Palabra y Verso presenta ‘A la luz de TEA’, lectura de relatos y poemas en Agaete
  • La sesión de lectura de relatos y poemas impulsado por la Asociación de Escritoras y Escritores Palabra y Verso, tendrá lugar el viernes, 27 de enero, a las 20,30 horas en Espacio TEA, en Agaete.

La Asociación de Escritoras y Escritores Palabra y Verso organiza ‘A la luz de TEA’, una sesión de lectura de relatos y poemas que tendrá lugar este viernes, 27 de enero, a las 20,30 horas en Espacio Tea Cultural, en Agaete.

El evento, que tiene como objetivo crear un espacio para compartir literatura y creación poética, contará con la presencia de los integrantes de la agrupación literaria quienes leerán sus textos literarios.

Además, se abrirá un espacio de micro abierto para las personas que también quieran compartir con el público sus creaciones.

La actividad literaria tendrá lugar este viernes, 27 de enero, a las 20,30 horas en Espacio Tea Cultural, C/ León y Castillo, 30, Agaete.

Casi 32.000 visitas en 2022 al blog de Palabra y Verso

La Asociación de Escritoras y Escritores ‘Palabra y Verso’ se fundó en 2015 con el fin promocionar y potenciar la creación y divulgación de las creaciones literarias de sus miembros así como fomentar la lectura de los escritores/as canarios/as.

Palabra y Verso edita el blog palabrayverso.com que contó en 2022 con casi de 32.000 visitas de más de treinta países diferentes. En el blog se publican los textos tanto de sus miembros como de colaboradores de todo el mundo, así como se realizan reseñas de libros y se alojan los programas de radio (sección Escúchanos), además de contar con una sección de Eventos y Agenda, entre otros apartados.

Desde su creación ha formado parte de la vida cultural y literaria de las islas y, muy especialmente, del municipio de Gáldar, donde tiene su sede social, con la participación en diferentes eventos desde lecturas a pie de calle, recitales y organización de actos como libros por alimentos y #Lecturasdeconfinamiento, hasta una variada cantidad de actividades literarias organizadas en colaboración con el Ayuntamiento de Gáldar, la Biblioteca municipal de la localidad norteña, la Casa-Museo Centro de Arte Indigenista Antonio Padrón, la Academia de Dibujo y Pintura Josefa Medina, la Casa Museo Tomás Morales o el Cabildo de Gran Canaria, a través la Feria del Libro y la Lectura ‘Isla de Libros-Mar de Culturas’, a lo que hay que sumar la realización del programa de radio ‘De la Palabra al Verso’, que este año cumple su octava temporada en antena a través de las ondas de la Radio Gáldar.

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Julio Y Pujol
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El Caso Pujol: Doce años para enterrar la justicia bajo la alfombra de la impunidad

Doce años. Se dice pronto, pero es una cifra que pesa. Doce años han transcurrido desde aquel 2014 en el que una denuncia por cohecho, tráfico de influencias y blanqueo de capitales prometía sacudir los cimientos de la clase política. Doce años de titulares, de solemnes promesas parlamentarias de “llegar hasta el fondo” y de una instrucción que parecía eterna. Y ahora, en este 2026, el final ha llegado. Pero no ha llegado para hacer justicia, sino para certificar su defunción. El número doce tiene algo de bíblico, de solemne, de piedra grabada en mármol. Sin embargo, en el Caso Pujol, el doce solo simboliza la incapacidad —o la falta de voluntad— de un sistema para concluir lo que empezó. Tras una década de investigar, revisar, aplazar y volver a revisar, el proceso se archiva. Ha durado tanto que el propio Código Penal habría tenido tiempo de jubilarse por años de servicio. El milagro médico de la «oportuna» amnesia La causa se cierra y se guarda en un cajón con la delicadeza con la que se oculta un jarrón roto que nadie se atreve a tirar para no dar explicaciones. La razón oficial esgrime que el principal investigado ya no posee las «condiciones cognitivas» necesarias para afrontar un juicio. ¡Qué precisión suiza! ¡Qué milagro médico tan puntual! Resulta asombroso cómo la memoria, esa facultad tan humana, decide volverse frágil como el cristal justo cuando el calendario aprieta. Como ciudadano, y especialmente como contribuyente, uno no puede evitar sentir esto como un insulto a la inteligencia. ¿De verdad pretenden que creamos que doce años son suficientes para olvidar dónde se guardó lo ajeno? Ni en doce años ni en cien. La indignación que recorre las calles no es un arrebato emocional; es una conclusión racional frente a un patrón que se repite: cuando ciertos apellidos entran en el juzgado, el tiempo deja de ser un problema para convertirse en el mejor abogado defensor. Una justicia de dos velocidades Mientras el ciudadano corriente —ese «ser humano de a pie» que paga sus impuestos religiosamente y teme la llegada de una carta de Hacienda con tono amenazante— es perseguido hasta el último céntimo, observamos cómo una estirpe entera justifica fortunas en el extranjero apelando a la «herencia del abuelo». Un abuelo que, no lo olvidemos, ya protagonizó episodios oscuros como la quiebra de Banca Catalana, dejando a miles de familias en la ruina mientras los responsables salían indemnes. «La justicia en España no es lenta; es selectiva. El calendario no es un instrumento neutro, es un aliado para quienes saben manejar los hilos del poder.» Es vergonzoso que, en una democracia que presume de modernidad, se repita la historia: un caso de enorme relevancia pública se cierra sin juicio, sin responsabilidades y sin la devolución del dinero presuntamente defraudado. Ni el patriarca, ni la esposa, ni los hijos han tenido que responder ante un tribunal. Es la constatación de que existen dos velocidades: una para el administrado y otra, pausada y comprensiva, para los privilegiados. El espejo incómodo de una nación El mensaje que se envía a la sociedad es devastador: hay quienes nunca pagan. Vivimos en un ecosistema donde la ley parece flexible para unos y un muro infranqueable para otros. El archivo del Caso Pujol no es solo el fin de un procedimiento judicial; es un espejo incómodo que nos muestra una herida abierta en la credibilidad de nuestras instituciones. Como «viejo lobo de mar» y maúro de Telde, no puedo evitar sentir que esto es una bofetada a la confianza de quienes aún creíamos en el rigor del sistema. Doce años después, no nos queda una resolución, nos queda una sátira involuntaria; una tragedia con tintes de comedia que termina siendo una patada en el orgullo de los españoles de bien. Me quedo con el amargor de quien ve cómo la impunidad se convierte en costumbre. Y para aquellos que en la península puedan malinterpretar mis palabras o mi léxico, les invito a distinguir entre un «peninsular» y lo que aquí llamamos, con toda la carga de la palabra, un «godo». Porque hay comportamientos que no entienden de geografía, sino de una prepotencia que ya va siendo hora de señalar por su nombre. Doce años después, lo que queda no es justicia. Es una vergüenza nacional que no estamos dispuestos a olvidar.