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Intersindical Canaria reclama protección del personal del SCS ante el COVID-19
  • Catalina Darias: “La Consejería de Sanidad ha mantenido las consultas de Atención Primaria, así como las intervenciones quirúrgicas programadas, servicios que pueden aplazarse”
  • El sindicato denuncia falta de recursos materiales para el personal del SCS que está trabajando para frenar la transmisión del coronavirus

Intersindical Canaria reclama que la actividad del Servicio Canario de la Salud (SCS) se reduzca al mínimo indispensable ante la pandemia internacional declarada por el COVID-19. El objetivo es garantizar la seguridad de los trabajadores que desempeñan su función en aquellos servicios que pueden aplazarse y, por consiguiente, la del conjunto de la sociedad.

Según la coordinadora de la Federación Nacional de Salud del sindicato, Catalina Darias, “a pesar del estado de alarma en el que nos encontramos y con el que se pretende reducir la actividad del conjunto de la población española con el objetivo de frenar la propagación del COVID-19, la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias mantiene las consultas de Atención Primaria, así como las intervenciones quirúrgicas programadas que no requieran cuidados intensivos”.

En este sentido, desde el sindicato señalan que mantener estas actividades supone un riesgo tanto para los trabajadores del SCS como para el conjunto de la población, “son servicios que pueden aplazarse y evitar así las probabilidades de contagio”, explica Darias.

En cuanto a las cirugías programadas, Intersindical Canaria explica que cualquier intervención quirúrgica puede requerir cuidados intensivos, ya que la evolución de cada caso y paciente no se puede prever con antelación, y aclara que, aunque según el documento publicado por el Director General de Programas Asistenciales del SCS la intención es derivar a los pacientes con intervenciones programadas a centros sanitarios concertados, “estos nos retornan, a la sanidad pública, a los pacientes que necesitan ser derivados a las unidades de cuidados intensivos, con la consiguiente carga de trabajo que esto supone para unos servicios públicos que se encuentran a pleno rendimiento”, explica Darias.

Asimismo, Intersindical Canaria denuncia la falta de recursos materiales a la que el personal del SCS tiene que hacer frente, “estamos ante una “racionalización” del uso de los medios materiales manifiestamente mejorable, tanto por parte del Estado como de la Consejería de Sanidad, y por medios materiales nos referimos a mascarillas o geles hidroalcohólicos, así como a otros equipos de protección necesarios para la contención de la infección por coronavirus- explica Catalina Darias, quien añade- lo que en estos momentos reclamamos es que las administraciones públicas responsables gestionen la situación actual cumpliendo con su obligación de proteger la salud de los usuarios y los trabajadores de la Sanidad”.

“Es imprescindible dotar a los que están dando la batalla de todos los medios y herramientas necesarios para el desempeño de sus funciones, como recoge el artículo 21 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales”, recuerda Catalina Darias.

Por otro lado, desde la organización sindical reclaman que se informe al conjunto de trabajadores, y en tiempo real, acerca de los riesgos laborales existentes en el desempeño de sus funciones, así como de las medidas a adoptar en caso de peligro grave, inminente e inevitable.

“La situación vivida en los últimos días derivada de la actual crisis sanitaria ha dejado al descubierto las importantes carencias existentes en la gestión de los recursos materiales y humanos de la sanidad pública canaria, que ha venido sufriendo durante años graves recortes y la extracción de recursos públicos hacia el sector privado por parte de los sucesivos gobiernos. Un desmantelamiento, en definitiva, de la sanidad pública que ahora tiene que hacer frente a la presente emergencia del COVID-19 que la sociedad en su conjunto está sufriendo”, finaliza Catalina Darias.

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Redacción NorteGranCanaria

EL problema sobre la Vivienda en España “Cuando la política llega tarde a la realidad”

