José tu lucha es la de tus padres

La familia de José, un hombre de 41 años que en enero de 2022 sufrió un infarto, con cuatro paradas cardiorrespiratorias que le provocaron graves daños cerebrales que lo llevaron a un estado vegetativo, denuncia que en el Hospital Dr. Negrín le dieron el alta médica a pesar de que solicitaron su derivación al Hospital ICOT Ciudad de Telde para una rehabilitación neurológica que se les negó.

Ante esta situación no nos rendimos y lo ingresamos en ICOT costeando nosotros el caro tratamiento. ¿Quién no lucharía por su hijo? Y ¿Quién no pediría una segunda valoración? 

En fecha 15 de octubre ICOT da el alta y se le traslada a casa de mis padres, dónde el sábado 16 se pone muy mal con convulsiones y vómitos.

Se le vuelve a llevar al Hospital Dr. Negrín estando en Urgencias desde entonces, en condiciones indignas para un ser humano.

Hasta la tarde de hoy día 18 estaba en una camilla en un pasillo de urgencias y después de poner una reclamación lo han pasado a una cama dentro de un box de urgencias. Hoy ya tiene escaras en su piel, el domingo no se le dio ni en el desayuno ni en el almuerzo, porque según las enfermeras porque no hay en farmacia los batidos que él tiene pautado. Le estoy dando los dos que me quedan del Hospital ICOT.

Nos dicen que va a estar aquí semanas o meses aquí en urgencias y mi hermano ya está bien. ¿Está bien una persona en su estado que está con vómitos?

Lo quieren mandar a casa de mis padres de 80 años, enfermos de Cáncer y corazón. ¿Cómo voy  a dejar a mi hermano en estado vegetativo y con vómitos? Un sólo día aguantó con mis padres sin ponerse mal.

¿Ustedes que harían?

En el Negrín dicen que me lo lleve a casa de mis padres o que reclame al Cabildo.

Hago un llamamiento a quien corresponda para que mi hermano tenga una asistencia y una vida digna.

 

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Eduardo García Benítez
Noticias Culturales
NGC

Eduardo García Benítez: El poeta que aprendió a sembrar versos sobre la piel

Bajo el antiguo pseudónimo de E. Savinien, el escritor aruquense ha cautivado a miles de lectores. Hoy, despojado de su máscara, nos revela la mirada profunda detrás de una de las líricas más apasionadas de la literatura canaria actual. Hay nombres que se escriben con tinta y otros que se graban a fuego. Durante mucho tiempo, en los círculos literarios y en los rincones más románticos de la red, circulaba un nombre que parecía rescatado de una novela del siglo XIX: E. Savinien. Se trataba de una voz enigmática, una suerte de «héroe romántico» moderno que llegaba a los corazones con una delicadeza casi quirúrgica, pero de quien poco se sabía más allá de su capacidad para conmover. Sin embargo, el misterio ha dado paso al hombre. Detrás de esa estela de romanticismo se encuentra Eduardo García Benítez, un poeta natural de Arucas que ha decidido que ya es hora de poner rostro a la palabra. Y lo hace con unos ojos negros, profundos, que parecen captar cualquier atisbo de belleza o melancolía que flote en el aire, transformándolo inmediatamente en métrica y sentimiento. Una poética de la siembra Lo que diferencia a García Benítez de otros autores contemporáneos es su fisicidad. Eduardo no escribe al amor como un concepto abstracto o lejano; su poesía se siente, se toca y se padece. Posee la extraña habilidad de sembrar versos con la misma precisión y urgencia con la que se siembran besos. En su obra, la piel es el lienzo y la palabra es el surco. Hay una conexión telúrica en su estilo, quizás heredada de esa Arucas de piedra y verde, que le permite hablar de la pasión sin caer en el cliché. Sus poemas son, en esencia, encuentros: Pasión sin filtros: Una entrega absoluta que no teme a la vulnerabilidad. Dualidad: El equilibrio perfecto entre la elegancia del antiguo Savinien y la honestidad cruda de García Benítez. Identidad: El arraigo a su tierra como motor de una sensibilidad universal. El rostro tras la rima Conocer a Eduardo es comprender que su poesía no es un disfraz, sino una extensión de su propia mirada. Al dejar atrás el refugio del pseudónimo, el poeta no solo nos regala sus textos, sino su transparencia. Esos «maravillosos ojos negros» de los que hablan quienes le conocen no son solo un rasgo físico, sino el espejo de alguien que no permite que la poesía pase de largo sin ser invitada a quedarse. En un mundo digital saturado de textos vacíos y sentimientos prefabricados, la irrupción de Eduardo García Benítez es un recordatorio de que el romanticismo no ha muerto; simplemente estaba esperando a que alguien con la valentía suficiente volviera a sembrarlo con la punta de los dedos. Arucas tiene en Eduardo una voz que no dejará indiferente a nadie. Porque, al final del día, todos buscamos a alguien que sepa leernos la piel como si fuera un libro abierto.