Denuncian el mal estado de la Pasarela en la Guancha, playa del Agujero (Gáldar)

Hoy nos hacemos eco de la denuncia de un vecino de Gáldar, Caruso Luke.
Nos pedía hacernos de una denuncia que el puso a través de las redes sociales sobre la Pasarela en la Guancha, playa del Agujero (Gáldar)
La denuncia decía lo siguiente:
Hoy se cumple 3 años de la falta de mantenimiento de la barandilla de madera de la Guancha en el Agujero de Gáldar.
Ya los travesaños se están partiendo y cayéndose las maderas por falta de mantenimiento.
Lo han dejado abandonado para luego poner otras nuevas con el dinero público.

N O T A:
El Concejal de Cultura y Festejos.
Julio Mateo Castillo
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Me bloquea en el Facebook, porque pongo su nombre en una denuncia.

 
Llevamos más de 2 años reclamando y solicitando al Ayuntamiento de Gáldar, el tratamiento y mantenimiento de las maderas de la barandilla en la pasarela que pasa por encima de la Guancha junto al Yacimiento en la Playa del Agujero.
Las maderas al estar junto al mar, les da el marismo a diario y las moja, estando ya rajadas y astillándose, si no la tratamos YA, hay que volver a gastarse dinero público para ponerlas nuevas.
Lo que también pasará si no se tratan, con las nuevas barandillas del mismo material de madera que han puesto alrededor de todo el perímetro del «Yacimiento de la Guancha».
Solicitamos al Ayuntamiento y a su Alcalde D. Teodoro Sosa que autorice el tratamiento para éstas barandillas antes de que se caigan.
Gáldar: 02-08-2021
#Ayuntamientodegaldar
#Turismogáldar
#PatrimonioGáldar
#Urbanismo
Heriberto Rs
Tine Martín
Nuria Esther Vega Valencia
Ulises Miranda Guerra
 
 
 

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Eduardo García Benítez
Noticias Culturales
NGC

Eduardo García Benítez: El poeta que aprendió a sembrar versos sobre la piel

Bajo el antiguo pseudónimo de E. Savinien, el escritor aruquense ha cautivado a miles de lectores. Hoy, despojado de su máscara, nos revela la mirada profunda detrás de una de las líricas más apasionadas de la literatura canaria actual. Hay nombres que se escriben con tinta y otros que se graban a fuego. Durante mucho tiempo, en los círculos literarios y en los rincones más románticos de la red, circulaba un nombre que parecía rescatado de una novela del siglo XIX: E. Savinien. Se trataba de una voz enigmática, una suerte de «héroe romántico» moderno que llegaba a los corazones con una delicadeza casi quirúrgica, pero de quien poco se sabía más allá de su capacidad para conmover. Sin embargo, el misterio ha dado paso al hombre. Detrás de esa estela de romanticismo se encuentra Eduardo García Benítez, un poeta natural de Arucas que ha decidido que ya es hora de poner rostro a la palabra. Y lo hace con unos ojos negros, profundos, que parecen captar cualquier atisbo de belleza o melancolía que flote en el aire, transformándolo inmediatamente en métrica y sentimiento. Una poética de la siembra Lo que diferencia a García Benítez de otros autores contemporáneos es su fisicidad. Eduardo no escribe al amor como un concepto abstracto o lejano; su poesía se siente, se toca y se padece. Posee la extraña habilidad de sembrar versos con la misma precisión y urgencia con la que se siembran besos. En su obra, la piel es el lienzo y la palabra es el surco. Hay una conexión telúrica en su estilo, quizás heredada de esa Arucas de piedra y verde, que le permite hablar de la pasión sin caer en el cliché. Sus poemas son, en esencia, encuentros: Pasión sin filtros: Una entrega absoluta que no teme a la vulnerabilidad. Dualidad: El equilibrio perfecto entre la elegancia del antiguo Savinien y la honestidad cruda de García Benítez. Identidad: El arraigo a su tierra como motor de una sensibilidad universal. El rostro tras la rima Conocer a Eduardo es comprender que su poesía no es un disfraz, sino una extensión de su propia mirada. Al dejar atrás el refugio del pseudónimo, el poeta no solo nos regala sus textos, sino su transparencia. Esos «maravillosos ojos negros» de los que hablan quienes le conocen no son solo un rasgo físico, sino el espejo de alguien que no permite que la poesía pase de largo sin ser invitada a quedarse. En un mundo digital saturado de textos vacíos y sentimientos prefabricados, la irrupción de Eduardo García Benítez es un recordatorio de que el romanticismo no ha muerto; simplemente estaba esperando a que alguien con la valentía suficiente volviera a sembrarlo con la punta de los dedos. Arucas tiene en Eduardo una voz que no dejará indiferente a nadie. Porque, al final del día, todos buscamos a alguien que sepa leernos la piel como si fuera un libro abierto.