¿Qué ocurrirá si el Congreso tumba hoy los llamados «Decretos Maricarmen»? La vivienda se ha convertido en uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. No hace falta acudir a complejas estadísticas para constatarlo. Basta con escuchar a los jóvenes que no pueden emanciparse, a las familias que destinan una parte creciente de sus ingresos al alquiler o a quienes viven con la incertidumbre permanente de perder el hogar donde han construido su vida. En este contexto llegan al Congreso los dos Decretos ley que han sido bautizados popularmente como «Decretos Maricarmen», en referencia al caso que ha servido para visibilizar una realidad que afecta a miles de personas y que ha vuelto a situar el problema de la vivienda en el centro del debate público. Sin embargo, la propia tramitación de estas medidas pone de manifiesto las profundas diferencias existentes en torno a cómo afrontar esta crisis. Aunque previsiblemente contarán con el respaldo de quienes sostienen al Gobierno social comunista de Pedro Sánchez, incluso dentro de la propia mayoría parlamentaria abundan las voces que consideran insuficiente su alcance. Para unos representan un avance necesario; para otros, apenas un parche temporal; y para sus detractores, generan dudas jurídicas, económicas y sociales que no deberían ser ignoradas. La cuestión que me planteo no es tanto quién tiene razón en este debate, sino qué ocurriría si e viernes (hoy), estos decretos no consiguieran superar la votación de convalidación en el Congreso. Desde un punto de vista estrictamente jurídico, la consecuencia sería clara. Como sucede con cualquier Decreto Ley rechazado por la Cámara, perdería su vigencia y dejaría de producir efectos. Las medidas extraordinarias que incorpora desaparecerían del ordenamiento, salvo aquellas situaciones ya consolidadas durante su período de aplicación. Pero las consecuencias irían mucho más allá de lo legal. En el plano político, el Gobierno social comunista de Pedro Sánchez, sufriría un importante revés parlamentario. No tanto por la pérdida de una votación concreta, algo relativamente habitual en una democracia, sino porque evidenciaría las dificultades para articular consensos incluso entre quienes coinciden en el diagnóstico general del problema. Resulta difícil convencer a la ciudadanía de la urgencia de una medida cuando quienes están llamados a impulsarla discrepan sobre su alcance apenas unos días antes de someterla al voto. Desde una perspectiva social, las interpretaciones serían inevitablemente diversas. Muchos ciudadanos percibirían el rechazo como una oportunidad perdida para reforzar la protección de personas especialmente vulnerables. Otros entenderían que se ha evitado la aprobación apresurada de unas medidas que consideran insuficientemente estudiadas o con posibles efectos indeseados sobre el mercado de la vivienda. Y precisamente ahí aparece una de las grandes contradicciones de este debate. Mientras los partidos intercambian reproches y defienden sus distintas recetas, la realidad sigue avanzando a mayor velocidad que la política. El acceso a una vivienda asequible continúa deteriorándose, los precios del alquiler permanecen en niveles difíciles de asumir para numerosos hogares y la oferta pública sigue siendo claramente insuficiente. Por eso tengo la impresión de que el verdadero debate no debería limitarse al éxito o fracaso parlamentario de estos decretos. Porque, aunque finalmente fueran aprobados, nadie parece sostener seriamente que resolverán por sí solos un problema estructural que lleva años acumulándose. Y si fueran rechazados, la crisis de la vivienda seguiría exactamente dónde está hoy. Lo preocupante no sería únicamente que las medidas fueran tumbadas por el Congreso. Lo verdaderamente inquietante sería constatar que, una vez más, los representantes públicos son capaces de coincidir en el diagnóstico de una emergencia social y, al mismo tiempo, incapaces de construir una respuesta sólida, duradera y ampliamente compartida. La sensación que percibe una parte creciente de la ciudadanía es que la política corre siempre varios pasos por detrás de la realidad. El problema de la vivienda no nació ayer ni apareció de repente por la repercusión mediática de un caso concreto. Lleva años agravándose mientras administraciones de distinto signo observaban cómo el acceso a una vivienda digna se transformaba progresivamente en una aspiración cada vez más difícil para miles de personas. Por eso, si los decretos salen adelante, el Gobierno tendrá la obligación de demostrar que no se trata únicamente de una reacción precipitada ante la presión social del momento. Y si son rechazados, toda la responsabilidad no podrá recaer exclusivamente sobre quienes voten en contra. También deberá recaer sobre quienes no fueron capaces de negociar, convencer o construir los consensos necesarios para sacar adelante unas medidas que calificaban de urgentes. Porque cuando una cuestión afecta a uno de los pilares fundamentales de la estabilidad personal y familiar, el fracaso nunca es exclusivamente parlamentario. Es también político. Y quizás ahí resida la principal crítica que puede formularse sobre todo este episodio. Una vez más, el ciudadano contempla cómo las instituciones discuten procedimientos, estrategias y cálculos partidistas mientras miles de personas siguen esperando respuestas efectivas. La vivienda no necesita más eslóganes, ni más gestos de cara a la galería, ni soluciones concebidas únicamente para superar una votación. Necesita políticas serias, previsibles, sostenidas en el tiempo y capaces de sobrevivir a los cambios de gobierno. Mi opinión, tan personal como sincera, de viejo lobo de mar y además mauro de Telde, , es que el verdadero examen no se celebrará hoy viernes en el Congreso. El verdadero examen llegará dentro de unos años, cuando los ciudadanos puedan comprobar si las decisiones adoptadas sirvieron realmente para facilitar el acceso a una vivienda digna o si todo quedó reducido a otro episodio más de confrontación política. Si entonces el problema sigue siendo el mismo, poco importará quién ganó aquella votación. Porque cuando la política llega tarde a la realidad, los vencedores parlamentarios suelen multiplicarse, pero los ciudadanos terminan perdiendo siempre. La cosa está tan fea, que usando una típica expresión canaria le digo al gobierno de Pedro Sánchez… Quiera Dios que acierten con este nuevo novio, poque si no… Aunque, por otra parte, y se lo digo así con la boca llena…, para el tiempo que les queda en este patio… ¡Qué corra la zapatilla! Y como