vez’, de la directora Inés de León,  es la película que el próximo martes 16 de enero  abre la programación de este año de  las ‘Tardes de Cine y Encuentro’, una iniciativa que organiza la Universidad Popular Ciudad de Guía, que dirige Ainhoa Martín, para brindar a los vecinos del municipio que lo deseen la oportunidad de asistir, de manera más cómoda, a los cines de la capital grancanaria, facilitándoles el traslado en guagua así como la adquisición de las entradas.

Las plazas son limitadas. Las personas interesadas pueden dirigirse a la sede de  la  Universidad Popular, en el Edificio de Usos Polivalentes de San Roque. También pueden solicitar más información en el  teléfono  928 55 59 55, de lunes a jueves por la tarde, y los viernes en horario de mañana.

Sinopsis

Hace un año, en ‘¡A todo tren! Destino Asturias’ , Ricardo, interpretado por Santiago Segura, y Felipe, interpretado por Leo Harlem, tuvieron un pequeño inconveniente en la misión que se les encargó. Eran las personas encargadas de llevar a los niños a un campamento. Los niños entraron dentro del tren, pero Ricardo y Felipe se quedaron fuera de él y marcho. Tras este gran susto para las familias, Clara, interpretada por Paz Vega, no se fía ya de ninguno de ellos por lo sucedido en la película anterior, así que en esta secuela se encargará ella personalmente con ayuda de su amiga Susana, interpretada por Paz Padilla, de llevar y acompañar a los niños en el tren. Sin embargo, ahora serán ellas las que por culpa de un accidente inesperado se separen de los niños. Así empieza otra aventura que será un gran dolor de cabeza para ellas, pero llena de humor y risas para los espectadores.

A diferencia de la primera, que estuvo dirigida por Santiago Segura, ‘A todo tren 2’ tiene a los mandos de la dirección a Inés de León, que también interpreta a un personaje bastante importante en la historia. El guion está escrito por Santiago Segura y Marta González de Vega, ambos guionistas de ‘A todo tren. Destino Asturias’ y de ‘Padre no hay más que uno’.

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El Tablero Nuclear ¿es El Enriquecimiento De Uranio Un Derecho Soberano O Un Pulso Al Poder
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El tablero nuclear: ¿Es el enriquecimiento de uranio un derecho soberano o un pulso al poder?

Hablar del programa nuclear iraní suele ser un ejercicio de simplificación peligrosa. En el relato mediático dominante, el mundo se divide en dos trincheras: para unos, Irán es una amenaza existencial; para otros, una víctima del doble rasero de Occidente. Sin embargo, la realidad habita en una zona gris mucho más incómoda. Ni Teherán actúa con la transparencia que proclama, ni Washington —especialmente bajo la doctrina que marcó la era Trump— lo hace con la legitimidad que invoca. En el corazón de este conflicto subyace una pregunta que el derecho internacional responde con una claridad asfixiante: ¿Tiene Irán derecho a enriquecer uranio? La respuesta es sí… pero con matices. El derecho frente a la sospecha Desde el punto de vista jurídico, el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) es explícito: reconoce el derecho inalienable de todos los Estados a desarrollar energía nuclear con fines pacíficos. Irán se aferra a este principio como una línea roja innegociable. Es una lógica comprensible; ningún Estado soberano acepta de buen grado que se le imponga un techo tecnológico. No obstante, el enriquecimiento de uranio no es una actividad neutral. Es una tecnología de doble uso. Cuando un país insiste en mantenerla mientras mantiene zonas de sombra ante los inspectores internacionales, el mensaje que proyecta no es solo de soberanía, sino de ambigüedad calculada. Irán no es el único responsable de esta desconfianza, pero tampoco es un actor inocente en este juego de espejos. Washington y la ley del más fuerte Sería un error de análisis —y un ejercicio de autoengaño— señalar únicamente a Teherán. Estados Unidos suele presentarse como el garante del orden global, pero su actuación es, con frecuencia, selectiva. Washington no discute solo el riesgo de una bomba; discute quién tiene el permiso para sostener el mando a distancia. Durante los últimos años, la estrategia estadounidense ha desbordado los límites del propio derecho internacional. Imponer sanciones masivas que asfixian a una población o amenazar con el bombardeo de infraestructuras no es una extensión de la norma jurídica, sino una expresión de poder puro y duro. En este escenario, las reglas dejan de ser principios universales para convertirse en instrumentos arrojadizos. 2015: El espejismo del equilibrio El acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA) fue, por un breve periodo, la excepción que confirmó la regla. Demostró que era posible establecer límites verificables a cambio de reconocimiento y alivio económico. Su ruptura unilateral evidenció que el problema nunca fue puramente técnico, sino profundamente político. Hoy, el debate sigue atrapado en una paradoja circular: Irán tiene derecho a la energía nuclear, pero su comportamiento alimenta la desconfianza que limita ese derecho. Estados Unidos tiene razones para preocuparse por la proliferación, pero sus métodos coercitivos dinamitan la legitimidad de su postura. Una conclusión incómoda Quizá la reflexión más honesta sea que el derecho internacional no existe en el vacío; convive con un sistema donde el poder decide cuándo y cómo se aplican las leyes. La pregunta real no es si Irán tiene el derecho jurídico de enriquecer uranio, sino quién tiene la fuerza suficiente para decidir hasta dónde llega ese derecho. En el sistema internacional, la justicia y la política rara vez caminan por sendas separadas. Y como diríamos en mi tierra, en Telde, con esa sabiduría de quien ha visto mucho y se fía poco: “No hay muladar sin pulgas, ni linaje sin manchas”. En este tablero, si te despistas, te la juegan hasta el fondo. Porque al final, en las altas esferas del poder, las certezas absolutas suelen ser siempre la primera víctima de la guerra. ¡Qué cosas tiene el mundo! Claves del análisis: El Tratado de No Proliferación: El marco legal que ampara y, a la vez, limita las ambiciones de Teherán. La Doctrina del Doble Rasero: Cómo las potencias utilizan la seguridad global para proteger intereses estratégicos. Poder vs. Derecho: El conflicto donde la geopolítica se impone sobre los tratados firmados. ¡Qué cosas!